jueves, 6 de julio de 2017

Wilebaldo Solano. 80 aniversario de su fundación: el POUM en la historia



Wilebaldo Solano   03/10/2015   PDF

Índice:
De los orígenes a la Alianza Obrera
El POUM, la revolución y la guerra
La lucha contra el estalinismo en plena guerra
La clandestinidad franquista y el exilio político
 NOTAS:



De los orígenes a la Alianza Obrera


El Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) fue fundado en Barcelona, en plena clandestinidad, el 29 de septiembre de 1935, sobre la base de la fusión del Bloque Obrero y Campesino y de la Izquierda Comunista. Su creación se produjo en un período crucial de la historia del movimiento obrero español: el comprendido entre la revolución de octubre de 1934 y la sublevación militar-fascista de julio de 1936.


El Bloque Obrero y Campesino(1) había nacido en Tarrasa el 1º de marzo de 1931 —en vísperas de la caída de la monarquía y de la proclamación de la República— como resultante de la fusión del Partit Comunista Catalá, organización de jóvenes militantes (Jordi Arquer, Víctor Colomer, Joan Farré Gassó, Josep Rodes, Josep Coll) procedentes del sindicalismo revolucionario y del catalanismo radical y surgida durante la dictadura del general Primo de Rivera, y la Federación Catalano-Balear del Partido Comunista de España (Joaquín Maurín, Pedro Bonet, David Rey [seudónimo de Daniel Rebull Cabré]. Éstas organizaciones coincidieron en tres puntos capitales: el análisis del carácter de la revolución española, la interpretación del problema de las nacionalidades y la oposición a los métodos que la Internacional Comunista en plena degeneración, bajo la dirección de Stalin, quería imponer en el movimiento obrero de nuestro país.


La Federación Catalano-Balear había ocupado siempre una posición especial en el seno del Partido Comunista. Sus animadores y su dirigente más destacado procedían del movimiento anarcosindicalista, en el que habían asumido responsabilidades importantes. En 1921-1922 formaron los Comités Sindicalistas Revolucionarios, lanzaron La Batalla y levantaron la bandera de la Revolución Rusa. Fueron, pues, con los jóvenes socialistas que fundaron en Madrid el Partido Comunista en 1920 (Luis Portela y Juan Andrade, entre otros), los pioneros del movimiento comunista en España y los más enérgicos defensores de la revolución de Octubre.


La formación del Bloque Obrero y Campesino (BOC) consagró la ruptura de la Federación Catalano-Balear con el Partido Comunista, que se encontraba entonces en plena crisis. En efecto, en Madrid se había creado una Agrupación Comunista autónoma y las organizaciones de Valencia, Castellón y ciertos núcleos de Asturias mantenían relaciones políticas muy estrechas con "el grupo de La Batalla", como se decía entonces. Por otra parte, desde hacía algún tiempo, en el exilio (Francia y Bélgica) y en España (Madrid y Asturias) había militantes significados que no ocultaban sus simpatías por la Oposición de Izquierda Internacional animada por León Trotsky. En el espacio de dos años apenas, el Bloque Obrero y Campesino se convirtió en el primer partido obrero de Cataluña. Introdujo el marxismo en un movimiento obrero en el que hasta entonces predominaba el anarcosindicalismo, se implantó sólidamente en el movimiento sindical (las federaciones sindicales de Gerona, Tarragona y Lérida fueron excluidas de la CNT por estar animadas por militantes del BOC), creó potentes organizaciones campesinas como la Unión Agraria de Lérida y un movimiento revolucionario de la juventud (la Juventud Comunista Ibérica). El semanario La Batalla, los libros de Maurín y los folletos lanzados por su servicio de publicaciones llevaron las ideas del BOC a todo el país y facilitaron la extensión del partido a otras regiones de la Península, en particular Valencia, Aragón y Asturias. En el congreso que el BOC celebró en abril de 1934 se comprobó que la organización tenía 4.500 militantes, 74 secciones y 145 núcleos en período de formación. Estas cifras resultaban relativamente importantes en una época en que los partidos obreros eran partidos de cuadros y las centrales sindicales organizaciones de masas. Por esta razón la importancia real de los partidos no se medía por el número de sus militantes, sino por la influencia que éstas y aquéllos tenían en el rico tejido social de entonces, formado por los sindicatos, las asociaciones, los ateneos y todos los demás centros culturales y recreativos.


La Izquierda Comunista (ICE) procedía de la Oposición que en 1930 se constituyó en el seno del Partido Comunista de España a partir de la plataforma de la Oposición rusa e internacional creada por Trotsky (2). Formada por militantes muy valiosos, como Nin, Andrade, García Palacios, Loredo Aparicio, Fersen [seudónimo de Enrique Fernández Sendón] y tantos otros, la ICE realizó una labor considerable de formación y educación política gracias a su revista teórica Comunismo (3), a sus folletos y libros y a sus conferenciantes y propagandistas; pero quizás por el hecho de aparecer durante mucho tiempo como un grupo de oposición al Partido Comunista y no como una organización plenamente independiente, no consiguió progresar al mismo ritmo que el BOC (4). Sin embargo, sus ideas y sus militantes influyeron notablemente en la evolución del movimiento obrero español, en particular en Madrid, Asturias y Extremadura.


El Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista actuaron por separado durante los primeros años de la República, pese a que las diferencias que les separaban no eran fundamentales y pese a que sus principales dirigentes —Nin, Andrade y García Palacios, por una parte, Maurín, Bonet y Portela, por otra— habían marchado juntos para defender la Revolución Rusa e introducir el marxismo revolucionario en España. Pero éstos volvieron a encontrarse en el seno de la Alianza Obrera (5) a finales de 1933 y comienzos de 1934.


La Alianza Obrera, creada en Cataluña por iniciativa del Bloque Obrero y Campesino, tuvo la virtud de reunir en un período de reflujo, después de la victoria electoral de la coalición Lerroux-Gil Robles, a todas las organizaciones políticas y sindicales catalanas con la excepción de la CNT, que se mantuvo en su apoliticismo tradicional. El éxito de esta iniciativa de frente único favoreció la recuperación del movimiento obrero en toda la Península.


El triunfo de Hitler en Alemania y sus graves consecuencias para el movimiento obrero europeo dieron un fuerte impulso a los sentimientos unitarios y a la lucha contra el fascismo en todas partes. La Alianza Obrera de Cataluña se convirtió en el gran heraldo de la unidad en el momento en que el Partido Socialista iniciaba una importante rectificación política tras los resultados de su colaboración ministerial con los republicanos en el llamado "primer bienio" (6). El Socialista de Madrid proclamó en un célebre editorial que "Cataluña estaba a la cabeza". Y ello era tan cierto que el ejemplo de Barcelona se imitaba en otros lugares. La Alianza Obrera se extendió rápidamente a Valencia, Madrid y Asturias, y en esta última región obtuvo el concurso entusiasta y precioso de la CNT.


Sin embargo, el movimiento revolucionario de octubre de 1934 fracasó porque la Alianza Obrera no había logrado dotarse de las estructuras apropiadas en todo el país y establecer una coordinación efectiva de las luchas obreras y campesinas. La Comuna de Asturias —los trabajadores conquistaron el poder y se mantuvieron durante quince días—apareció como una vanguardia aislada. La Alianza Obrera organizó una huelga general impresionante en Cataluña sin el concurso de la CNT, mas no pudo llevar la lucha a un nivel superior a causa de la capitulación de la Generalitat y de la inhibición de los anarcosindicalistas. Sin embargo, el fracaso mayor se produjo en Madrid y en otras ciudades importantes, donde el Partido Socialista, fuerza predominante, no fue capaz de organizar y dirigir la lucha.



Después del fracaso del movimiento de Octubre, todas las organizaciones obreras hicieron, mejor o peor, el análisis crítico de la experiencia vivida. El Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista, cada día más próximos desde la creación de la Alianza Obrera, coincidieron en la interpretación de las causas del fracaso de Octubre y en la definición de las nuevas perspectivas políticas. Para Nin, el movimiento no había podido triunfar a causa de las insuficiencias del Partido Socialista y de la ausencia de un gran partido revolucionario. Para el Bloque Obrero y Campesino, las lecciones de la insurrección de Octubre conducían a replantearse toda la perspectiva política y a fijarse los siguientes objetivos: "Unidad de acción: Alianza Obrera. Unidad sindical: una sola central sindical. Unidad política: un solo partido socialista revolucionario" (7). Tales eran las conclusiones de un largo análisis de la situación política del movimiento obrero escrito en enero de 1935 y suscrito por el Bloque Obrero y Campesino y la Juventud Comunista Ibérica.




Los problemas planteados por la ICE y el BOC estaban en discusión en todos los sectores del movimiento obrero. Y la realidad es que en 1935 se abrió en todo el país un importante proceso de reagrupación y de unificación. Las dos principales tendencias de la CNT, organización que había sufrido graves crisis y escisiones en los años anteriores, se reunificaron en el congreso de Zaragoza en mayo de 1936. Las Juventudes Comunistas y las Socialistas se unieron en una sola organización, las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), que no tardó en caer bajo la dependencia del estalinismo. Para ser más precisos, conviene decir que el equipo de Carrillo-Melchor-Laín, que había mantenido excelentes relaciones con la Izquierda Comunista, el Bloque Obrero y Campesino y la Juventud Comunista Ibérica en su período de bolchevización, sobre todo meses antes y meses después de octubre de 1934, y que había llegado a solicitar que dichas organizaciones ingresaran en el Partido y las Juventudes Socialistas para facilitar la radicalización del socialismo, dio un viraje sorprendente en otoño de 1935.




Ese viraje consistió en una aproximación hacia Moscú y la Internacional Comunista, el abandono de las tesis bolchevizadoras y la aceptación de las concepciones del Frente Popular y del Frente de la Nueva Generación. Todo concluyó en un viaje de Carrillo a Moscú, donde se establecieron las bases definitivas de la unificación de las Juventudes Socialistas y Comunistas. Este resultado iba a tener consecuencias enormes en la correlación de fuerzas en el movimiento obrero y en las luchas políticas antes y después de julio de 1936. Como se sabe, las Juventudes Socialistas Unificadas salieron de la órbita del Partido Socialista y se situaron, en la práctica, en el terreno del Partido Comunista.  


El POUM, la revolución y la guerra


El proceso de unificación se desarrolló de un modo diferente en Cataluña. Se inició con todas las organizaciones políticas que figuraban en la Alianza Obrera, puesto que todas habían comprobado juntas sus insuficiencias en octubre de 1934. Esas organizaciones eran el Bloque Obrero y Campesino, la Izquierda Comunista, el Partit Catalá Proletari, el Partit Comunista de Catalunya, la Federación Catalana del PSOE y la Unió Socialista de Catalunya. Las principales reuniones de discusión se realizaron los días 6 y 13 de abril de 1935. En la primera reunión se fijaron unos puntos básicos de la discusión para la fusión sobre la base del marxismo revolucionario (8). Pero no tardó en comprobarse que en el fondo había dos bloques: los que se reclamaban del marxismo revolucionario de un modo efectivo y los grupos reformistas que se acercaban ideológicamente al estalinismo atraídos por la nueva política frentepopulista de éste. Los primeros, que poseían secciones, militantes y simpatizantes en diversas nacionalidades y regiones de la península, es decir, el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista, se negaron a integrarse en una organización reducida a Cataluña, y decidieron formar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Los segundos crearon más tarde, precipitadamente, en julio de 1936, el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), formación que no tardó en adherirse a la Internacional Comunista y en colocarse, como las JSU, bajo la dependencia del estalinismo.




El POUM surgió, el 29 de septiembre de 1935, tras largas discusiones en el seno de las dos organizaciones que lo formaron, con una triple finalidad: llevar hasta el fin la estrategia de la Alianza Obrera, impulsar la unificación de la CNT, la UGT y los sindicatos autónomos en una sola central sindical y reunir a todos los marxistas revolucionarios en un solo partido. Estos objetivos, largamente pensados y madurados, obedecían a un proyecto sin equívocos: colocar al proletariado español en condiciones de coronar el proceso político iniciado en 1930-1931 con la caída de la monarquía con la victoria de la revolución socialista, único medio, tras el fracaso de la II República, de transformar radicalmente la sociedad española, superando la impotencia de la burguesía para realizar las tareas que la historia imponía desde hacía luengos años.


El POUM no fue, por tanto, una improvisación de circunstancias, un reflejo de un fenómeno exterior al país y a sus inquietudes profundas, sino el producto de una larga elaboración en el seno mismo del movimiento obrero, que arrancaba de la doble ruptura de los años 20 con el oportunismo socialdemócrata y con el aventurerismo anarquista, bajo la influencia determinante de la revolución de Octubre de 1917. Por eso mismo, una buena parte de los militantes que se solidarizaron con Lenin y Trotsky y fundaron el Partido Comunista volvieron a encontrarse en el POUM tras las experiencias del Bloque Obrero y Campesino y de la Izquierda Comunista, organizaciones surgidas frente a la degeneración burocrática de la Revolución Rusa y de la Internacional Comunista. Se realizaba así una especie de síntesis de un largo proceso dialéctico. Era natural, pues, que el nuevo partido se encontrara mejor armado que otros para comprender e interpretar el proceso revolucionario hispano.


El POUM aparecía en la escena política española e internacional con su tríptico unitario (frente único obrero, unidad sindical, unidad de los marxistas revolucionarios) porque estaba firmemente convencido, como se puede colegir de su literatura política, de que en la Europa avasallada por el fascismo, donde la clase obrera había sufrido derrota tras derrota, se acercaba la hora del enfrentamiento brutal entre las fuerzas reaccionarias y revolucionarias españolas, enfrentamiento del que iba a depender el destino de Europa durante largo tiempo.


Había que armarse ideológica, política y orgánicamente para vencer en España y cerrar así el paso a la expansión del fascismo en Europa, impidiendo la segunda guerra mundial y abriendo una perspectiva de liberación al movimiento obrero de nuestro continente. Y el POUM desvelaba sus armas.



En el momento de su fundación, el POUM tenía unos 8.000 militantes y cerca de 40.000 simpatizantes. En Cataluña, animaba la Federación Obrera de Unidad Sindical (FOUS), formada por los sindicatos de Lérida, Tarragona y Gerona excluidos de la CNT por "estar dirigidos por marxistas", y multitud de sindicatos autónomos. Y animaba también potentes organizaciones campesinas, como la Unión Agraria de Lérida, aparte de tener una influencia nada desdeñable en la Unió de Rabassaires (9). Por otra parte, el POUM contaba con una organización juvenil, la Juventud Comunista Ibérica, que era ya bastante fuerte en Cataluña y Levante, organización que iba a conocer un ascenso considerable algunos meses después.


EL POUM brotó como una gran esperanza y fue muy pronto algo más que la suma de dos organizaciones. Fue en seguida el primer partido obrero de Cataluña. Luego, con relativa rapidez, sobre la base de las posiciones que ya tenía en Valencia, Madrid, Asturias, Andalucía y Extremadura, se fue extendiendo por toda la Península. La organización de Galicia, en pleno desarrollo, estaba celebrando un pleno en Santiago de Compostela el día que estalló la insurrección militar-fascista, el 18 de julio. Según un documento del comité ejecutivo del POUM del 10 de diciembre de 1935, la Izquierda Comunista había aportado en el momento de la fusión secciones o núcleos en Pamplona, Astillero (Santander), Gijón, Santiago de Compostela, Salamanca, Madrid, Villada (Palencia), Llerena (Badajoz), Sevilla, Bilbao, Lugo "y otros repartidos en las diversas provincias de España".


En el curso de los primeros meses de 1936, año que definió como "año crucial"(10), el POUM, fiel a su política de unidad obrera, puso en guardia a los trabajadores ante la euforia artificial del Frente Popular y recordó sin descanso que la alternativa histórica se presentaba así: socialismo o fascismo. Sin hipotecar su independencia de clase, formó parte de la coalición obrero-republicana del 16 de febrero y contribuyó así a asegurar la victoria electoral, que supuso la liberación de los presos de octubre de 1934 y la apertura de una nueva etapa política en el país.


Los días 19, 20 y 21 de julio de 1936, los militantes del POUM se movilizaron en todo el país para hacer frente a la agresión militar-fascista. La intervención del POUM en las batallas de Barcelona, de Valencia, de Lérida y en las luchas de Madrid y de otras ciudades está en la historia. Germinal Vidal, secretario general de la JCI, murió en la plaza de la Universidad de Barcelona junto con otros militantes, combatiendo contra los sublevados. En Barbastro, la acción decidida de un grupo de soldados de la JCI y de José Rodes, comisario político de Lérida, evitó que la brigada del coronel Villalba se incorporara a la rebelión. En Galicia, Luis Rastrollo, secretario de la Federación del POUM, se puso al frente de la resistencia armada. En Llerena (Extremadura), los mejores militantes del POUM cayeron defendiendo la ciudad contra las tropas de Queipo de Llano. En Asturias, Luis Grossi, Emilio García y otros militantes valiosos murieron en los frentes de Oviedo.



Apenas terminados los combates de julio, el POUM organizó unidades de milicias en Cataluña, Levante, Aragón y Madrid. La primera "brigada internacional" que se formó en España fue la Columna Internacional Lenin, creada por el POUM en el frente de Aragón en julio de 1936 (11). En ella combatieron, junto con militantes revolucionarios de Italia, Alemania, Francia, Bélgica y otros países, los grandes escritores George Orwell (12) y Benjamín Péret (13). Las milicias de Cataluña, agrupadas en la División Lenin, más tarde 29ª División, combatieron en los frentes de Aragón. Centenares de militantes sucumbieron en la desgraciada operación de Mallorca. Las milicias de Castellón y Valencia intervinieron en la conquista de Ibiza, en el cerco de Teruel y en la defensa de Madrid. La Columna motorizada del POUM de Madrid, inmortalizada en el libro de la escritora argentina Mika Etchebéhère (Mi guerra de España (14)), participa en la toma de Sigüenza y sus componentes se cubrieron de gloria después, bajo el mando de Mika, en las trincheras de la Moncloa, en la División de Cipriano Mera.

En los primeros meses del proceso revolucionario y de la guerra, el impulso general aseguró la unidad de las organizaciones obreras y antifascistas. El POUM participó en el Comité de Milicias (15) y en el Consejo de Economía de Cataluña, en el Comité Ejecutivo Popular de Valencia, en el Comité Revolucionario de Lérida y en infinidad de organismos y comités de frente único que se constituyeron en toda la zona controlada por las fuerzas obreras y republicanas. En cambio, no participó en la Junta de Defensa de Madrid porque la embajada rusa opuso su veto directamente y el PCE y las JSU lo impusieron a las demás organizaciones.



El POUM realizó un esfuerzo de información, de propaganda y de educación sin precedentes. En la reunión del comité central ampliado celebrada en Barcelona en diciembre de 1936 —en el preciso momento en que, bajo la presión de los representantes de Stalin en España, se preparaba la eliminación del POUM del Consell de la Generalitat de Cataluña—, el partido hizo un balance de semejante esfuerzo (16). El POUM contaba con unos 45.000 militantes y una cifra de simpatizantes mucho más importante. Publicaba seis periódicos diarios: La Batalla (30.000 ejemplares) en Barcelona; Adelante en Lérida, L'Espurna en Gerona, Front en Tarrasa, El Pla de Bages en Manresa y El Combatiente Rojo en Madrid. Tenía una serie de semanarios importantes: POUM en Madrid, El Comunista de Valencia, L'Hora de Barcelona, entre otros; más los publicados por la Juventud Comunista Ibérica: Juventud Comunista, órgano central, en Barcelona (15.000 ejemplares), La Antorcha en Madrid, Juventud Roja en Castellón, Combat en Lérida, Acció en Tarragona. Por otra parte, la Secretaría internacional del POUM publicaba regularmente La Revolución Española en francés, inglés, alemán e italiano, y una revista teórica en francés, Juillet. A este conjunto conviene añadir La Nueva Era, órgano teórico y, asimismo, Generación Roja, revista de educación política de la JCI. Toda esta labor en el dominio de la prensa fue completada con la actividad de la Editorial Marxista que, bajo la dirección de Juan Andrade, lanzó al mercado numerosos libros de teoría marxista y una serie impresionante de folletos de divulgación política, y en particular muchas obras que los estalinistas no publicaban ya o tenían proscritas a causa de los cambios que se habían operado en Moscú en el período 1926-1936. Los nombres de Gregori Zinoviev (17), de Víctor Serge, de Nikolai Bujarin (18) y de tantos otros volvieron a aparecer en los kioscos y librerías con gran escándalo de los representantes de Stalin en España.


Durante todo el curso de la revolución —incluso en el breve período de participación en el Consell de la Generalitat de Cataluña (19), cuando Andreu Nin organizó la justicia revolucionaria, impuso la mayoría de edad a los dieciocho años y sentó las bases de una legislación liberadora de la mujer— el POUM se afirmó claramente como una fuerza marxista revolucionaria, defendiendo intransigentemente su concepción de la revolución democrático-socialista, sosteniendo contra viento y marea que la guerra y la revolución eran inseparables, buscando la alianza con las fuerzas susceptibles de conducir el proceso revolucionario hasta la victoria. Su consigna central fue: "sobre el fascismo haremos triunfar la revolución socialista" (20).


La lucha contra el estalinismo en plena guerra


A mediados de 1936 y en los años 1937 y 1938, el POUM tuvo que enfrentarse con una de las realidades más trágicas del proceso revolucionario: la intervención declarada de la burocracia rusa (hecho que han terminado por reconocer la mayor parte de los dirigentes del Partido Comunista) y la acción contrarrevolucionaria del estalinismo. Mientras los oposicionistas rusos, los compañeros de armas de Lenin y Trotsky sucumbían en condiciones ignominiosas (procesos de Moscú (21)) o iban a parar a los campos del Gulag, en la otra punta de Europa los militantes del POUM luchaban y morían para abrir una perspectiva de renovación al movimiento surgido de la Revolución Rusa.


Tomando como pretexto las Jornadas de Mayo de 1937 —sublevación del proletariado de Barcelona contra una provocación preparada para despojarle de sus conquistas revolucionarias—, los consejeros extranjeros del PCE (Togliatti, Stepanov, Gerö, Codovila, etc.) comenzaron por derribar el gobierno de Largo Caballero, que, como se sabe, se había opuesto reiteradamente a sus exigencias, y abrieron paso a la "fórmula Negrín", que les ofrecía casi todas las garantías que Stalin reclamaba para proseguir su "ayuda a la República Española", una ayuda pagada con creces económica y políticamente. Eliminado Largo Caballero, los objetivos fueron la limitación drástica de la autonomía de Cataluña (22), la neutralización de la CNT y la destrucción del POUM.


El 16 de junio de 1937, una brigada de la policía estalinista, controlada y dirigida por agentes de la GPU rusa, dio un golpe contra el POUM, sus dirigentes, sus locales y sus medios de expresión, sirviéndose de los resortes del aparato del Estado que estaban en sus manos o que no se atrevían a resistirles. Andreu Nin y la mayor parte de los dirigentes del POUM fueron detenidos y secuestrados sin que las autoridades de la Generalitat de Cataluña fueran advertidas ni consultadas. Nin fue trasladado rápidamente a Valencia y luego a Madrid y Alcalá de Henares, donde, al parecer, fue torturado y asesinado. Todo esto sin que los ministros de Gobernación (el socialista Zugazagoitia) y de Justicia (el nacionalista vasco Irujo) tuvieran la menor noticia de lo sucedido. Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gorkin [seudónimo de Julián Gómez García], David Rey y José Escuder fueron trasladados de Barcelona a Valencia, de Valencia a una checa (23) de Madrid y, finalmente, de nuevo a Valencia, saliendo así de su incomunicación.


Cartel de las Juventudes Socialistas Unificadas [JSU] (comunistas) denunciando al POUM como “fascista”.



Evidentemente, para justificar semejantes desmanes y el crimen cometido con Nin, la prensa estalinista, tras unos días de vacilaciones, lanzó una campaña infamante presentando a los dirigentes del POUM como "espías" y "agentes de Franco", insinuando que Nin podía estar "en Salamanca o en Berlín". La reacción fue inmediata. Los militantes del POUM, organizados en la clandestinidad, iniciaron una vasta campaña para exigir aclaraciones públicas sobre la desaparición de Nin, la libertad de los militantes detenidos y el retorno a la legalidad de su partido. Algunos periódicos cenetistas y socialistas denunciaron los hechos represivos y salieron en defensa del POUM. Pero nadie pudo contener el furor destructor de la GPU y de los dirigentes estalinistas, que, desgraciadamente, ocupaban posiciones cada vez más importantes en el aparato del Estado.


Contrariamente a lo que han sostenido algunos historiadores, el POUM no desapareció tras el golpe del 16 de junio de 1937. Al contrario, las organizaciones del POUM y de la Juventud Comunista Ibérica se mantuvieron en la clandestinidad hasta el fin de la guerra. La mejor prueba de ello son sus publicaciones, en particular La Batalla y Juventud Obrera, que se publicaron con una regularidad asombrosa hasta mayo de 1938, semana tras semana, provocando la irritación pública de los dirigentes del PCE, del PSUC y de las JSU. Esas publicaciones constituyen una mina de informaciones para los historiadores de hoy.


En medio de grandes dificultades, el POUM hizo frente a la campaña de calumnias organizada por los estalinistas, protegió a sus militantes en los frentes, mantuvo relaciones regulares con todas las organizaciones antifascistas y, en particular, con la CNT y la izquierda socialista de Largo Caballero —a los que incitó constantemente a la resistencia al terrorismo y a las manipulaciones estalinistas— y alimentó una campaña internacional destinada a denunciar los asesinatos de Andreu Nin, Kurt Landau (24), Camillo Berneri (25), José María Martínez y muchos otros, y a evitar que se reprodujeran en España los procesos de Moscú.


Porque la intención era esa: descubrir y condenar a "traidores trotskistas" en España para justificar a posteriori los procesos de Moscú contra las primeras figuras del bolchevismo, procesos que habían suscitado un movimiento de repulsa y de horror en los círculos más avanzados del movimiento socialista y de la intelectualidad europea de izquierda.


Después de un golpe policiaco destinado a desbaratar el aparato clandestino del POUM, del que fuimos víctimas los dirigentes del POUM y de la JCI que habíamos logrado escapar a la represión de junio de 1937 (José Rodes, Joan Farré, Jordi Arquer y yo), golpe que tuvo consecuencias bastante desastrosas para la resistencia organizada de los poumistas, se aceleraron los preparativos del gran proceso que tenía que justificar toda la operación estalinista, confundir a los dirigentes del POUM y reducir a la impotencia a la tendencia Largo Caballero-Araquistain e incluso a la propia CNT. Más todo esto fracasó estrepitosamente gracias al sacrificio de Andreu Nin y a la resistencia de sus compañeros más representativos.


España, pese a todo, no era la Rusia de Stalin. El Tribunal Central Especial de Espionaje y Alta Traición estaba formado por hombres que simpatizaban con el socialismo y que no se rindieron ante las presiones que se ejercieron sobre ellos (26). Por lo demás, aparte de que personalidades como Francisco Largo Caballero, Luis Araquistain, Federica Montseny y Josep Tarradellas garantizaron públicamente que los procesados eran militantes revolucionarios con un brillante historial político, Andrade, Bonet, Gorkin, Gironella [seudónimo de Enrique Adroher Pascual] y Escuder defendieron su honor de revolucionarios, refutaron todas las acusaciones estalinistas y denunciaron vigorosamente el asesinato de Nin.


El tribunal descartó en seguida todas las acusaciones de "espionaje y alta traición" y condenó a unos años de cárcel a los encausados por su actuación durante... las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona. En la sentencia se hacía casi un elogio de los procesados al recordar y destacar su prestigiosa historia militante. La decepción y el furor de la GPU y de los dirigentes estalinistas fueron tan grandes que la censura del gobierno Negrín, controlada por ellos, prohibió la publicación de la sentencia del tribunal, razón por la cual ésta se convirtió en un documento político de propaganda en favor del POUM.


Este hecho, como muchos otros que se produjeron en los meses siguientes, demostró que España no podía ser sometida a un régimen de democracia popular como los que iban a organizarse diez años después en varios países del Este europeo. No obstante, la intención era ésa, como ha confesado el propio Santiago Carrillo en declaraciones recientes (27). Es decir, instaurar un régimen en el que el Partido Comunista, a través de sus organizaciones y de sus compañeros de viaje (28) instalados en el aparato del Estado, el Ejército y la Policía, pudiera ejercer francamente su dictadura, eliminando a todos los que se oponían a sus designios y, en primer término, al POUM, a la CNT y a la izquierda socialista de Largo Caballero.


En todo caso, el POUM no cedió, no transigió, no capituló ni en los frentes ni en la retaguardia, ni en las prisiones ni ante los tribunales de represión. Sus militantes prosiguieron la guerra contra Franco en todos los frentes y militaron por la causa del socialismo hasta el último día. Andreu Nin, torturado y asesinado en condiciones odiosas, simboliza en la historia la resistencia heroica del movimiento obrero español, en plena revolución, a la reacción estalinista. Y, con él, todos los militantes que, como el economista vasco José Mª Arenillas, el comisario político Marciano Mena, los maestros Juan Hervás, Joan Baptista Xuriguera y Jaime Trepat, animadores de la Escuela Nueva Unificada de Cataluña, fueron también víctimas de los crímenes del estalinismo.


El caso del POUM no tiene precedentes ni puede compararse con ningún otro. Mientras Joaquín Maurín y muchos otros militantes destacados se encontraban en las prisiones de Franco acusados de comunistas o marxistas —por lo que no pocos comparecieron ante los pelotones de ejecución, como José Luis Arenillas, secretario del partido en Euskadi, Luis Rastrollo, secretario del partido en Galicia, Julio Alutiz o Eusebio Cortezón, miembros del comité central—, Nin era asesinado en la zona republicana y se organizaba un proceso y una violenta represión contra el POUM y la JCI, represión que se cebaba también con los oficiales y los soldados del POUM que combatían en el Jarama y el Ebro, en las riberas del Segre y en el corazón de Cataluña, a los que no se vacilaba en acusar de ser "agentes de Franco". Los principales organizadores de la derrota, los que a la sombra de Negrín preparaban el desastre o la capitulación, contrajeron así una inmensa responsabilidad ante la historia.

La clandestinidad franquista y el exilio político


Terminada la Guerra Civil, los militantes del POUM que por las causas más diversas permanecieron en España, pasaron sin solución de continuidad de la resistencia al estalinismo a la nueva resistencia al terror franquista. Uno de los primeros periódicos clandestinos que aparecieron en 1939 en el país fue El Combatiente Rojo, órgano de nuestros camaradas de Madrid. En Cataluña el Frente de la Libertad, primera organización de resistencia, fue creada y animada por militantes del POUM. Entre 1944 y 1950, es decir, en los años más duros del franquismo, La BatallaAdelanteCatalunya Socialista y otras muchas publicaciones aseguraron la presencia del POUM en las luchas contra la dictadura. Estas actividades, así como las realizadas durante la revolución y la guerra, supusieron para los militantes que cayeron en manos de la policía muchos y largos años de prisión o de presidio.


Pero tampoco el exilio fue fácil para los que lograron salir de España. No hubo en ninguna parte cuarteles de invierno. Los principales dirigentes del POUM —los que nos encontrábamos en la Prisión del Estado de Barcelona— fuimos evacuados de Barcelona por orden de González Peña, ministro de Justicia socialista, y conducidos cerca de la frontera; consiguieron liberarnos y fuimos acogidos por un grupo especial del Partido Socialista Obrero y Campesino de Francia (PSOP) organizado por Marceau Pivert y Daniel Guerin, que logró trasladarnos a París. Pero millares de militantes fueron a parar a los campos de concentración de Argelés y de Barcarés, de Bram y de Vernet, de donde no fue tarea fácil arrancarlos.


Dentro o fuera de los campos de concentración, encerrados o asignados a residencia en poblaciones donde se carecía de los derechos más elementales, la vida de los exiliados en Francia fue muy ingrata en los primeros años y durante la Segunda Guerra Mundial. En noviembre de 1941, un tribunal francés, bajo la presión de la Gestapo, condenó a largas penas de prisión o de trabajos forzados a varios militantes del POUM acusados de haber reorganizado su partido en Francia y de mantener contactos con los primeros grupos franceses de resistencia a la ocupación por los nazis. Este proceso injusto y bárbaro supuso largos años de encarcelamiento para hombres como Rodes, Andrade, Solano, Farré Gasso, Coll, Iglesias, Comabella o Zayuelas. Algunos de ellos fueron deportados a Alemania en 1944, donde coincidieron a veces con otros militantes del POUM detenidos en otros lugares de Francia y enviados a Dachau, Mauthausen o Buchenwald...



De un modo general puede decirse que, en contacto con la organización clandestina de España, los militantes exiliados del POUM aportaron su apoyo a las organizaciones socialistas revolucionarias clandestinas y facilitaron la evasión por España de numerosos combatientes y perseguidos de distintas nacionalidades. Por otra parte, ciertos militantes tuvieron la posibilidad de incorporarse a las guerrillas organizadas en Francia o de crear grupos de combate españoles, como en el caso del batallón Libertad que, junto con una brigada vasca, contribuyó a reducir los últimos fortines de la resistencia alemana en la costa sur del Atlántico.


Después del fin de la Segunda Guerra Mundial, el POUM pudo operar en la legalidad en el exilio, manteniendo sus organizaciones y publicando su prensa, en particular La Batalla, que ha asegurado la continuidad del marxismo revolucionario durante más de treinta años, celebrando sus conferencias, realizando múltiples actividades, estableciendo lazos de camaradería y de fraternidad con las tendencias más avanzadas del movimiento obrero internacional. Toda esta labor se desarrolló en el marco de la lucha global contra la dictadura franquista y por la reconstrucción del movimiento obrero en nuestro país, en relación constante con los grupos clandestinos del POUM y con las nuevas organizaciones que fueron surgiendo en la clandestinidad, inspirándose a veces en nuestra tradición histórica y en el marxismo revolucionario.

Para todas las organizaciones obreras, incluso las más fuertes y las que contaban con mayores apoyos internacionales, fue muy difícil resistir en los años más duros de la represión y el terror y, luego, en la época de reflujo de los años 1950 a 1962, conservar y renovar sus cuadros militantes clandestinos. Esta tarea resultó todavía más ingrata para el POUM, víctima, a la vez, de la represión franquista y de las campañas de calumnias del estalinismo.

La reconstrucción del movimiento obrero a través del movimiento huelguístico de 1962 y el proceso iniciado tras la muerte de Stalin y el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS (PCUS) en 1956, comenzaron a modificar fundamentalmente la situación y las perspectivas. La lucha histórica del POUM contra la degeneración estalinista y su interpretación de la revolución española de 1936 —evolución socialista y no mera "guerra de independencia nacional"— comenzaron a insertarse en la nueva realidad española. Y ello provocó la aparición de nuevos grupos y organizaciones, formados generalmente por jóvenes obreros y estudiantes, muchos de los cuales se situaban en el terreno del marxismo revolucionario y de la renovación del socialismo frente al despotismo burocrático. Pero esto es ya otra historia.

 NOTAS:
1.      Un buen trabajo monográfico sobre el Bloque Obrero Campesino es el de Andrew Charles Durgan, BOC 1930-1936 (El Bloque Obrero y Campesino), Barcelona, Editorial Laertes, 1996.
2.      La Oposición de Izquierda (bolchevique-leninista) fue creada por Trotsky en 1923 como fracción organizada contra el creciente burocratismo. Tras el exilio de Trotsky en Prinkipo estableció un contacto más estrecho con los grupos oposicionistas de otros países, constituyéndose en 1930 la Oposición de Izquierda Internacional como fracción de la IC que perseguía el objetivo de hacerla volver a sus principios revolucionarios. Hasta 1933 lucharon por la reforma de la IC y de sus partidos, aunque estaban expulsados de su seno. Después de la victoria de Hitler ern Alemania, los partidarios de Trotsky empiezan a impulsar la formación de una nueva internacional, tomando el nombre de Liga Comunista Internacional que, a partir de la conferencia de Ginebra de 1936, dio paso al Movimiento por la Cuarta Internacional, antecedente para la fundación oficial de ésta en septiembre de 1938.
3.      Una antología de la revista Comunismo (1931-1934) fue publicada en 1978 por Editorial Fontamara, Barcelona.
4.      Un estudio riguroso sobre la Izquierda Comunista de España puede encontrarse en la obra de Pelai Pagès El movimiento trotskista en España (1930-1935), Barcelona, Ediciones Península, 1977.
5.      La Alianza Obrera representó una experiencia de unidad de la izquierda política y sindical, para oponerse al avance del fascismo. Surgió en Cataluña, extendiéndose especialmente a Levante, Andalucía, Asturias y Madrid. Su mayor trascendencia se produjo en Asturias, donde la Alianza Obrera desempeñó, gracias a la participación en ella de UGT y CNT, un papel fundamental durante la revolución de octubre de 1934. La Alianza Obrera representaba en aquel momento una expresión de la táctica de frente único, cuyo objetivo es permitir la unidad de los trabajadores contra un enemigo común, aun cuando estén divididos en organizaciones reformistas o revolucionarias de diferente signo. Esta idea del frente único fue objeto de expresión programática en el II Congreso de la IC (1920). Tras la consolidación del dominio estalinista en la IC se abandona la idea del frente único por los partidos comunistas.
6.     La II República atravesó, desde abril de 1931 hasta julio de 1936, tres etapas básicas: el "primer bienio" social-azañista, el bienio radical-cedista y el Frente Popular. Durante el "primer bienio" la dirección política correspondió a los socialistas (mayoritarios en las Cortes) aliados a la izquierda burguesa representada por Manuel Azaña. En 1933 se produjo el triunfo electoral de la derecha, la CEDA, gobernando inicialmente los radicales de Lerroux. La entrada de la CEDA en el gobierno, en octubre de 1934, desencadenó la insurrección de Asturias. El Frente Popular obtuvo su victoria electoral en febrero de 1936.
7.     "Las lecciones de la insurrección de Octubre", fechado a 1 de enero de 1935 y publicado clandestinamente en Barcelona, en febrero de 1935 por el BOC (este texto está incluido en el apéndice documental de la obra de Víctor Alba, La Alianza Obrera (Historia y análisis de una táctica de unidad en España), Madrid, Ediciones Júcar, 1977, pp. 214-231).
8.      La primera reunión se celebró el día 3 de febrero de 1935 y a la misma asistieron el Partit Catalá Proletari, el BOC, la Unió Socialista de Catalunya, la Federación Catalana del PSOE, el Partit Comunista de Catalunya y la Izquierda Comunista. En esa reunión se acordaron entre otros puntos que esta fusión debía llevarse a cabo sobre la base del marxismo revolucionario (el acta de la reunión se publicó en Justicia Social, Barcelona, nº 8, 25 de mayo de 1935).
9.     La Unió de Rabassaires fue una importante organización campesina de pequeños arrendatarios, fundada a comienzos de los años veinte, que alcanzó un peso social y político importante en Cataluña en los años siguientes. Ligada especialmente a ERC, formó parte de la Alianza Obrera de Cataluña constituida a finales de 1933 y de la coalición electoral Front d´Esquerres en 1936. Durante la guerra estuvo representada en el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña y participó en los sucesivos gobiernos de la Generalitat.
10.                       Editorial de La Batalla del 3 de enero de 1936.
11.                       La decisión de formar las Brigadas Internacionales, bajo la iniciativa y el control de la Internacional Comunista, tuvo lugar, según la mayoría de los historiadores, en septiembre de 1936. El 12 de octubre de 1936 llegaron a Alicante los primeros voluntarios alistados en las Brigadas Internacionales. Desde allí se dirigieron a su base de entrenamiento en Albacete. En dicha fecha ya combatían en España un cierto número de militantes antifascistas extranjeros integrados en diversas unidades.
12.                       George Orwell es el nombre literario de Eric Blair (1903-1950). A mediados de los años treinta simpatizó con el ILP británico, de cuyo periódico New Leader fue corresponsal al inicio de la Guerra Civil española, en la cual participó en el frente de Aragón encuadrado en una unidad del POUM. Las jornadas de mayo de 1937 le sorprenden en Barcelona y, acosado por los estalinistas, debe abandonar España. De su etapa en España es reflejo su famoso y magistral testimonio Homenaje a Cataluña. La experiencia española marcó su evolución política posterior, en el marco de una izquierda antitotalitaria, y ese antitotalitarismo está presente en sus obras más conocidas, Rebelión en la granja y 1984.
13.                       Benjamin Péret (1899-1959) fue un destacado poeta surrealista. Al poco tiempo de estallar la Guerra Civil española llegó a Barcelona, como integrante de una delegación del POI, partido trotskista francés, junto a Jean Rous, para incorporarse posteriormente a las milicias en el frente de Aragón. Regresó a París en abril de 1937. Con motivo de la Segunda Guerra Mundial se exilió en México, donde mantuvo una fuerte colaboración con G. Munis y Natalia Sedova, junto a quienes desarrolló un proceso de ruptura con la IV Internacional que se materializó en 1948.
14.                       Mika Etchebéhère, Mi guerra de España, Barcelona, Plaza y Janés, 1987.
15.                       Se refiere al Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, producto de la situación revolucionaria creada el 19 de julio, creado formalmente por decreto de la presidencia de la Generalitat de Cataluña el 23 de julio de 1936, que tenía por objeto "aniquilar los últimos núcleos fascistas existentes y prevenirse contra posibles peligros de fuera", así como atender a la "defensa de la República y a la lucha contra la reacción". Desde el primer momento de su constitución se convirtió en un órgano decisivo, símbolo del nuevo poder revolucionario en Cataluña, pues de él dependían los abastecimientos, la administración de justicia, la formación de unidades milicianas y su envío a los frentes, el orden público, los problemas económicos, etc. El 1º de octubre de 1936 el Comité acordó su autodisolución y sus unidades se fueron integrando en el ejercito regular de la República. Sus competencias fueron asumidas por el gobierno de la Generalitat formado el 28 de septiembre de 1936 por Josep Tarradellas.
16.                       En esta reunión, celebrada los días 12, 13, 14, 15 y 16 de diciembre, coincidiendo con la exclusión del POUM del Consell de la Generalitat se aprobaron una serie de resoluciones que fueron publicadas en su día por la Editorial Marxista y que han sido recogidas en una antología a cargo de Víctor Alba (La revolución española en la práctica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, p. 104 y ss.).
17.                       Gregori Zinoviev (1883-1936) fue un bolchevique de la vieja guardia, estecho colaborador de Lenin y dirigente de la IC. Junto a León Kamenev (editor de Pravda en 1917) ayudó a Stalin en la campaña contra el trotskismo, pero posteriormente formaron un bloque con la Oposición de Izquierda, capitulando ante Stalin en 1927. En 1932 fue expulsado del PC ruso, readmitido en 1993, sentenciado a diez años de prisión en 1935 y ejecutado, junto a Kamenev, bajo falsas acusaciones tras el primer proceso de Moscú.
18.                       Nikolai Bujarin (1888-1938) fue un militante histórico bolchevique. Se alió con Stalin frente a la Oposición de Izquierdas de Trotsky. Fue presidente de la IC entre 1926 y 1929. A partir de 1929 encabezó la oposición de derecha contra Stalin y fue expulsado del partido. Capitulo ante Stalin y fue ejecutado tras el tercer proceso de Moscú en 1938.
19.                       El 28 de septiembre de 1936 se formó, con Josep Tarradellas a la cabeza, un Consell de la Generalitat con presencia de ERC (3), CNT (3), PSUC (2), Unió de Rabassaires, Acció Catalana Republicana, dos independientes y, por el POUM, Nin como conseller de Justicia. El 16 de diciembre de 1936 se formó un nuevo Consell, presidido también por Tarradellas, en el que a la expulsión del POUM, y a la formalista retirada voluntaria del PSUC, se acompañaba una mayor presencia comunista, no como PSUC, sino a través de tres representantes de la UGT que fueron Joan Comorera, Miguel Valdés y Rafael Vidiella, conocidos miembros del comité ejecutivo del PSUC que, a las pocas semanas se convirtieron en miembros del comité central del PCE.
20.                       Véase el discurso de Andreu Nin en el mitin del Gran Price de Barcelona el 6 de junio de 1936 en el cual destaca las ideas clave reseñadas por Solano de que la revolución y la guerra son inseparables y de que el proletariado no lucha por la república democrática. Para Nin "contra el fascismo sólo hay un medio eficaz de lucha: la revolución proletaria". Ese discurso está incluido en Andreu Nin, Los problemas de la revolución española, Ruedo Ibérico, Barcelona, 1978.
21.                       En agosto de 1936, enero de 1937 y marzo de 1938 se celebraron en Moscú otros tantos procesos contra "el centro terrorista trotskysta-zinovietista", el "centro trotskista antisoviético" y "el bloque antisoviético de derechistas y trotskistas". A través de dichos procesos fueron ejecutados los miembros más destacados de la vieja guardia bolchevique que junto a Lenin habían dirigido la revolución y los primeros pasos del estado soviético. El principal acusado de los procesos, León Trotsky, estuvo ausente, aunque sería finalmente asesinado en 1940 por Ramón Mercader, un agente de la GPU. Para esclarecer las acusaciones contra Trotsky se creó una comisión de encuesta independiente formada por personalidades de prestigio, bajo la presidencia del filósofo norteamericano John Dewey, que se reunió en abril de 1937 y declaró a Trotsky inocente de las acusaciones formuladas en Moscú. Los procesos de Moscú fueron acompañados de la etapa más cruel de deportaciones en masa a los campos de exterminio del Gulag. Las víctimas de esta represión, el gran terror, fueron millones de obreros y campesinos, entre ellos numerosos militantes comunistas.
22.                       La derrota de la sublevación militar en Cataluña puso, a partir de julio de 1936, en manos de la Generalitat, primero de hecho y luego de derecho, importantes funciones no previstas en el estatuto de Autonomía de 1932 en materia de economía, justicia, orden público y defensa. A raíz de las Jornadas de Mayo de 1937 el gobierno republicano central recuperó con creces sus competencias, llegando a nombrar un delegado de Orden Público.
23.                       Se llaman checas a los locales, muchas veces secretos, utilizados por la policía política estalinista. El nombre es una derivación de la CHEKA —Comisión Pan-rusa Extraordinaria de Lucha contra la Contrarrevolución, la Especulación y el Sabotaje—, policía política soviética, creada por Lenin en diciembre de 1917 y reemplazada en 1922 por la GPU.
24.                       Kurt Landau (1903-1937): ex-miembro del PC austriaco, fue uno de los dirigentes de la Oposición de Izquierda trotskista hasta 1931. Llegó a España en noviembre de 1936, colaborador de La Batalla. Detenido el 23 de septiembre de 1937 y asesinado, con toda probabilidad, por agentes de la GPU en España.
25.                       Camillo Berneri (1897-1937): filósofo y periodista anarquista, una de las grandes figuras del pensamiento libertario del siglo XX. Exiliado de Italia tras la victoria del fascismo, llega a España en 1936, se incorporó a la columna miliciana Ascaso, colaboró con la emisora de radio de la CNT-FAI de Barcelona, ciudad en la que edita el periódico Guerra di classe. Fue asesinado durante las Jornadas de Mayo. Su muerte es un misterio sin resolver, siendo la hipótesis más probable su muerte a manos de agentes de la GPU, aunque también se ha atribuido a la policía secreta de Mussolini. Uno de los últimos textos que escribió fue "En defensa del POUM" (incluido en la recopilación de textos de Camillo Berneri, Humanismo y anarquismo, Madrid, Los Libros de la Catarata, 1998).
26.                       En el apéndice de este libro se publica, por vez primera en España, un extracto del informe del comunista Luigi Longo, uno de los máximos dirigentes de las Brigadas Internacionales, en el que se describen los esfuerzos del estalinismo en relación con el proceso al POUM.
27.                       Las declaraciones a las que se refiere Solano fueron realizadas a la profesora francesa Lilly Marcou y recogidas en el libro Le Communisme malgré tout (Entretiens avec Santiago Carrillo), Éditions PUF, París, 1984.
28.                       En la literatura política dedicada al estalinismo reciben ese calificativo quienes sin ser afiliados de los partidos comunistas colaboran de forma activa con éstos, prestándoles una imagen de pluralismo en sus actuaciones.
Este texto tiene su origen en la ponencia presentada por Wilebaldo Solano en el coloquio organizado por el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Barcelona en 1986 y que finalmente se convirtió en el libro El POUM en la historia. Andreu Nin y la Revolución Española, Libros de la Catarata-Fundación Andreu Nin, Madrid 1999



Verdades elementales. Andreu Nin Por la unificación marxista




1934-01 Constitución de la Alianza Obrera en Cataluña

CONSTITUCIÓN DE LA ALIANZA OBRERA

Compañeros: El avance de la reacción capitalista es un hecho de carácter
mundial que nadie puede negar, aunque en cada país adopta características especiales.

En Italia y Alemania se ha condensado en un fascismo criminal y
destructor que quiere retrotraer a aquellos pueblos a las formas políticas del tiempo medieval.


En otros países de Europa y América adopta modalidades que, sin
disminuir su carácter odioso, tiende a conseguir lo que se propone, aunque aparentemente se muestre inclinada a respetar las condiciones económicas y políticas que en estos casos predominen.


En el nuestro, en España, vémos la claramente con trazas de triunfar.
Primero corrompe el sistema electoral, recurriendo a los procedimientos
más infames para llevar al parlamento, si no una mayoría absoluta, sí una
minoría que, sin contar con ella, es imposible gobernar. Después impulsa al gobierno a proclamar el estado de prevención señalado en la ley de Orden Público, con lo cual deja a la clase trabajadora inerme y sin medios de defensa contra los atropellos que el gobierno quiera acometer y que
favorecen a las derechas reaccionarias.


Y más tarde, como tercera etapa de su acción infame y canallesca, se vale
de la inconsciencia de las masas trabajadoras agrupadas en torno de la FAI
y de la CNT con el fin de lanzarlas a la calle y llevarlas al choque brutal
contra la fuerza pública, y consigue con este maquiavelismo dos finalidades igualmente favorables para ella: conmover la opinión para justificar las más grandes monstruosidades del poder público, y sembrar el terror, la desolación y la muerte, que justifique un golpe de estado reaccionario y fascista. Cálculos deducidos lógicamente de los hechos.

Pero no prevalecerán.


Para impedirlo aquí estamos nosotros. Las entidades abajo firmantes, de
tendencias y aspiraciones doctrinales diversas, pero unidas en un común
deseo de salvaguardar todas las conquistas conseguidas hasta hoy por la
clase trabajadora española, hemos constituido “
La Alianza Obrera” para
oponernos al entronizamiento de la reacción en nuestro país, para evitar
cualquier intento de golpe de estado o instauración de una dictadura, si así se pretende, y para mantener intactas, incólumes, todas aquellas ventajas conseguidas hasta hoy, y que representan el patrimonio más estimado de la clase trabajadora.


¡Trabajadores de Cataluña y de España! Haced como nosotros hemos
hecho. Abandonad las querellas que os apartan de vuestros compañeros de explotación, aunque conservéis y defendáis vuestros puntos de vista
doctrinales, a fin de constituir los comités locales y comarcales antifascistas y de oposición al avance de las fuerzas reaccionarias, en forma que sinteticen sus aspiraciones en un organismo representativo nacional.


Oponed al fascismo y a la reacción el muro infranqueable de nuestra
voluntad y de nuestras decisiones.


A las organizaciones de Cataluña que quieran unirse y cooperar con
nosotros les invitamos a enviar su adhesión a la dirección siguiente: Rauric, 14, principal, Comité de Alianza Obrera.


También les anunciamos que cuando las circunstancias lo permitan,
convocaremos una conferencia regional de todas aquellas organizaciones
que estén de acuerdo con la obra que nos proponemos realizar.
¡Trabajadores organizados de Cataluña: Enviad vuestras adhesiones! ¡Que
ninguno falte en este frente obrero antifascista!

¡Viva el frente obrero antifascista!


¡Viva la unión de la clase obrera para la defensa de todas sus conquistas!

Por la Unión General de Trabajadores, Vila Cuenca; por la Unión Socialista, Martínez Cuenca; por la Izquierda Comunista, Andrés Nin; por el Bloque Obrero y Campesino, Maurín; por el Partido Socialista Obrero Español, Vidiella; por los Sindicatos de oposición, A. Pestaña, y por la Unión de Rabassaires, J. Calvet.


Nota: Siendo esto un frente obrero exclusivamente, las organizaciones políticas y partidos que no sean de clase habrán de adherirse moralmente, pero no ser miembros efectivos de él.





Pacto de Alianza Obrera

Proyecto de Pacto de Alianza Obrera  (Asturias)

Las organizaciones que suscriben convienen entre sí en reconocer que frente la situación económico política del régimen burgués en España, se impone la acción mancomunada de todos los sectores obreros con el exclusivo objeto de promover y llevar a efecto la revolución social. A tal fin, cada organización de las que suscribe queda comprometida a cumplir el compromiso fijado en este pacto, bajo las condiciones siguientes:



1) Las organizaciones firmantes trabajarán de común acuerdo hasta conseguir el triunfo de la revolución social en España y llegar a la conquista del poder político y económico para la clase trabajadora, cuya concreción inmediata será la República Socialista Federal. (1)


2) Para la consecución de este fin se constituirá en Oviedo un Comité Ejecutivo en representación de todas las organizaciones adherentes a este pacto, el que actuará de acuerdo con otro nacional y del mismo carácter para los efectos de la acción general en toda España.




3) Como consecuencia lógica de los apartados 1 y 2 del Pacto, queda entendido que la constitución del Comité Nacional es premisa indispensable (en caso de que los acontecimientos se desenvuelvan normalmente) para poder emprender toda acción revolucionaria con el objeto de este pacto, por cuanto el pacto trata y pretende la realización de un hecho nacional. El Comité Nacional que ha de constituirse será el único que autorizadamente, podrá ordenar al que quede constituido en Oviedo los movimientos a emprender en relación con el general en toda España.



4) Se constituirá en toda Asturias un comité en cada localidad cuya composición deberá estar integrada por delegaciones de cada una de las organizaciones firmantes de este pacto y aquellas otras que adhiriéndose sean admitidas por el Comité Ejecutivo.


5) Las organizaciones firmantes de este pacto conservan su independencia con respecto a la propaganda de sus puntos de vista políticos y sociales y el derecho a la crítica siempre que no contradiga las líneas generales de la orientación adoptada en virtud del pacto ni sus resoluciones concretas.


6) El Comité Ejecutivo elaborará un plan de acción que asegure el triunfo de la revolución en sus diferentes aspectos y consolidación del mismo.


7) Serán cláusulas adicionales al presente Pacto, todos los acuerdos del Comité Ejecutivo, cuyo cumplimiento es obligatorio para todas las organizaciones representadas, siendo estos acuerdos considerados de obligada vigencia, tanto en el periodo preparatorio de la revolución, como después de triunfar.

8) El compromiso contraído por las organizaciones que suscriben terminará en el momento en el cual las República Socialista Federal (2) quede constituida con sus órganos propios, elegidos voluntariamente por la clase trabajadora y por el procedimiento que haya preceptuado la obra revolucionaria dimanante del presente pacto.

9) Considerando que este acuerdo constituye un acuerdo de organizaciones de la clase trabajadora para coordina su acción contra el régimen burgués, aquellas organizaciones que tuvieran relación orgánica con partidos burgueses las romperán automáticamente para consagrarse exclusivamente a la consecución de los fines que determina el pacto.

Comentarios:


(1) El comité regional de la CNT sustituyó esta fórmula, que resultaba poco grata para los anarcosindicalistas por la de “Régimen de igualdad económica, política y social fundado sobre principios federalistas”. Los socialistas defienden su forma, aunque dado que el problema surge cuando se deriva hacia el centralismo o federalismo, se sustituye la fórmula por la de “Régimen Socialista Federalista”.


(2) Ver comentario 1.

Notas:

-Este Pacto es presentado por los socialistas siguiendo el modelo de los firmados en Zaragoza, Cataluña y Valencia. La reunión se celebra a las seis de la tarde del 18 de marzo de 1934 en Gijón, y a ella asisten los tres delegados de la CNT (José María Martínez, Avelino González Entrialgo y Horacio Argüelles) y los dos enviados de la UGT y la FSA (Graciano Antuña y Bonifacio Martín), que formarán parte luego del Comité Revolucionario, al que se sumarán en Octubre los dos representantes del PC (Carlos Vega y José Lafuente). Los cenetistas acuerdan que se someterá al comité regional de la CNT para su aprobación. Se determina por el momento de que el pacto no se puede tratar con los comunistas o sus organizaciones sindicales mientras éstos no rectifiquen la actitud que vienen siguiendo.

-Se celebra el 27 de marzo, una reunión a las 8 de la tarde en una secretaría de la UGT en Gijón, en la que los cenetistas exponen sus puntos de vista sobre el Pacto.

-El Pacto se firma el 31 de marzo en la trastienda de Casa Manfredo en Gijón a las siete y media. Se decidió que se publicara en Avance la noticia del Pacto aunque enmascarada por motivos de seguridad.

-El 2 de abril la Izquierda Comunista pide su ingreso en la Alianza.

-El 4 de abril hace lo mismo el Bloque Obrero y Campesino.

-El 29 de abril el comité de Alianza confirma la incorporación del BOC y la IC.

-El 27 de septiembre el Partido Comunista solicita su ingreso en la Alianza, quedando el Comité de Alianza en tratarla el día 2 de octubre. Se cierra así la etapa de sectarismo izquierdizante que había dominado la actuación del PC desde el nacimiento de la República, tras el viraje de la Komintern que apuntaba a la línea de los Frentes Populares que cuajaría después en varios países europeos.



Publicado en: Historia General de Asturias, tomo VII: Octubre 1934 (El ascenso); Paco Ignacio Taibo II. Editor Silverio Cañada. Gijón, 1978.
Digitalización: El cielu por asaltu.


Andreu Nin.  Las lecciones de la Insurrección de Octubre

Es necesario un partido revolucionario del proletariado

Escrito: 1934.

Primera vez publicado: L’Estrella Roja, 1 diciembre 1934.

Fuente/Edición digital: La Bataille Socialiste.

Esta edición: Marxists Internet Archive, noviembre de 2010.
Las situaciones de equilibrio inestable no pueden sostenerse durante largo tiempo. La tensión producida entre las fuerzas de la revolución y de la contrarrevolución desde el otoño de 1933 tenía forzosamente que encontrar una salida, y la encontró en el alzamiento del mes de octubre.

Constituían las fuerzas de la revolución la pequeña burguesía radical y el proletariado. No se contaba, sin embargo, con la alianza de la gran masa campesina y semiproletaria, desmoralizada por la huelga de junio. Puede afirmarse, pues, que el movimiento comprendía la lucha de las regiones industriales y mineras contra la España agrícola, en sus formas arcaicas de producción.


El Partido Socialista se había lanzado, durante un año, a una campaña de agitación revolucionaria, en el transcurso de la cual se preconizaba la dictadura del proletariado, sin fijar, no obstante, objetivos concretos a la lucha. En realidad, los dirigentes (como quedó de manifiesto en el discurso de Prieto en el Monumental Cinema) aspiraban a tomar el poder para instaurar un régimen democrático avanzado, que contase con la ayuda de la pequeña burguesía radical e incluso de la burguesía industrial. Esperaban que el presidente de la República les entregaría el poder sin recurrir a la violencia, y, por eso mismo, al verse arrastrados por las circunstancias, llevaron al movimiento el espíritu derrotista que les animaba.

Presionados por las masas, aceptaron el reto del Gobierno reaccionario, presentando combates en inferioridad de condiciones, porque no habían hablado a la clase obrera con la claridad necesaria sobre los objetivos que se perseguían, porque desconocían el arte de la insurrección y no crearon los organismos que tenían que traducir en hechos la voluntad de las masas.

La insurrección, a excepción de Asturias y Cataluña (ésta constituye un caso especial, aunque se mueve en la órbita de la revolución española), ha sido un movimiento sectario que movilizaba exclusivamente a los miembros del Partido Socialista, se apoyaba en comités secretos, en lugar de apoyarse en la clase avanzada, y en la oficialidad del ejército, que les traicionó al comprobar las vacilaciones de los dirigentes, en lugar de apoyarse en los soldados y en la voluntad de las masas trabajadoras. Allí donde los jefes pudieron controlar las iniciativas y los deseos de las masas, el movimiento no fue más que un deseo frustrado.


La clase obrera se encontraba en la reserva, esperando instrucciones que no llegaban. En cambio, allí donde las masas estaban organizadas en frente único, los líderes socialistas fueron desbordados en sus intenciones. Así nos explicamos que en Asturias, donde los organismos de Alianza Obrera existían y actuaban desde hacía cerca de un año, se constituyera rápidamente el Ejército Rojo, los comités de abastos, el Tribunal Revolucionario y tantas otras instituciones peculiares de los primeros momentos de la revolución proletaria. Los trabajadores asturianos lucharon como leones porque se sentían unidos en la acción y tenían confianza en los organismos directores.


Para llevar a cabo con éxito un movimiento revolucionario, es indispensable seguir un plan preconcebido, con ligeras variantes adaptadas a las circunstancias del lugar. De lo contrario, se corre el peligro no sólo de no alcanzar el objetivo propuesto, sino que al realizar actos sin ningún objetivo o poco preciso, pueda desvanecerse fácilmente el camino que conduce a la victoria. Si se hubiesen tenido en cuenta estos preceptos insurreccionales del marxismo, a estas horas el proletariado sería la clase dominante en España. Pero los dirigentes del movimiento no sabían lo que se hacían. Permanecieron a la expectativa, aguardando a que los nacionalistas catalanes y vascos proclamasen la República federal. En la pretensión de ser el juez que ha de fallar la suerte de las clases fundamentales de la sociedad, la pequeña burguesía no hizo otra cosa que servir los intereses históricos de la burguesía. Una vez más, esta clase social se ha mostrado incapaz de dirigir el movimiento revolucionario hasta el fin. El haberse mantenido a la defensiva, sobre todo en lugares como Cataluña, donde las condiciones eran excepcionalmente favorables para una ofensiva, fue la muerte de la insurrección.


Excepto de la gloriosa insurrección de Asturias, al proletariado español le ha faltado conciencia de la necesidad de la conquista del poder. Allí donde el Partido Socialista gozaba de más influencia, la clase obrera no había recibido las enseñanzas que el partido revolucionario del proletariado tiene la obligación de infiltrar en la conciencia de las masas populares. Los anarquistas no secundaron el movimiento por su “carácter político” y porque no establecían distinciones entre Gil Robles, Azaña y Largo Caballero. Por eso era necesario un partido que, interpretando los intereses legítimos de la clase obrera, se esforzara en constituir previamente los organismos del frente único, con el fin de conquistar a través de las Alianzas Obreras, la mayoría de la población. Le ha faltado al ejército revolucionario un estado mayor con jefes capaces, estudiosos y experimentados. SIN PARTIDO REVOLUCIONARIO, NO HAY REVOLUCIÓN TRIUNFANTE. Esta es la única y verdadera causa de la derrota de la insurrección de octubre. Que no se atribuya este fracaso a la traición de los anarquistas, con los cuales no se había contado, ni a la deserción de los campesinos, mal trabajados por la propaganda, ni a la traición evidente de los nacionalistas vascos y catalanes, temerosos por el cariz que tomaban los acontecimientos, que sobrepasaban sus intenciones democráticas. El partido revolucionario de la clase obrera tiene la obligación de prever estas contingencias, con el fin de obrar, como es menester, antes y después de producirse.

A pesar de todo, este fracaso no significa que el movimiento obrero esté liquidado. La clase trabajadora ha sido vencida, pero no eliminada, con la particularidad de que el movimiento ha permanecido intacto en la mayoría de las poblaciones españolas, porque la clase obrera se ha mantenido a la reserva sin agotarse. El proletariado español se ha enriquecido con una experiencia más, que si se analiza en todos sus aspectos con espíritu crítico y sin tratar de justificar actitudes fracasadas, redundará en provecho de la causa revolucionaria, como también demostrará el fracaso de dos ideologías que tienen las mismas raíces económicas: del reformismo y del estalinismo, como ideologías de la pequeña burguesía burocrática.


El tiempo de la contrarrevolución es pasajero, a costa de la destrucción de todas las ilusiones y de todas las esperanzas que la revolución española habrá hecho concebir a los obreros españoles. Pero este triunfo no ha conseguido, ni conseguirá, conciliar aquello que está separado por un profundo antagonismo de intereses; no podrá unir a la clase obrera con la burguesía y sus aliados. La oligarquía dominante espera llevar a feliz término sus planes explotadores, inhabilitando las asociaciones obreras que han tomado parte en el movimiento, revisando la Constitución, derogando las leyes sociales vigentes y creando dificultades a la organización sindical y política del proletariado. Aspira a un Estado corporativo, más o menos definido; pero, por ahora, no se atreve a poner fuera de la ley a los partidos políticos del proletariado, porque el fascismo español está falto de masas y de jefes, y no supo aprovecharse de la descomposición intensa que se inició en los primeros momentos que siguieron al fracaso, sin que llegasen a producirse mayores males. Ahora el movimiento se ha reanudado, la clase obrera se siente confiada y optimista y las posibilidades fascistas son menores.


La contrarrevolución sigue temiendo a la revolución, porque sabe que ha sido vencida y porque, además, hay tres grandes problemas que no admiten aplazamiento. La libertad que anhelan las nacionalidades oprimidas y las mejoras de los proletarios y campesinos españoles no las puede otorgar la oligarquía dominante, porque implicaría su derrota. El pan que pide el ejército de los sin trabajo no lo puede dar el Estado burgués agrario, porque la penuria es el resultado de su política explotadora. La tierra que reclaman millones de campesinos no quieren entregarla los terratenientes, lo mismo que se niegan a conceder todo aquello que signifique un ataque a la propiedad privada, base de su dominación.

Si no tuviéramos la seguridad de que el movimiento de la clase obrera hacia un fin ideal, aunque haya sufrido un retroceso, no es una tarea de hacer y deshacer, la Izquierda Comunista no reclamaría el lugar que le corresponde en las tareas de reagrupamiento y de reorganización, difíciles, pero no imposibles, y de resultados prácticos indudables en el marco de un Estado en descomposición y en la órbita de una revolución que no ha llegado, ni mucho menos, a su última etapa. Si sólo nos fijásemos en los fracasos que ha experimentado el movimiento obrero durante estos últimos años, decaerían nuestra moral y nuestras convicciones. Pero son precisamente estos fracasos los que vienen a confirmar la teoría marxista con tanta o más insistencia que las victorias obtenidas.

Más que nunca, hay que propagar la necesidad de organizar al proletariado en las Alianzas Obreras y en los comités de fábrica, y, a través de estos organismos, conquistar la mayoría de la población, que se moverá con impulso irresistible bajo la influencia del partido revolucionario que todavía no se ha formado, pero que surgirá, potente, como guía de los explotados en su lucha por la emancipación de la Humanidad.
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Historia del BOC y del POUM
[El marxismo en España (1919-1939)]
4. La Alianza Obrera





[El marxismo en España (1919-1939)] Historia del BOC y del POUM



Víctor Alba. La revolución española en la práctica. Documentos del POUM



[Libro] Las colectivizadores  Víctor Alba



Andrés Nin La concepción marxista del poder y la revolución española




Andreu Nin. Los órganos de poder y la revolución española mayo 1937


Escritos de Andreu Nin y Joaquín Maurín durante la II República. ¿Revolución democrático-burguesa o revolución democrático-socialista?


Víctor Alba. Sobre el frente único proletario, documentos complementarios.


POUM. La experiencia española 1939


Pelai Pagès y Blanch “Estalinistas y alborotadores”: la campaña contra el POUM


Resolución del Comité Ejecutivo del POUM en los procesos de Moscú (28 de agosto de 1936)


Trotsky, el POUM y los hechos de mayo. Andy Durgan



Wilebaldo Solano. La larga marcha por la verdad sobre Andreu Nin


Vida, obra y muerte de Andreu Nin


Andreu Nin y Joaquín Maurín: vidas paralelas, por Wilebaldo Solano


El terror estalinista en Barcelona 1938 (Agustín Guillamón)


Los crímenes de Stalin. Nikita Khrushchev Informe Secreto al XX Congreso del PCUS, 25 de febrero de 1956



LAS JUVENTUDES COMUNISTAS IBÉRICAS DEL POUM
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