sábado, 16 de diciembre de 2017

Federico Engels Los comunistas y Karl Heinzen



NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Voy a utilizar diferentes fuentes  sobre los escritos Federico Engels y Carlos Marx, sobre la polémica que tuvieron con Karl Heinzen.

La traducción que hace google de los textos de ellos en inglés al castellano, es mejor redactada y las notas que hacen es muy aclaratorias.






                                                     Friedrich Engels








                                                       Karl Heinzen


En este libro está el documento “Los comunistas y Karl Heinzen” desde la página 641 hasta 655
Federico Engels Escritos de juventud




Friedrich Engels, Deutsche Brüsseler Zeitung nº 79 y nº 80, 3 y 7 de octubre de 1847


Bruselas, 26 de septiembre. El número de hoy de la Deutsche Brüsseler Zeitung incluye un artículo firmado por Heinzen en el que con la excusa de defenderse de una trivial acusación por parte de los editores, se embarca en una larga polémica contra los comunistas.

Los editores han aconsejado a ambas partes que renuncien a la polémica. En tal caso ellos se limitarían a reproducir sólo aquella parte del artículo de Heinzen en la que se defiende de la acusación de haber atacado él primero a los comunistas. Pero aunque "Heinzen no tenga ningún periódico a su disposición", no hay razón para ofrecerle uno para que publique unos ataques que los propios editores del periódico consideran estúpidos.

 Dicho sea de paso, no se podría haber prestado mejor servicio a los comunistas que publicando este artículo. Nunca antes ningún partido había criticado a los comunistas de manera tan estúpida y obtusa como lo hace Heinzen. Este artículo es la reivindicación más brillante de los comunistas, y demuestra que si estos aún no han atacado a Heinzen, no deberían tardar en hacerlo.

En principio el Sr. Heinzen se presenta como un representante de todos radicales alemanes no comunistas; su intención es debatir con los comunistas como hace un partido contra otro. Tiene “derecho a reclamar", según proclama con la tanta seguridad, qué "se puede esperar de los comunistas", qué "se les puede pedir", cuál es "el deber de los verdaderos comunistas". Sus diferencias con los comunistas son las mismas que las que mantienen "los republicanos y demócratas alemanes ", y cuando dice "nosotros" habla en nombre de estos republicanos.

¿Quién es el Sr. Heinzen y a quién representa, pues?

El Sr. Heinzen es un antiguo liberal, un funcionario de baja categoría que en 1844 aún se entusiasmaba con el legítimo progreso y la precaria Constitución alemana y no iba más allá de susurrar en privado que quizá sería deseable y posible una república, por supuesto en un futuro lejano. El Sr. Heinzen sin embargo se equivocó sobre las posibilidades para la oposición legal en Prusia. El mal libro que escribió sobre la burocracia [Die Preussische Bureaukratie] (incluso Jacob Venedey lo hizo bastante mejor hace años [Preussen und Preussenthum]) le obligó a huir del país. Entonces cayó en la cuenta. Declaró que la oposición legal era algo imposible, se hizo revolucionario y, naturalmente, también republicano. En Suiza trabó amistad con el savant sérieux1 Ruge, quien le enseño la poca filosofía que sabe, que consiste en un batiburrillo de ateísmo y humanismo feuerbachiano, reminiscencias de Hegel y alguna frase retórica de Stirner. Con semejante bagaje, el Sr. Heinzen pensó que ya estaba preparado e inauguró su propaganda revolucionaria, inclinándose hacia Ruge por la derecha y hacia Freiligrath por la izquierda.

1 Gran sabio o gran erudito.

Ciertamente, no criticamos a Heinzen por haber pasado del liberalismo a este radicalismo sediento de sangre. Lo que afirmamos es que esto se debió a meras circunstancias personales. Mientras el Sr. Heinzen podía oponerse legalmente, atacaba a quienes admitían que la revolución era necesaria. Y cuando le fue ya imposible seguir resistiendo legalmente, declaró que la oposición legal era imposible, sin tener en cuenta que en realidad este tipo de oposición es perfectamente posible para la burguesía alemana, la cual nunca ha dejado de hacer una enérgica oposición legal.

En cuanto se cerró el camino de vuelta para él, empezó a declarar que era necesaria una revolución inmediata. En lugar de estudiar la situación de Alemania, haciéndose una idea general de ella y deduciendo a partir de ahí qué progreso, qué desarrollo y qué pasos son necesarios y posibles; en lugar de adquirir una clara visión de la compleja situación de cada clase en Alemania en relación con las demás y con gobierno y deducir qué política hay que seguir; en resumen, en lugar de adaptarse al desarrollo de Alemania, el Sr. Heinzen exige bruscamente que el desarrollo de Alemania es el que tiene que adaptarse a él.


El Sr. Heinzen fue un violento adversario de la filosofía cuando ésta aún era progresista. En cuanto se hizo reaccionaria, en cuanto se convirtió en un refugio para los vacilantes y enclenques escritorzuelos, el Sr. Heinzen se hizo a sí mismo el flaco favor de unirse a ella. Y lo que es peor, el destino quiso que el Sr. Ruge, que en toda su vida no ha sido más que un mero prosélito, hallara a su único prosélito en el Sr. Heinzen. El Sr. Heinzen es el único consuelo del Sr. Ruge, pues es la única persona que ha logrado penetrar en sus construcciones verbales.


¿Cuáles son entonces las verdaderas intenciones del Sr. Heinzen? Que se establezca inmediatamente una República alemana, combinando la tradición norteamericana y la de 1793 con un puñado de medidas que toma prestadas de los comunistas, todo muy negro, rojo y dorado. Debido a su letargo industrial, Alemania ocupa una posición tan precaria en Europa que nunca será capaz de tomar la iniciativa, nunca será la primera en proclamar una gran revolución, ni establecerá una República por su cuenta al margen de Francia e Inglaterra. Pensar que puede surgir una República alemana al margen del desarrollo de los países civilizados, pensar que la revolución alemana puede salir adelante por sí misma, como hace el Sr. Heinzen, es desdeñar completamente el verdadero desarrollo de las clases en Alemania, y toda república o revolución de este tipo no es más que una ensoñación tricolor. Y para convertir a esta gloriosa República alemana en algo aún más glorioso, el Sr. Heinzen la adorna con ese humanismo feuerbachiano y rugeano y proclama que este reino "del hombre" está casi al alcance de la mano. ¿Y los alemanes supuestamente deben sacar algo en claro de todas estas disparatadas ensoñaciones?


¿Y cómo conduce el gran "agitador" Sr. Heinzen su propaganda? Declara a los príncipes culpables de toda pobreza y sufrimiento. Esta afirmación no sólo es ridícula, sino tremendamente dañina. El Sr. Heinzen no podía halagar más a estos príncipes alemanes, marionetas impotentes y cortas de miras, que atribuyéndoles esta fantástica, sobrenatural y demoniaca omnipotencia. Cuando el Sr. Heinzen afirma que los príncipes son capaces de hacer tanto daño, está afirmando al mismo tiempo que también serían capaces de actuar correctamente. Esto no nos lleva a la necesidad de la revolución, sino a los piadosos deseos de un príncipe virtuoso, del buen Emperador José. En cualquier caso, el pueblo sabe mucho mejor que el Sr. Heinzen quiénes son sus opresores. El Sr. Heinzen nunca logrará que el siervo odie tanto a los príncipes como a su señor feudal o como odia el trabajador a su patrón. Pero, por supuesto, el Sr. Heinzen favorece los intereses de los propietarios y capitalistas al culpar de la explotación del pueblo no ya a estas clases, sino a los príncipes; ¡y la explotación de los terratenientes y capitalistas, después de todo, es la responsable del noventa y cinco por ciento de la miseria en Alemania!


El Sr. Heinzen apela a una insurrección inmediata. Ha impreso panfletos a este efecto [Teutsche Revolution] y ha intentado distribuirlos en Alemania. Podríamos preguntarnos si arremeter ciegamente con esta propaganda sin sentido no es altamente perjudicial para los intereses de la democracia alemana. Podríamos preguntarnos si la experiencia no ha demostrado ya lo inútil que es esto. Si, en una época mucho más agitada, en los años treinta, acaso no se distribuyeron cientos de miles de estos panfletos, folletos, etc., en Alemania y si es que acaso uno sólo de ellos tuvo algún tipo de éxito. Podríamos preguntarnos si alguien en sus cabales puede imaginarse que el pueblo va a prestar atención a este tipo de sermones y exhortaciones políticas. Podríamos preguntarnos si el Sr. Heinzen, en sus panfletos, alguna vez ha hecho algo más que sermonear y exhortar. Podríamos preguntarnos si no es realmente ridículo hacer sonar las trompetas de la revolución a los cuatro vientos de esta manera, sin ningún sentido ni entendimiento, sin conocimiento ni consideración de las circunstancias.


¿Cuáles son las tareas de la prensa de un partido? Debatir, lo primero y lo más importante, explicar, exponer y defender las reivindicaciones del partido, así como combatir y refutar las reivindicaciones y las afirmaciones del partido enemigo. ¿Cuál es la tarea de la prensa democrática alemana? Demostrar la necesidad de la democracia dada la incapacidad de actual gobierno, que representa principalmente a la nobleza, dada la ineficiencia del sistema constitucional que pretende poner a la burguesía al mando, y dado que al pueblo le es imposible salir adelante por sí mismo mientras no tenga el poder político. Su tarea es desvelar la opresión que sufren los proletarios, los pequeños campesinos y la pequeña burguesía urbana, que son los que en Alemania constituyen el "pueblo", por parte de la burocracia, la nobleza y la burguesía; explicar cómo surge esa opresión, que no sólo es política sino sobre todo social, y con qué medidas se puede suprimir; su tarea es mostrar que la conquista del poder por los proletarios, los pequeños campesinos y la pequeña burguesía urbana es el primer requisito para que puedan aplicarse estas medidas. Su tarea es examinar profundamente qué alcance tendría una rápida realización de la democracia, de qué recursos dispone el partido y con qué otros partidos podría aliarse mientras siga siendo demasiado débil como para actuar solo. Bien, ¿acaso el Sr. Heinzen se ha dedicado alguna vez a todo esto?


No. No se ha metido en esos berenjenales. No ha demostrado nada al pueblo, en otras palabras al proletariado, a los pequeños campesinos y a la pequeña burguesía urbana. Nunca ha examinado la posición de las clases y los partidos. Lo único que ha hecho ha sido tocar variaciones sobre un mismo tema: ¡A por ellos!, ¡a por ellos!, ¡a por ellos!


¿Y a quienes dirige el Sr. Heinzen su sermón revolucionario? Ante todo a los pequeños campesinos, la clase que hoy en día se muestra más incapaz que ninguna otra para tomar la iniciativa revolucionaria. Durante los últimos 600 años todos los movimientos progresistas han surgido exclusivamente en las ciudades, hasta tal punto que los movimientos democráticos independientes de la población rural (Wat Tyler, Jack Cade, las jaquerías, la Guerra de los Campesinos), primero, siempre fueron manifestaciones reaccionarias, y segundo, siempre terminaron siendo derrotados. El proletariado industrial de las ciudades se ha convertido en la vanguardia de toda la moderna democracia; la pequeña burguesía urbana depende completamente de su iniciativa, y los campesinos aún más. La Revolución Francesa de 1789 y la historia reciente de Inglaterra, Francia y los Estados orientales de Norteamérica lo demuestran. ¿Y el Sr. Heinzen confía en que los campesinos luchen ahora, en el siglo XIX?

Pero el Sr. Heinzen también promete reformas sociales. Por supuesto, la indiferencia del pueblo a sus llamamientos le ha ido obligando a ello. ¿Y qué tipo de reformas son estas? Las mismas que proponen los propios comunistas como preparación de la supresión de la propiedad privada. El único punto del Sr. Heinzen que merece ser tenido en cuenta se lo ha cogido prestado a los comunistas, esos comunistas a los que ataca con tanta violencia, pero incluso estas propuestas pierden el sentido en sus manos y se convierten en meras ensoñaciones. Todas las medidas encaminadas a restringir la competencia y la acumulación de capital en manos privadas, toda restricción o supresión del derecho de herencia, toda organización del trabajo por parte del Estado, etc., todas estas medidas no son sólo posibles medidas revolucionarias, sino que de hecho son medidas necesarias. Son posibles en la medida en que todo el proletariado insurgente las defiende e impone con la fuerza de las armas. Son posibles, a pesar de todas las dificultades e inconvenientes que alegan los economistas, porque todas estas dificultades e inconvenientes impelerán al proletariado a dar un paso tras otro hasta que la propiedad privada haya sido completamente abolida, para no perder de nuevo lo ya conquistado. Son posibles como pasos preparatorios, fases temporales y de transición hacia la abolición de la propiedad privada, y no van encaminadas a otra cosa


Sin embargo el Sr. Heinzen pretende que estas medidas tengan un carácter permanente, que sean medidas finales. No son la preparación de nada, sino que son definitivas. Para él no son un medio, sino un fin. No están diseñadas para una situación revolucionaria, sino para una situación pacífica, burguesa. Todo esto las convierte en medidas imposibles y reaccionarias al mismo tiempo. Los economistas burgueses tienen razón cuando presentan estas medidas del Sr. Heinzen como reaccionarias, comparadas con la libre competencia. La libre concurrencia es la última, la forma más avanzada y desarrollada de la propiedad privada. Por tanto, toda medida que partiendo de la base de la propiedad privada vaya dirigida sin embargo contra la libre competencia, es reaccionaria, pues tiende a restaurar fases anteriores del desarrollo de la propiedad, y por eso finalmente terminará sucumbiendo de nuevo ante la competencia, provocando el retorno a la actual situación. Estas objeciones que hace la burguesía, que pierden todo valor desde el momento en que consideramos las medidas antes mencionadas como puras mesures de salut public, como medidas revolucionarias transitorias, estas objeciones, son devastadoras en lo que respecta a la república campesino-socialista tricolor del Sr. Heinzen.


El Sr. Heinzen, por supuesto, se imagina que las relaciones de propiedad, la ley de sucesión, etc., pueden ser y serán modificadas y retocadas. El Sr. Heinzen –uno de los hombres más ignorantes de este siglo–, desde luego, quizá ignore que las relaciones de propiedad de una determinada época son necesariamente el resultado del modo de producción e intercambio de dicha época. El Sr. Heinzen quizá ignore que no se pueden transformar los latifundios en minifundios sin transformar toda la estructura agrícola, y que, por otra parte, los latifundios volverían a aparecer por sí mismos. El Sr. Heinzen quizá ignore la estrecha relación que existe entre la gran industria actual, la concentración de capital y el surgimiento del proletariado. El Sr. Heinzen quizá ignore que un país industrialmente tan dependiente y subordinado como Alemania nunca podrá transformar por su propia cuenta sus relaciones de propiedad de otro modo que no sea siguiendo los intereses de la burguesía y la libre competencia.



Resumiendo: Con los comunistas estas medidas son apropiadas y tienen sentido porque no se conciben como medidas arbitrarias sino como consecuencias necesarias que en sí mismas son fruto del desarrollo de la industria, la agricultura, el mercado y las comunicaciones, del desarrollo de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, que depende de aquel otro; no las consideran medidas definitivas, sino transitorias, mesures de salut public que surgen de la lucha transitoria entre las propias clases.



Con el Sr. Heinzen, no son apropiadas ni tienen sentido, pues él las concibe arbitrariamente, como visiones obtusamente burguesas para enderezar el mundo; porque no hace mención alguna a la conexión entre estas medidas y el desarrollo histórico; porque al Sr. Heinzen no le preocupa en absoluto la viabilidad material de sus propuestas; pues su objetivo no es formular las necesidades industriales, sino por el contrario anularlas por decreto.


El propio Sr. Heinzen, que sólo es capaz de adoptar las reivindicaciones de los comunistas después de confundirlas terriblemente y transformarlas en puras fantasías, ¡critica luego a los comunistas por "confundir las mentes de los analfabetos", por "andar persiguiendo fantasías" y por "no tener los pies en el suelo (!) de la realida “!

Esa es la actividad del Sr. Heinzen como agitador, y estamos seguros de que lo único que hace es dañar y descreditar a todo el partido radical alemán. Un escritor de partido requiere unas cualidades bastantes distintas a las del Sr. Heinzen, quien como ya hemos dicho es uno de los hombres más ignorantes de nuestro siglo. El Sr. Heinzen puede tener las mejores intenciones del mundo, puede ser el hombre con convicciones más firmes de toda Europa. También sabemos que personalmente es un hombre honrado, valiente y resistente. Pero eso no le convierte en un escritor de partido. Para ello se requiere algo más que convicciones, buenas intenciones y una voz estentórea, se quiere un poco más de inteligencia, un poco más de lucidez, un mejor estilo y más conocimientos de los que tiene el Sr. Heinzen y de los que es capaz de adquirir, como la larga experiencia ha demostrado


Sin embargo, los vuelos del Sr. Heinzen le han llevado a convertirse en propagandista. Se vio obligado a tratar de formar su propio partido entre los radicales. Esto le colocó en una singular situación, en la que sus infructuosos esfuerzos por estar a la altura de las circunstancias lo único que hacían era ponerle en ridículo. Y terminará logrando que los radicales alemanes parezcan igual de ridículos si éstos le siguen dejando que les represente, si le siguen dejando hacer el ridículo en su nombre.


Pero el Sr. Heinzen no representa a los radicales alemanes. Ellos tienen otros representantes, como Jacoby y demás. El Sr. Heinzen no representa a nadie y nadie le reconoce como su representante, excepto quizá algunos burgueses alemanes que le mandan dinero para que prosiga su agitación. Pero quizá nos equivoquemos: hay una clase que sí le reconoce como representante, le adora y pierde la cabeza por él, que arma más escándalo que todas las mesas de borrachos de las tabernas (parafraseando al Sr. Heinzen, que dice que los comunistas "arman más escándalo que toda la literatura de la oposición"). Esta clase es la numerosa, ilustrada, noble e influyente clase de los commis-voyageurs 2 .

¿Y este es el mismo Sr. Heinzen que pide a los comunistas que le reconozcan como representante de la burguesía radical y debatan con él en calidad de tal?


De momento, estas ya son razones suficientes y que justifican la polémica que desarrollan los comunistas contra el Sr. Heinzen. En la segunda parte analizaremos las críticas del Sr. Heinzen a los comunistas en el nº 77 del periódico.

2 Viajantes de comercio.

Si no estuviéramos completamente convencidos de que el Sr. Heinzen es absolutamente incompetente como propagandista de partido, le recomendaríamos que estudiase detenidamente la Miseria de la filosofía de Marx. Pero tal y como están las cosas, y después de que nos haya recomendado la lectura de la Neue Politik de Fröbel, no podemos más que aconsejarle que guarde silencio absoluto y espere tranquilamente hasta "que empiece la lucha". Estamos convencidos de que el Sr. Heinzen nos demostrará que es tan bueno comandando batallones como malo es escribiendo.

Para que el Sr. Heinzen no pueda quejarse de que sufre ataques anónimos, firmamos este artículo.

F. Engels.

                                                        ***


Como ya dijimos en el primer artículo, los comunistas no atacan a Heinzen por no ser comunista, sino porque es un mal propagandista del partido demócrata. No lo atacan como comunistas, sino como demócratas. Los comunistas han iniciado esta polémica contra él por pura casualidad; aunque no hubiera comunistas en el mundo, los demócratas tendrían que posicionarse contra Heinzen. De lo que se trata es de saber si: 1) si el Sr. Heinzen es un propagandista y agitador capaz de servir a la democracia alemana, lo cual negamos; 2) si la manera que tiene el Sr. Heinzen de agitar es correcta o simplemente tolerable, lo que también negamos. Por tanto no se trata ni de comunismo ni de democracia, sino del Sr. Heinzen y sus excentricidades.


En las actuales circunstancias, lejos de emprender fútiles disputas con los demócratas, los comunistas se posicionan como demócratas a la hora de abordar todas las cuestiones prácticas del partido, de momento. En todos los países civilizados, la consecuencia necesaria de la democracia es el dominio político del proletariado, y este poder proletario es la primera condición para implantar cualquier medida comunista. Hasta que se logre la democracia, los comunistas y los demócratas luchan juntos, mientras sus intereses coinciden. Hasta entonces, las diferencias entre ambos partidos son puramente teóricas y pueden debatirse a nivel teórico sin que ello suponga perjudicar su acción común. De hecho, podrán ponerse de acuerdo en muchas medidas que se tendrán que llevar a cabo en interés de las clases anteriormente oprimidas, cuando se logre la democracia, como por ejemplo la gestión de la gran industria y los ferrocarriles por el Estado, la educación de todos los niños a expensas del Estado, etc.


Vamos ahora con el Sr. Heinzen. 

El Sr. Heinzen declara que han sido los comunistas quienes han comenzado la polémica contra él, y no al revés. Aunque este es el típico argumento del policía, se lo aceptamos. Califica su conflicto con los comunistas como "una absurda ruptura entre los radicales alemanes provocada por los comunistas". Dice que él ha tratado de evitar esta ruptura, que se viene preparando desde hace tres años, en la medida en que las circunstancias y su capacidad se lo permitían. Estos esfuerzos estériles, según él, vinieron seguidos de los ataques de los comunistas.


El Sr. Heinzen, como todos saben perfectamente, hace tres años no se contaba entre los radicales. En aquella época el Sr. Heinzen era un progresista liberal legalista. Por tanto, romper con él no significaba romper con los radicales.


El Sr. Heinzen conoció a algunos comunistas aquí, en Bruselas, a comienzos de 1845. Estos no le atacaron por su ostensible radicalismo político, sino al contrario, les costó mucho trabajo convertir al entonces liberal Sr. Heinzen al radicalismo. Pero fue en vano. El Sr. Heinzen únicamente se hizo demócrata en Suiza.


¡"Más tarde me fui convenciendo (!) poco a poco de que era necesario luchar enérgicamente contra los comunistas". En otras palabras, ¡era necesario dividir absurdamente a los radicales! ¡Que nos digan los demócratas alemanes si alguien que se contradice de manera tan absurda puede ser buen propagandista de partido!


¿Pero quiénes son los comunistas que, según Heinzen, le han atacado? Las anteriores insinuaciones y particularmente los siguientes reproches contra los comunistas demuestran claramente quiénes eran. Los comunistas, según podemos leer:

"[…] armaban más escándalo que toda la literatura de la oposición junta, confundiendo las cabezas de los analfabetos, denunciando incluso a los hombres más radicales de la manera más desinhibida, [...] intentaron paralizar la lucha política en la medida de lo posible, [...] de hecho, llegaron incluso a aliarse [...] con la reacción. Es más, en la práctica su doctrina a menudo les llevaba a vulgares y falsas intrigas [...]."


Más allá de la confusión y la vaguedad de estas críticas, se distingue una figura fácilmente reconocible: el escritorzuelo Karl Grün. Hace tres años el Sr. Grün trató personalmente con el Sr. Heinzen, por lo que fue el Sr. Grün quien atacó al Sr. Heinzen en la Triersche Zeitung, quien gritaba más alto que toda la literatura de la oposición, quien se esforzaba por paralizar la lucha política todo lo posible, etc


¿Pero desde cuándo el Sr. Grün representa a los comunistas? Si bien hace tres años frecuentaba los círculos comunistas, nunca se ha considerado uno de ellos, nunca se ha declarado abiertamente comunista, y hace más de un año incluso empezó a vituperar a los comunistas.


Es más, en aquel momento, para beneficio del Sr. Heinzen, Marx ya repudiaba al Sr. Grün, y mostró públicamente su verdadero rostro en cuanto tuvo oportunidad.


En lo que respecta a esta última "vulgar y falsa" insinuación del Sr. Heinzen sobre de los comunistas, lo que hay detrás no es más que un incidente entre el Sr. Grün y el Sr. Heinzen, y nada más. Este incidente concierne a los dos caballeros en cuestión y no a los comunistas. Ni siquiera estamos lo suficientemente al tanto del asunto como para poder emitir un juicio sobre el tema. Pero supongamos que es el Sr. Heinzen el que tiene razón. Si después de que Marx y otros comunistas hayan repudiado a este adversario, si después de haberse demostrado más allá de toda duda que no se trata de un comunista, el señor Heinzen sigue presentando el incidente como una consecuencia necesaria de la doctrina comunista, la causa sólo puede ser su monstruosa perfidia.



Y es más, si en sus anteriores reproches el Sr. Heinzen tenía en mente a otras personas además del Sr. Grün, sólo puede tratarse de esos verdaderos socialistas cuyas ciertamente reaccionarias teorías ya han sido repudiadas desde hace mucho tiempo por los comunistas. Todos los miembros de este movimiento, hoy completamente disuelto, capaces de aprender algo se han acercado a los comunistas y ahora atacan el verdadero socialismo allí donde éste todavía se manifiesta. El Sr. Heinzen, pues, habla de nuevo con su crasa ignorancia habitual, dedicándose una vez más a desenterrar estas visiones caducas para endosárselas a los comunistas. Aunque en este caso el Sr. Heinzen culpa a los verdaderos socialistas, a quienes confunde con los comunistas, en realidad se dedica a hacer la misma crítica sin sentido de los comunistas que hacían dichos verdaderos socialistas. De este modo ni siquiera tiene derecho a atacar a los verdaderos socialistas, pues él mismo es uno de ellos. Y mientras los comunistas escribían vivos ataques contra estos socialistas, el Sr. Heinzen permanecía sentado en Zúrich, siendo iniciado por el señor Ruge en esos fragmentos de verdadero socialismo que más tarde hallarían buen nicho en su confundida cabeza. ¡El Sr. Ruge había encontrado un discípulo digno de su maestro!



¿Y qué hay de los verdaderos comunistas, entonces? El Sr. Heinzen menciona honrosas excepciones y hombres de talento, quienes piensa que acabarán rechazando la solidaridad comunista (!). Los comunistas ya han rechazado la solidaridad de los escritos y acciones de los verdaderos socialistas. De todos los reproches anteriores, ni uno solo se puede aplicar a los comunistas, excepto quizá la conclusión de todo el pasaje, que dice lo siguiente:


"Los comunistas [...] con esa arrogancia que les da su supuesta superioridad, se ríen con desprecio de todo aquello que es indispensable para formar la base de una asociación de gente honrada."


El Sr. Heinzen parece que alude aquí el hecho de que los comunistas se han reído de su severa conducta moral y se han mofado de todas esas ideas sagradas y sublimes, la virtud, la justicia, la moralidad, etc., ideas que el Sr. Heinzen cree que constituyen la base de toda la sociedad. Aceptamos este reproche. La indignación moral del honrado señor Heinzen no evitará que los comunistas se burlen de estas verdades eternas. Los comunistas, por otra parte, sostienen que estas verdades eternas no son en absoluto una base, sino por el contrario un producto de la sociedad en la cual se presentan.



Si, por casualidad, el Sr. Heinzen ha querido decir que los comunistas no se solidarizarán con aquellas personas con las que él piensa asociarse, ¿cuál es el sentido de todos estos reproches absurdos y falsas insinuaciones? Si el señor Heinzen sólo conoce de oídas a los comunistas, como parece ser el caso, si apenas sabe quiénes son, hasta el punto de que llega a exigir que se muestren más a las claras y, por así decirlo, que sean ellos quienes se presenten ante él, ¿a qué viene todo ese descaro que muestra al polemizar con ellos?


"La elección de aquellos [...] que [...] representan en realidad al comunismo o lo defienden en su forma pura, [...] probablemente excluiría completamente a la gran mayoría de los que se basan en el comunismo y son utilizados por él, y no sería sólo la gente de la Triersche Zeitung la que protestaría contra la exigencia de semejante reivindicación."

Y unas líneas más abajo:

"Quienes realmente son comunistas deberían tener hoy la coherencia y la honradez" (¡así habla un filisteo respetable!) "de dar un paso adelante, mostrar abiertamente su doctrina y separarse de aquellos que no son comunistas [...]. Tienen la obligación moral", (típica expresión de filisteo), "de no seguir amparando sin ningún tipo de escrúpulos (!) esa confusión que se ha creado en la cabeza de millares de personas que sufren y carecen de educación, pues dadas las condiciones reales es imposible (!) poner en práctica esta doctrina (!), aunque esta quimera se anuncie falsamente como posible. Es el deber" (el filisteo asoma de nuevo) "de los verdaderos comunistas o bien aclarar completamente esto a todos sus adherentes no ilustrados y conducirlos a una meta definida, o bien apartarse de ellos y no utilizarlos."


Si el Sr. Ruge es responsable de estas tres últimas citas, debe estar orgulloso. Estas reivindicaciones de filisteo casan perfectamente con ese desorden mental al que sólo le preocupa el contenido y no la forma, y por ello termina diciendo exactamente lo contrario de lo que pretendía decir. El Sr. Heinzen exige que los verdaderos comunistas se aparten de aquellos que sólo lo parecen. Deben acabar con la confusión (esto es a lo que se refiere) que surge de la mezcla de estas dos tendencias diferentes. Pero tan pronto como las palabras “comunismo” y “confusión” se juntan en su cabeza, surge allí también la confusión. El Sr. Heinzen pierde el hilo, la constante reiteración de esa fórmula que dice que los comunistas en general se dedican a confundir las mentes de los ignorantes, le hace tropezar y olvidarse de los verdaderos comunistas y los falsos comunistas, patina con torpeza ridícula con toda una serie de sueños imposibles que se anuncian falsamente como posibles, y finalmente cae de bruces en el duro suelo de las condiciones reales, donde recupera su facultad de reflexión. Ahora se acuerda de que lo que él quería decir era una cosa distinta, que no se trataba de saber si es posible o no. Vuelve a su tema, pero está tan aturdido que ni siquiera tacha la frase magnífica en la que ejecuta este salto mortal que acabamos de describir.



Y hay más cosas por el estilo. En lo que se refiere a la cuestión en sí, reiteramos que, como honrado alemán que es, las exigencias del Sr. Heinzen llegan demasiado tarde, pues los comunistas repudiaron a los verdaderos socialistas hace mucho tiempo. Pero aquí podemos ver de nuevo que las insinuaciones maliciosas no son para nada incompatibles con su carácter de respetable filisteo. Para el Sr. Heinzen está claro que los escritores comunistas sólo están utilizando a los trabajadores comunistas. Afirma, prácticamente en estas palabras, que si estos escritores mostraran sus intenciones abiertamente, la gran mayoría de los que están siendo utilizados por el comunismo les abandonarían completamente. Considera a los escritores comunistas como profetas, sacerdotes o predicadores que poseen una sabiduría secreta que está vedada a los ignorantes, para así mantenerlos con andadores. Todas estas exigencias de respetable filisteo, eso de que hay que aclarar a los ignorantes y de que estas personas no deben ser utilizadas, obviamente parten de la suposición de que los representantes literarios del comunismo están interesados en mantener a los trabajadores en la oscuridad, como si simplemente estuvieran utilizándolos como hacían los Illuminati con el pueblo llano en el siglo pasado. Esta idea insípida impele al Sr. Heinzen a proseguir con esa charla inoportuna sobre la confusión en las mentes de los ignorantes y, como castigo por no saber expresarse con claridad, le obliga a dar esas piruetas estilísticas.


Nos limitaremos a tomar nota de estas insinuaciones, no nos pondremos a discutirlas. Dejemos que los obreros comunistas las valoren por sí mismos.


Por fin, después de todos estos preliminares, desvíos, apelaciones, insinuaciones y volteretas del Sr. Heinzen, llegamos a sus ataques teóricos y sus reflexiones sobre los comunistas.


El Sr. Heinzen


"considera que el núcleo de la doctrina comunista es simplemente [...] la abolición de la propiedad privada (incluida la que se ha logrado a través del trabajo) y el principio del empleo común de las riquezas de la tierra, como inevitable consecuencia de aquella abolición."

El Sr. Heinzen se imagina que el comunismo es una doctrina que procede de un principio teórico central y saca conclusiones a partir de aquí. El Sr. Heinzen está muy equivocado. El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento; no procede de principios, sino de hechos. Los comunistas no parten de tal o cual filosofía, sino de todo el curso de la historia anterior y particularmente de los resultados reales a los que se ha llegado actualmente en los países civilizados. El comunismo procede de la gran industria y sus consecuencias, del establecimiento del mercado mundial, de su correspondiente competencia desatada, de las crisis comerciales cada vez más violentas y universales, que se han convertido ya en crisis en toda regla del mercado mundial, de la creación del proletariado y de la concentración del capital, de la lucha de clases resultante entre proletariado y burguesía. El comunismo, como teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la síntesis teórica de las condiciones para la liberación del proletariado.



Ahora el Sr. Heinzen, sin duda, se dará cuenta de que valorar el comunismo consiste en algo más que simplemente considerar la abolición de la propiedad privada como su eje; de que más le valdría estudiar un poco de economía política que ponerse a cotorrear salvajemente sobre la abolición de la propiedad privada; de que nunca sabrá nada acerca de las consecuencias de la abolición de la propiedad privada si no conoce también sus condiciones necesarias.


Sin embargo, en este terreno, el señor Heinzen se mueve con tal grosera ignorancia que llega incluso a decir que "el empleo común de las riquezas de la tierra" (qué expresión más fina) es consecuencia de la abolición de la propiedad privada. Precisamente es todo lo contrario. A consecuencia de la gran industria, el desarrollo de la maquinaria, de las comunicaciones y del comercio mundial está adquiriendo proporciones tan gigantescas que su explotación por los capitalistas individuales cada día se vuelve más difícil; y las crisis crecientes del mercado mundial son la prueba más palpable de todo esto; las fuerzas productivas y medios de intercambio que caracterizan al actual modo de producción e intercambio se desarrollan constantemente, hasta llegar a un punto en que se hacen incompatibles con el intercambio individual y la propiedad privada; porque, en fin, se acerca el momento en el que la gestión común de la industria, de la agricultura y del intercambio se convertirá en una necesidad material para la industria, la agricultura y el intercambio mismos –y por esta razón la propiedad privada será abolida–.



Así que cuando el señor Heinzen separa violentamente la abolición de la propiedad privada, que por supuesto es la condición para la liberación del proletariado, de las condiciones que ello implica, cuando deja esto absolutamente al margen de toda relación con el mundo real y lo considera simplemente como una fantástica torre de marfil, se convierte en un puro cliché del que sólo se pueden decir perogrulladas sin sentido. Lo cual hace de la siguiente manera:


"Con la mencionada abolición de toda la propiedad privada [...], el comunismo también suprime necesariamente la existencia individual [El Sr. Heinzen nos reprocha así que queramos convertir a las personas en gemelos siameses]. La consecuencia de esto es una vez más [...] la incorporación de todo individuo quizá [¡!] a unos cuarteles comunes y organizados [...] para la economía [El lector notará que esto es una clara consecuencia de las propias declaraciones absurdas del Sr. Heinzen acerca de la existencia individual]. De esta forma el comunismo destruye, [...] la individualidad, [...] la independencia, [...] la libertad [Las mismas tonterías de siempre, pronunciadas ya por los verdaderos socialistas y la burguesía. ¡Como si hubiera alguna individualidad que destruir en las personas a las que la división del trabajo ha convertido hoy en día, en contra de su voluntad, en zapateros, obreros, burgueses, abogados, campesinos, es decir, en esclavos de una forma particular de trabajo y de las costumbres, de la forma de vida, los prejuicios y la cortedad de miras, etc., que se corresponden con dicho trabajo!]. Sacrifica al individuo, como atributo necesario o base [este "o" es maravilloso] de la propiedad privada adquirida, al ‘fantasma de la comunidad o de la sociedad’ [¿estamos ante Stirner?], cuando la comunidad no puede ni debe [¡¡no debe!!] ser un objetivo, sino sólo un medio para los individuos."


El Sr. Heinzen concede especial importancia a la propiedad privada adquirida y, al hacerlo, demuestra una vez más que no está en absoluto familiarizado con el tema del que habla. La justicia de filisteo del Sr. Heinzen, que permite que los hombres disfruten de lo que han adquirido, por desgracia se ve frustrada por la gran industria. Mientras la gran industria no esté tan avanzada como para liberarse totalmente de los grilletes de la propiedad privada, no permitirá otra forma de distribución de sus productos que la que se existe actualmente, el capitalista se guardará su ganancia en el bolsillo y el trabajador ira aprendiendo en la práctica poco a poco lo que es el salario mínimo. El Sr. Proudhon intentó desarrollar un sistema para disfrutar de la propiedad adquirida, ligado a las condiciones existentes, y como todos sabemos fracasó estrepitosamente. El Sr. Heinzen, es cierto, nunca se arriesgará a emprender un experimento similar, ya que para hacerlo tendría que estudiar, y él no se dedica a eso. Pero esperemos que el ejemplo del Sr. Proudhon al menos le enseñe a no exponer tanto su propiedad adquirida a la opinión pública.


El señor Heinzen critica a los comunistas por perseguir fantasías y por no tener los pies en el suelo de la realidad, ¿pero a quién es al que hay que aplicar estas críticas en realidad?


El Sr. Heinzen continúa con toda una serie de cosas en las que no necesitamos entrar. Nos limitamos a señalar que sus frases empeoran conforme se va avanzando. La torpeza de su lenguaje, que nunca logra hallar la palabra correcta, ya sería de por sí suficiente para desacreditar a cualquier partido que lo reconociera como representante y propagandista. Sus firmes convicciones le llevan constantemente a decir algo muy diferente a lo que pretende. Así, cada frase contiene un doble absurdo: por un lado el absurdo que pretende explicar, y en segundo lugar el que no quiere decir pero sin embargo termina diciendo. Ya dimos un ejemplo de ello más arriba. Sólo nos queda señalar que el señor Heinzen repite su vieja superstición sobre el poder de los príncipes al afirmar que el poder que debe ser derrocado, y que no es otro que el poder del Estado, es y siempre ha sido el progenitor y el responsable de toda injusticia, y que su objetivo es establecer un Estado realmente basado en la justicia (!) dentro de toda esta estructura fantástica...


¡¡¡"para llevar a cabo todas aquellas reformas sociales que han surgido en el curso de los acontecimientos en general (!) y que sean a la vez correctas (!) en teoría y posibles (!) en la práctica"!!!

Sus intenciones son tan buenas como malo es su estilo, y es que este es el destino de todos los bien intencionados en este mundo infame.

“Del seductor Zeitgeist,
 Nacido y hecho sansculotte,
 Es mal danzante, pero aún alberga Buenas intenciones en su salvaje seno;
[…] Carente de talento, más célebre.”
 [Heine, Atta Troll]

Nuestros artículos llenarán al Sr. Heinzen de toda esa indignación de honrado filisteo ultrajado, pero por nada en el mundo va a renunciar a su estilo de escritura o a su vergonzosas e ineficaces formas de agitación. Cuando llegue el entretenido día de la acción y las decisiones, nos encontraremos con su amenaza de colgarnos en el poste más cercano.

En resumen: los comunistas deben cooperar con los radicales alemanes, y desean hacerlo. Sin embargo, se reservan el derecho de atacar a cualquier escritor que desacredite a todo el partido. Esta, y no otra, era nuestra intención al atacar Heinzen.

Bruselas, 3 de octubre de 1847.

F. Engels

N.B. Acabamos de recibir un folleto escrito por un trabajador [Stephan Born]: Der Heinzen'sche Staat, eine Kritik von Stephan, Berna, Rätzer. Si el señor Heinzen escribiera la mitad de bien que este trabajador, podría estar bien contento. Con este folleto el Sr. Heinzen podrá ver con claridad, entre otras cosas, por qué los trabajadores no quieren saber nada de su república campesina. También podemos ver que este folleto es el primero escrito por un trabajador en el que no se adopta una actitud moral, sino que se intenta relacionar las luchas políticas actuales con la lucha de las distintas clases de la sociedad entre sí.



En inglés

Los comunistas y Karl Heinzen [124]
Frederick Engels en The Deutsche-Brüsseler Zeitung
Fuente: MECW Volumen 6, p. 291
Escrito: el 26 de septiembre y el 3 de octubre de 1847;
Primera publicación: en 
Deutsche-Brüsseler-Zeitung Nos. 79 y 80, 3 y 7 de octubre de 1847;
FirmadoF. Engels.



Segundo artículo
Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 80, 7 de octubre de 1847




Crítica moral y moral crítica [133]
Karl Marx en el Deutsche-Brüsseler Zeitung
Una contribución a la historia cultural alemana
Contra Karl Heinzen
Fuente: MECW Volumen 6, p. 312;
Escrito: a fines de octubre de 1847;
Primera publicación: en 
Deutsche-Brüsseler-Zeitung Nos. 86,87,90,92 y 94; 28 y 31 de octubre; 11, 18 y 25 de noviembre de 1847.


Fuente:
Marx y Engels en
Bandera de Deutsche-Brusseler Zeitung
Abril de 1847 - febrero de 1848



Índice cronológico




Carlos Marx LA CRÍTICA MORALIZANTE O LA MORAL CRÍTICA.
CONTRIBUCION A LA HISTORIA DE LA CIVILIZACION ALEMANA.
CONTRA CARLOS HEINZEN

Escrito: El presente texto fue escrito por Marx a fines de octubre de 1847.




En inglés
Los comunistas y Karl Heinzen [124]
Frederick Engels en The Deutsche-Brüsseler Zeitung

Fuente: MECW Volumen 6, p. 291
Escrito: el 26 de septiembre y el 3 de octubre de 1847;
Primera publicación: en 
Deutsche-Brüsseler-Zeitung Nos. 79 y 80, 3 y 7 de octubre de 1847;
FirmadoF. Engels.


                                                       Primer artículo

Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 79, 3 de octubre de 1847

Bruselas, 26 de septiembre. El número actual del D-Br-Ztg contiene un artículo de Heinzen [publicado como una declaración en la columna de Polemik con una nota de los editores titulada "Karl Heinzen und die Kommunisten"] en el que con el pretexto de defender contra una acusación trivial de los editores, se embarca en una larga polémica contra los comunistas.

Los editores aconsejan a ambas partes que abandonen la polémica. En ese caso, sin embargo, solo deberían reproducir esa parte del artículo de Heinzen en la que Heinzen realmente se defiende contra la acusación de haber atacado primero a los comunistas. Incluso si "Heinzen no tiene papel a su disposición", no hay razón para poner uno a su disposición para la publicación de ataques que los propios editores consideran estúpidos.

A propósito, no se podría haber prestado a los comunistas un servicio mayor del que se ha prestado a través de la publicación de este artículo. Críticas más tontas y de mente más cerrada que las que Heinzen hace aquí de los comunistas nunca se han hecho de ningún partido. El artículo es la vindicación más deslumbrante de los comunistas. Esto prueba que si no hubieran atacado a Heinzen, se verían obligados a hacerlo de inmediato.

Desde el principio, Herr Heinzen se presenta como el representante de todos los radicales alemanes no comunistas; su intención es debatir con los comunistas como una parte con otra. Él "tiene derecho a exigir", anuncia con la mayor seguridad qué "se debe esperar de" los comunistas, qué "se les debe exigir", cuál es el "deber de los verdaderos comunistas". Identifica sus diferencias con los comunistas en todos los aspectos con los "republicanos y demócratas alemanes" que tienen con ellos y habla de " nosotros " en nombre de estos republicanos.


¿Quién es Herr Heinzen, entonces, y qué representa?

Herr Heinzen es un ex funcionario liberal de rango inferior que en 1844 todavía estaba entusiasmado con el progreso legítimo y la miserable Constitución alemana, y que en el mejor de los casos confesó en un susurro confidencial que una república podría ser deseable y posible, por supuesto en el lejano Futuro lejano. Herr Heinzen estaba equivocado, sin embargo, sobre la posibilidad de resistencia legal en Prusia. El mal libro que escribió sobre la burocracia [Heinzen, Die Preussische Bureaukratie] (incluso Jacob Venedey escribió un libro mucho mejor sobre Prusia años atrás [Venedey, Preussen und Preussenthum] ) lo obligó a huir del país. Ahora la verdad cayó en cuenta de él. Declaró que la resistencia legal era imposible, se convirtió en un revolucionario y naturalmente republicano también. En Suiza conoció a esesavant sérieux Ruge, que le enseñó la pequeña filosofía que tiene, que consiste en una mezcolanza confusa de ateísmo y humanismo feuerbachiano, reminiscencias de Hegel y frases retóricas de Stirner. Así equipado, Herr Heinzen se consideró maduro e inauguró su propaganda revolucionaria, apoyándose en Ruge a la derecha y Freiligrath a la izquierda.


Ciertamente, no estamos criticando a Herr Heinzen por su transición del liberalismo al radicalismo sediento de sangre. Pero sí mantenemos que él ha hecho esta transición como resultado de circunstancias meramente personales. Mientras Herr Heinzen fue capaz de oponer resistencia legal, atacó a todos los que admitieron la necesidad de una revolución. Apenas se le hizo imposible la resistencia legal cuando lo declaró absolutamente imposible, sin tomar en cuenta que por el momento esta resistencia es perfectamente posible para la burguesía alemana, que constantemente está oponiendo una resistencia muy legal. Apenas había el camino de regreso sido cortado para él cuando declaró la necesidad de una revolución inmediata. En lugar de estudiar las condiciones en Alemania, hacer un inventario general de ellas y deducir de ellas qué progreso, qué desarrollo y qué pasos eran necesarios y posibles, en lugar de obtener para él una imagen clara de la compleja situación de las clases individuales en Alemania con respecto a entre sí y al gobierno y concluyendo a partir de esto qué política debía seguirse, en cambio, en una palabra, de acomodarse al desarrollo de Alemania, el señor Heinzen exige sin miramientos que el desarrollo de Alemania se acomode a él.

Herr Heinzen era un opositor violento de la filosofía mientras siguiera siendo progresivo. Apenas se había vuelto reaccionario, apenas se había convertido en el refugio de todos los indecisos, débiles y literarios, cuando Herr Heinzen se perjudicó a sí mismo por unirse a él. Y, lo que es peor, el destino es que Herr Ruge, que ha sido solo un prosélito toda su vida, haya encontrado su único prosélito en Herr Heinzen. Herr Heinzen está así condenado a proporcionar a Herr Ruge el consuelo de que al menos una persona creía haber penetrado en sus edificios verbales.

¿Para qué está trabajando Herr Heinzen entonces? Para el establecimiento instantáneo de una república alemana que combina las tradiciones americanas y de 1793 con algunas medidas tomadas de los comunistas, y con un aspecto muy negro, rojo y dorado. [125] Como resultado de su letargo industrial, Alemania ocupa una posición tan miserable en Europa que nunca puede tomar una iniciativa, nunca ser el primero en proclamar una gran revolución, nunca establecer una república por su propia cuenta sin Francia e Inglaterra. Cualquier república alemana que se supone creada independientemente del desarrollo de los países civilizados, cualquier revolución alemana que se supone que se lleve a cabo por sí misma y, como sucede en el caso de Herr Heinzen, deja totalmente fuera el verdadero desarrollo de las clases en Alemania. de consideración, cualquier república o revolución de este tipo no es más que soñar despierto en negro, rojo y dorado. Y para hacer que esta gloriosa república alemana sea aún más gloriosa, Herr Heinzen la adorna con el humanismo Feuerbachiano, Rugificado, y la proclama como el reino "del hombre" que está a punto de llegar.




Pero, ¿cómo hace el gran "agitador" Herr Heinzen su propaganda? Él declara que los príncipes son los principales autores de toda la pobreza y la angustia. Esta afirmación no es solo ridícula sino extremadamente dañina. Herr Heinzen no podía halagar a los príncipes alemanes, esos títeres impotentes y débiles, más que atribuyéndoles una omnipotencia fantástica, sobrenatural y demoníaca. Si Herr Heinzen afirma que los príncipes pueden hacer tanto mal, también les está concediendo el poder de realizar tantas buenas obras. La conclusión a la que esto conduce no es la necesidad de una revolución, sino el deseo piadoso de un príncipe virtuoso, de un buen emperador José. En cualquier caso, la gente sabe mucho mejor que Herr Heinzen quiénes son sus opresores. Herr Heinzen nunca transferirá a los príncipes el odio que el siervo siente por el señor feudal y el trabajador por su patrón. Pero, por supuesto, Herr Heinzen está trabajando en interés de los terratenientes y capitalistas cuando culpa a la explotación de la gente de estas dos clases no de ellos, sino de los príncipes; ¡y la explotación de los terratenientes y los capitalistas es, después de todo, seguramente la responsable de los diecinueve vigésimos de toda la miseria en Alemania!



Herr Heinzen llama a una insurrección inmediata. Él tiene panfletos [Heinzen, Teutsche Revolution. Gesammelte Flugschriften]impreso a este efecto e intenta distribuirlos en Alemania. Nos preguntaríamos si arremeter ciegamente con una propaganda tan absurda no es perjudicial en el más alto grado para los intereses de la democracia alemana. Preguntamos si la experiencia no ha demostrado cuán inútil es. Si en un momento de mayor agitación, en los años treinta, cientos de miles de folletos, panfletos, etc., no se distribuyeron en Alemania y si alguno de ellos tuvo algún éxito. Preguntamos si alguien que está en su sano juicio puede imaginar que la gente prestará atención a sermones políticos y exhortaciones de este tipo. Preguntamos si Herr Heinzen alguna vez ha hecho algo más en sus folletos, excepto exhortar y sermonear.

¿Cuál es la tarea de una fiesta de prensa? Debatir, antes que nada, para explicar, exponer, defender las demandas del partido, refutar y refutar las afirmaciones y afirmaciones de la parte contraria. ¿Cuál es la tarea de la prensa democrática alemana? Demostrar la necesidad de la democracia por la inutilidad del gobierno actual, que en general representa a la nobleza, por la insuficiencia del sistema constitucional que lleva a la burguesía al timón, por la imposibilidad de que la gente se ayude mientras lo haga no tiene poder político. Su tarea es revelar la opresión de los proletarios, los pequeños campesinos y la pequeña burguesía urbana, ya que en Alemania estos constituyen el "pueblo", la burocracia, la nobleza y la burguesía; cómo se ha producido no solo la opresión política, sino sobre todo la social, y de qué manera puede ser eliminado; su tarea es mostrar que la conquista del poder político por parte de los proletarios, los pequeños campesinos y la pequeña burguesía urbana es la primera condición para la aplicación de estos medios. Su tarea es, además, examinar hasta qué punto se puede esperar una rápida realización de la democracia, qué recursos puede mandar el partido y a qué otras partes debe aliarse mientras sea demasiado débil para actuar solo. - Bueno, y ¿ha hecho Herr Heinzen incluso una de estas cosas? qué recursos puede mandar el partido y a qué otras partes debe aliarse mientras sea demasiado débil para actuar solo. 



No. Él no se ha metido en tantos problemas. No ha revelado absolutamente nada al pueblo, en otras palabras, a los proletarios, a los pequeños campesinos y a la pequeña burguesía urbana. Él nunca ha examinado la posición de las clases y fiestas. No ha hecho más que jugar variaciones sobre untema: Fight'em, fight'em, fight'em!

¿Y a quién se dirige Herr Heinzen su sermoneo revolucionario? Primero y principalmente a los pequeños campesinos, a esa clase que en nuestros días es menos capaz de tomar una iniciativa revolucionaria. Durante 600 años, todos los movimientos progresistas han emitido tan exclusivamente desde las ciudades que los movimientos democráticos independientes de los campesinos (Wat Tyler, Jack Cade, Jacquerie, la Guerra de los Campesinos [126]) fueron, en primer lugar, manifestaciones siempre reaccionarias y, en segundo lugar, siempre aplastadas. El proletariado industrial de las ciudades se ha convertido en la vanguardia de toda la democracia moderna; la pequeña burguesía urbana y aún más los campesinos dependen completamente de su iniciativa. La Revolución Francesa de 1789 y la historia más reciente de Inglaterra, Francia y los estados del este de América lo demuestran. ¿Y Herr Heinzen espera que los campesinos pelearán ahora, en el siglo diecinueve?

Pero Herr Heinzen también promete reformas sociales. Por supuesto, la indiferencia de la gente hacia sus apelaciones lo ha forzado gradualmente a hacerlo. Y qué tipo de las reformas son estas? Son como los comunistas ellos mismos sugieren en preparación para la abolición de la propiedad privada. El único punto que hace Herr Heinzen merece reconocimiento que ha tomado prestado de los comunistas, a los comunistas a quienes ataca tan violentamente, e incluso eso se reduce a sus manos para decir tonterías y soñar despierto. Todas las medidas para restringir la competencia y la acumulación de capital en manos de individuos, toda restricción o supresión de la ley de herencia, toda organización de trabajo por parte del estado, etc., todas estas medidas no solo son posibles como medidas revolucionarias, sino que en realidad necesario. Son posibles porque todo el proletariado insurgente está detrás de ellos y los mantiene por la fuerza de las armas. Son posibles, a pesar de todas las dificultades y desventajas que les alegan los economistas, porque estas mismas dificultades y desventajas obligarán al proletariado a ir cada vez más lejos hasta que la propiedad privada haya sido completamente abolida, a fin de no volver a perder lo que ya ha ganado. Son posibles como pasos preparatorios, etapas transitorias temporales hacia la abolición de la propiedad privada, pero no de otra manera.

Herr Heinzen, sin embargo, quiere que todas estas medidas sean permanentes y definitivas. No deben ser una preparación para nada, deben ser definitivos. Para él no son un medio sino un fin. No están diseñados para un revolucionario sino para una condición pacífica y burguesa. Pero esto los hace imposibles y al mismo tiempo reaccionarios. Los economistas de la burguesía tienen toda la razón con respecto a Herr Heinzen cuando presentan estas medidas como reaccionarias en comparación con la libre competencia. La libre competencia es la última, más alta y más desarrollada forma de existencia de la propiedad privada. Todas las medidas, por lo tanto, que parten de la base de la propiedad privada y que, sin embargo, están dirigidas contra la libre competencia, son reaccionarias y tienden a restaurar etapas más primitivas en el desarrollo de la propiedad, y por esa razón, deben finalmente ser derrotados una vez más por la competencia y resultar en la restauración de la situación actual. Estas objeciones levanta la burguesía, que pierde toda su fuerza tan pronto como uno considera las reformas sociales anteriores como puramesures de salut public , como medidas revolucionarias y transitorias, estas objeciones son devastadoras en lo que se refiere a la república socialista, negra, roja y dorada de Herr Heinzen.

Herr Heinzen, por supuesto, imagina que las relaciones de propiedad, la ley de herencia, etc., pueden ser alteradas y arregladas a su manera. Herr Heinzen, uno de los hombres más ignorantes de este siglo, puede, por supuesto, no saber que las relaciones de propiedad de cualquier época son el resultado necesario del modo de producción e intercambio de esa época. Es posible que el señor Heinzen no sepa que no se puede transformar la propiedad de la tierra en gran escala en pequeña escala sin que se modifique todo el modelo de la agricultura, y que, de otro modo, la propiedad de la tierra en gran escala se reafirmará rápidamente. Herr Heinzen puede no saber qué relación estrecha existe entre la industria en gran escala de hoy, la concentración de capital y la creación del proletariado.

En resumen: con los comunistas estas medidas tienen sentido y razón porque no se conciben como medidas arbitrarias, sino como consecuencias que necesariamente y por sí mismas resultarán del desarrollo de la industria, la agricultura, el comercio y las comunicaciones, del desarrollo de la lucha de clases entre burguesía y proletariado que depende de estos; que no se traducirá en medidas definitivas sino transitorias, mesures de salut public quesurgen de la lucha transitoria entre las clases mismas.

Con Herr Heinzen, no tienen ni sentido ni razón, porque toman la forma de visiones burdamente burdamente concebidas y arbitrariamente arbitrarias de poner al mundo en el derecho; porque no se menciona una conexión entre estas medidas y el desarrollo histórico; porque Herr Heinzen no está en absoluto preocupado por la viabilidad material de sus propuestas; porque no es su objetivo formular necesidades industriales sino, por el contrario, anularlas por decreto.

El mismo Herr Heinzen, que solo puede adoptar las demandas de los comunistas después de haberlas confundido y transformarlas en fantasías puras, ese mismo Hern Heinzen critica a los comunistas por "confundir las mentes de los incultos", por "perseguir fantasías". "Y por" no poder mantener los pies en el suelo (!) De la realidad "!

Ahí tenemos a Herr Heinzen en toda su actividad como agitador, y no dudamos en nuestra opinión de que solo trae daño y descrédito a todo el partido radical alemán. Un escritor del partido requiere cualidades muy diferentes de las poseídas por Herr Heinzen, quien, como dijimos, es uno de los hombres más ignorantes de nuestro siglo. Herr Heinzen puede tener la mejor voluntad del mundo, puede ser el hombre más firme en sus convicciones en toda Europa. También sabemos que él es personalmente un hombre de honor y tiene coraje y resistencia. Pero todo eso no lo convierte en un escritor del partido. Para ser eso, uno requiere más que convicciones, buena voluntad y una voz estentórea, para ser eso, uno requiere un poco más de inteligencia, un poco más de lucidez, un mejor estilo y más conocimiento que Herr Heinzen posee y, como la experiencia ha demostrado.

El vuelo de Herr Heinzen lo ha enfrentado con la necesidad de convertirse en escritor de partidos, sin embargo. Se vio obligado a intentar formar un partido propio entre los radicales. De este modo, se metió en una situación en la que no estaba a la altura, en la que a través de sus infructuosos esfuerzos por satisfacer las demandas de esta situación, solo se pone a sí mismo ridículo. Haría que los radicales alemanes parecieran igualmente ridículos si le dejaban fingir que los representaba, que se estaba poniendo ridículo en su nombre.

Pero Herr Heinzen no representa a los radicales alemanes. Tienen otros representantes, por ejemplo, Jacoby y otros. Herr Heinzen no representa a nadie y no es reconocido por nadie como su representante, aparte quizás de algunos pocos burgueses alemanes que le enviaron dinero con fines de agitación. Pero estamos equivocados: una clase en Alemania lo reconoce como su representante, lo adora y le ruge la cabeza, grita tablas enteras de bebedores en las tabernas para él (justo como, según Herr Heinzen, los comunistas "salen -gritó toda la oposición literaria "). Esta clase es la clase numerosa, ilustrada, noble e influyente de commis-voyageurs . [viajeros comerciales]

¿Y este señor Heinzen exige que los comunistas lo reconozcan como representante de la burguesía radical y debatan con él en esa capacidad?

Por el momento, estas son razones suficientes para justificar la polémica que los comunistas están llevando a cabo contra Herr Heinzen. En el próximo número investigaremos las críticas que Herr Heinzen hace de los comunistas en el número 77 del periódico

Si no estuviéramos completamente convencidos de que Herr Heinzen es totalmente incompetente como escritor de un partido, le aconsejaríamos que someta a la Misère de la Philosophie de Marx a un estudio detallado. Pero tal como están las cosas, en respuesta a su consejo para que leamos Neue Politik de Fröbel , solo podemos darle el consejo alternativo de mantener un silencio absoluto y esperar en silencio hasta que "comience la lucha". Estamos convencidos de que Herr Heinzen será tan buen comandante de batallón como mal escritor.

Para que Herr Heinzen no pueda quejarse de ataques anónimos, firmamos este artículo.

F. Engels

                                           Segundo artículo

Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 80, 7 de octubre de 1847

Los comunistas -estamos establecido en el primer artículo- están atacando a Heinzen no porque no sea comunista, sino porque es un mal escritor democrático del partido. Lo están atacando no en su calidad de comunistas, sino en su calidad de demócratas. Es pura coincidencia que son precisamente los comunistas quienes han abierto la polémica contra él; incluso si no hubiera comunistas en absoluto en el mundo, los demócratas aún tendrían que tomar el campo contra Heinzen. En toda esta controversia, solo se trata de: 1. si Herr Heinzen, como escritor y agitador del partido, es capaz de servir a la democracia alemana, lo que negamos; 2. Si la manera de agitación de Herr Heinzen es correcta, si es meramente tolerable, lo cual también negamos. Por lo tanto, no se trata de comunismo ni de democracia, sino solo de la persona de Herr Heinzen y sus excentricidades personales.

Lejos de comenzar inútiles disputas con los demócratas, en las circunstancias actuales, los comunistas por el momento toman el campo como demócratas en todos los asuntos prácticos del partido. En todos los países civilizados, la democracia tiene como consecuencia necesaria el gobierno político del proletariado, y el gobierno político del proletariado es la primera condición para todas las medidas comunistas. Mientras no se haya logrado la democracia, los comunistas y los demócratas lucharán tanto tiempo juntos, por lo tanto, los intereses de los demócratas son al mismo tiempo los de los comunistas. Hasta ese momento, las diferencias entre las dos partes son de naturaleza puramente teórica y pueden perfectamente debatirse en un nivel teórico sin que se perjudique de ninguna manera la acción común. En efecto,

Ahora a Herr Heinzen.

Herr Heinzen declara que los comunistas habían comenzado una pelea con él, no él con ellos. El conocido argumento del porteador de calle, entonces, que le concederemos fácilmente. Él llama a su conflicto con los comunistas "la división absurda que los comunistas han provocado en el campo de los radicales alemanes". Dice que, hasta hace tres años, había estado preocupado por evitar la división que se acercaba tanto como sus poderes y circunstancias lo permitían. Estos esfuerzos infructuosos fueron seguidos, dice, por ataques a él por parte de los comunistas.

Herr Heinzen, como todos saben perfectamente, todavía no estaba en el campo radical hace tres años. En ese momento Herr Heinzen era progresista dentro de la ley y liberal. Por lo tanto, una división con él no era una división en el campo de los radicales.

Herr Heinzen se encontró con algunos comunistas aquí en Bruselas a principios de 1845. Lejos de atacar a Herr Heinzen por su ostensible radicalismo político, se tomaron la mayor molestia para llevar al entonces liberal Herr Heinzen a este radicalismo. Pero en vano. Herr Heinzen solo se convirtió en demócrata en Suiza

"Más tarde me convencí cada vez más (!) De la necesidad de una lucha enérgica contra los comunistas", en otras palabras, de la necesidad de una división absurda en el campo radical. Preguntamos a los demócratas alemanes si alguien que se contradice a sí mismo tan absurdamente está preparado para ser un escritor de partidos.

¿Pero quiénes son los comunistas por quienes Herr Heinzen afirma que fue atacado? Las insinuaciones anteriores y particularmente los reproches que se producen contra los comunistas muestran quién fue claramente. Los comunistas, leemos,
"Gritaban por todo el campo de la oposición literaria, confundiendo las mentes de los incultos, censurando incluso a los hombres más radicales de la manera más desinhibida, ... intentaban paralizar la lucha política en la medida de lo posible, ... de hecho, finalmente se estaban aliando positivamente ... incluso con la reacción. Además, a menudo descendieron, obviamente como resultado de su doctrina, a base y falsas intrigas en la vida práctica ...... 

de la niebla y la vaguedad de estas críticas se cierne una figura fácilmente reconocible: la del pirata literario, Herr Karl Grün. Hace tres años, Herr Grün tuvo algunos tratos personales con Herr Heinzen, después de lo cual Herr Grün atacó a Herr Heinzen en el Trier'sche Zeitung , Herr Grün intentó vencer a todo el campo de la oposición literaria, Herr Grün se esforzó por paralizar la lucha política como lejos, como sea posible, etc.

Pero, ¿desde cuándo Herr Grün ha sido un representante del comunismo? Si se lanzó sobre los comunistas hace tres años, nunca ha sido reconocido como comunista, nunca se ha declarado abiertamente como comunista, y hace más de un año creyó oportuno lanzar una ofensa contra los comunistas.

Además, incluso en ese momento, para beneficio de Herr Heinzen, Marx repudió a Herr Grün, al igual que más tarde le mostró públicamente sus verdaderos colores en la primera oportunidad

Con respecto a la última insinuación "base y falsa" de Herr Heinzen acerca de los comunistas, un incidente que ocurrió entre Herr Grün y Herr Heinzen, y nada más, está detrás de esto. Este incidente concierne a los dos caballeros en cuestión y no a los comunistas en absoluto. Ni siquiera estamos tan familiarizados con este incidente como para poder juzgarlo. Pero supongamos que Herr Heinzen está en lo cierto. Si luego, después de que Marx y otros comunistas repudiaran a su adversario, después de haber demostrado sin lugar a dudas que su adversario nunca fue comunista, si Herr Heinzen todavía presenta el incidente como una consecuencia necesaria de la doctrina comunista, es monstruosamente pérfido de él.

Y, además, si en sus reproches anteriores Herr Heinzen tiene en mente a otras personas además de Herr Grün, solo puede significar aquellos verdaderos socialistas cuyas teorías ciertamente reaccionarias han sido repudiadas hace tiempo por los comunistas. Todos los miembros de este movimiento ahora completamente disuelto que son capaces de aprender algo han pasado a manos de los comunistas y ahora están atacando al verdadero socialismo dondequiera que se presente. Herr Heinzen vuelve a hablar con su habitual ignorancia crasa cuando una vez más deshace estas visiones abrumadas para colocarlas en la puerta de los comunistas. Mientras Herr Heinzen aquí reprocha a los verdaderos socialistas, a quienes confunde con los comunistas, posteriormente hace las mismas críticas sin sentido a los comunistas que los verdaderos socialistas. Por lo tanto, ni siquiera tiene el derecho de atacar a los verdaderos socialistas, él pertenece, en cierto sentido, a ellos él mismo. Y mientras los comunistas escribían duros ataques contra estos socialistas, el mismo Herr Heinzen estaba sentado en Zurich siendo iniciado por Herr Ruge en aquellos fragmentos del verdadero socialismo que habían encontrado un nicho para sí mismos en el confuso cerebro de este último. ¡Herr Ruge había encontrado un alumno digno de él!

¿Pero qué hay de los verdaderos comunistas entonces? Herr Heinzen habla de excepciones honorables y hombres talentosos, de quienes prevé que rechazarán la solidaridad comunista (!). Los comunistas ya han rechazado la solidaridad con los escritos y las acciones de los verdaderos socialistas. De todos los reproches anteriores, ni uno solo se aplica a los comunistas, a menos que sea la conclusión de todo el pasaje, que dice lo siguiente:

"Los comunistas ... en la arrogancia de su supuesta superioridad se rieron despreciando todo lo que es indispensable para formar la base de una asociación de personas honorables ".

Herr Heinzen aparece, aludiendo aquí al hecho de que los comunistas se han burlado de su actitud severamente moral y se han burlado de todas esas ideas sagradas y sublimes, virtud, justicia, moralidad, etc., que Herr Heinzen imagina que forman la base de toda la sociedad. Aceptamos este reproche. Los comunistas no permitirán la indignación moral de ese honorable Herr Heinzen para evitar que se burlen de estas verdades eternas. Los comunistas, por otra parte, sostienen que estas verdades eternas no son de ninguna manera la base, sino todo lo contrario, el producto de la sociedad en la que aparecen

Si, por cierto, Herr Heinzen previó que los comunistas rechazarían la solidaridad con aquellas personas a las que se toma en serio asociarse con ellas, ¿de qué sirven todos sus absurdos reproches e insinuaciones mentirosas? Si el señor Heinzen sólo conoce los comunistas de oídas, ya que casi parece ser el caso, si sabe tan poco lo que son que exige que deben designarse más de cerca, y por así decirlo introducir a sí mismos a él, lo descaro es esto, exhibe en polemicising contra ellos

"Una designación de aquellos ... que ... en realidad representan el comunismo o lo manifiestan en su forma pura ... probablemente tendrían que excluir completamente a la gran mayoría de aquellos que se basan en el comunismo y son usados ​​para ello , y lo haría difícilmente serían las personas del Trier'sche Zeitung las únicas que protestarían en contra de la afirmación de tal reclamo ".

Y unas pocas líneas más tarde:

"A los que son realmente comunistas ahora se les debe permitir la consistencia y la honestidad " (¡qué filisteo decente habla aquí!) "De presentar y profesar abiertamente su doctrina y declarar su disociación de aquellos que no son comunistas ... Están bajo la obligación moral "(cuán típicas son estas expresiones de filisteo)" no mantener inescrupulosamente (!) la confusión que se crea en las mentes de mil mentes sufridas e incultas por la imposibilidad (!!), soñado o anunciado falsamente como una posibilidad, de encontrar un camino, basado en condiciones reales, para implementar esa doctrina (!). Es el deber"(El filisteo otra vez)" de los comunistas reales, ya sea completamente para aclarar las cosas para todos sus adherentes no iluminados y para conducirlos a un objetivo definido, o bien para desprenderse de ellos y no usarlos”.

Si Herr Ruge hubiera producido estos últimos tres períodos, podría haber estado muy contento. Combinando completamente las demandas filisteas es la confusión filistea del pensamiento, que se refiere solo al asunto y no a la forma y por esa misma razón dice exactamente lo contrario de lo que quiere decir. Herr Heinzen exige que los verdaderos comunistas se separen de los que simplemente parecen. Deberían poner fin a la confusión que (eso es lo que él quiere decir) surge de la confusión de dos tendencias diferentes. Pero tan pronto como las dos palabras "comunistas" y "confusión" colisionan en su mente, la confusión surge allí también. Herr Heinzen pierde el hilo; su fórmula constantemente reiterada, que los comunistas en generales tán confundiendo las mentes de los incultos, lo hacen tropezar, se olvida de los verdaderos comunistas y de los comunistas irreales, tropieza con una torpeza absurda sobre una serie de imposibilidades soñadas o anunciadas falsamente como posibilidades, y finalmente cae de bruces sobre el sólido terreno de condiciones reales, donde recupera su facultad de reflexión. Ahora se le recuerda que tenía la intención de hablar sobre algo bastante diferente, que no se trataba de si esto o eso era posible. Él vuelve a su tema, pero todavía está tan aturdido que ni siquiera tacha esa frase magnífica en la que ejecutó el salto mortal que acabo de describir.

Demasiado para el estilo. En cuanto al asunto, repetimos que, sinceramente alemán, Herr Heinzen llega demasiado tarde con sus demandas, y que los comunistas repudiaron a los verdaderos socialistas hace mucho tiempo. Pero luego vemos aquí una vez más que la aplicación de insinuaciones astutas no es de ninguna manera irreconciliable con el carácter de un filisteo decente. Herr Heinzen lo da con la suficiente claridad para que se entienda que los escritores comunistas solo están usando a los trabajadores comunistas. Él dice en casi tantas palabras que si estos escritores avanzaran abiertamente con sus intenciones, la gran mayoría de aquellos que están siendo usados ​​para el comunismo serían excluidos por completo. Considera a los escritores comunistas como profetas, sacerdotes o predicadores que poseen una sabiduría secreta propia, pero la niegan a los incultos para mantenerlos en la vanguardia, ser aclarado para los no iluminados y que estas personas no deben ser usadas, obviamente proceden de la suposición de que los representantes literarios del comunismo tienen interés en mantener a los trabajadores en la oscuridad, como si lo fueran. Meramente usarlos, tal como los Illuminati [127] deseaban usar a la gente común en el siglo pasado. Esta idea insípida también hace que Herr Heinzen irrumpa con conversaciones siempre inoportunas sobre la confusión en las mentes de los no educados, y lo obliga, como una pena por no decirlo claramente, a realizar saltos mortales estilísticos.

Simplemente tomamos nota de estas insinuaciones, no tenemos problemas con ellas. Dejamos que los trabajadores comunistas juzguen ellos mismos.

Finalmente, después de todos estos preliminares, desviaciones, llamados, insinuaciones y saltos mortales del señor Heinzen, llegamos a sus ataques teóricos y reflexiones sobre los comunistas.

Herr Heinzen

"Discierne el núcleo de la doctrina comunista simplemente en ... la abolición de la propiedad privada (incluida la ganada a través del trabajo) y en el principio de la utilización comunitaria de las riquezas de la tierra que se deriva inevitablemente de esa abolición".

Herr Heinzen imagina que el comunismo es una cierta doctrina que parte de un principio teórico definido como su núcleo y extrae conclusiones adicionales de eso. Herr Heinzen está muy equivocado. El comunismo no es una doctrina sino un movimientono procede de principios sino de hechosLos comunistas no se basan en esta o aquella filosofía como punto de partida, sino en todo el curso de la historia previa y, específicamente, en sus resultados reales en los países civilizados en la actualidadEl comunismo ha seguido desde la industria a gran escala y sus consecuencias, desde el establecimiento del mercado mundial, de la competencia desinhibida concomitante, crisis comerciales cada vez más violentas y más universales, que ya se han convertido en crisis del mercado mundial, desde la creación del proletariado y la concentración del capital, de la subsiguiente lucha de clases entre el proletariado y la burguesíaEl comunismo, en la medida en que es una teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la suma teórica de las condiciones para la liberación del proletariado.

Herr Heinzen ahora sin duda se dará cuenta de que al evaluar el comunismo tiene que hacer algo más que discernir su núcleo simplemente en la abolición de la propiedad privada; que haría mejor en emprender ciertos estudios en economía política que charlar salvajemente sobre la abolición de la propiedad privada; que no puede saber, en primer lugar, las consecuencias de la abolición de la propiedad privada si no conoce sus condiciones.

Sin embargo, a este respecto, Herr Heinzen trabaja bajo tal ignorancia que incluso dice que "la utilización comunitaria de las riquezas de la tierra" (otra bella expresión) es la consecuencia de la abolición de la propiedad privada. Exactamente lo contrario es el caso. Debido a que la industria en gran escala, el desarrollo de la maquinaria, las comunicaciones y el comercio mundial están asumiendo proporciones tan gigantescas que su explotación por capitalistas individuales se vuelve cada día más imposible; porque las crecientes crisis del mercado mundial son la prueba más sorprendente de esto; porque las fuerzas productivas y los medios de intercambio que caracterizan el modo actual de la producción y el intercambio son cada vez más frecuentes que el intercambio individual y la propiedad privada puede gestionar; porque, en una palabra, se acerca el momento en que la gestión comunitaria de la industria, de la agricultura y del intercambio se convertirá en una necesidad material para la industria, la agricultura y el intercambio, por esta razón la propiedad privada será abolida.

Entonces cuando Herr Heinzen separa forzosamente la abolición de la propiedad privada, que es por supuesto la condición para la liberación del proletariado, de las condiciones que se le atribuyen, cuando lo considera completamente fuera de toda conexión con el mundo real simplemente como un marfil -la fantasía de la torre, se convierte en un puro cliché del que solo puede hablar tonterías absurdas. Esto lo hace de la siguiente manera:

"Por el descarte arriba mencionado de toda la propiedad privada ..., el comunismo necesariamente también anula la existencia individual. "(Así que Herr Heinzen nos está reprochando por querer convertir a las personas en gemelas siamesas)." La consecuencia de esto es una vez más ... la incorporación de cada individuo en una quizás (!!) barracas organizadas comunalmente ... economía. "(¿El lector amablemente notaría que esto es solo la consecuencia de los propios y absurdos comentarios de Herr Heinzen sobre la existencia individual?)" Por estos medios, el comunismo destruye ... la individualidad ... la independencia ... la libertad ". (El mismo viejo chisme como lo habíamos hecho de los verdaderos socialistas y la burguesía. Como si hubiera una individualidad que destruir en los individuos a quienes la división del trabajo ha convertido hoy contra su voluntad en zapateros, obreros, burgueses, abogados, campesinos, en otras palabras, en esclavos de una forma particular de trabajo y de las costumbres, modo de vida, prejuicios y actitudes ciegas, etc.,¡que van con esa forma de trabajo!) "Sacrifica a la persona individual con su atributo o base necesaria" (que "o "es maravilloso") de la propiedad privada ganada al "fantasma de la comunidad o sociedad" (¿está Stirner aquí también?), "mientras que la comunidad no puede y no debería" (¡¡no debería !!) "ser el objetivo pero solo los medios para cada persona individual ".


Herr Heinzen concede particular importancia a la propiedad privada ganada y, al hacerlo, demuestra una vez más su falta de familiaridad con el asunto sobre el que está hablando. La justicia filistea de Herr Heinzen, que permite a cada hombre lo que ha ganado, lamentablemente se ve frustrada por la industria en gran escala. Mientras la industria en gran escala no esté tan avanzada que se libere por completo de los grilletes de la propiedad privada, en la medida en que no permita otra distribución de sus productos que la que está ocurriendo actualmente, el capitalista se quedará con sus ganancias y el trabajador sabe cada vez más por práctica lo que es un salario mínimo. M. Proudhon intentó desarrollar un sistema para ganar propiedad que lo relacionaría con las condiciones existentes, y, como todos sabemos, fracasó espectacularmente. Herr Heinzen, es cierto, nunca arriesgará un experimento similar, porque para hacerlo necesitaría estudiar y no lo hará. Pero deje que el ejemplo del señor Proudhon le enseñe a exponer su propiedad ganada menos al escrutinio público.


Y si Herr Heinzen reprocha a los comunistas por perseguir fantasías y no mantener los pies en la realidad, ¿a quién se aplica correctamente este reproche?

Herr Heinzen continúa diciendo una serie de otras cosas en las que no necesitamos entrar. Simplemente observamos que sus oraciones empeoran a medida que avanza. La torpeza de su lenguaje, que nunca puede encontrar la palabra correcta, sería suficiente para desacreditar a cualquier partido que lo reconociera como su representante literario. La solidez de su convicción le hace decir constantemente algo muy diferente de lo que intenta decir. Por lo tanto, cada una de sus oraciones contiene un doble sinsentido: en primer lugar, las tonterías que intenta decir, y en segundo lugar, el que no tiene la intención de decir pero que, sin embargo, dice. Le dimos un ejemplo de esto arriba. Estado realmente basado en la justicia (!) Y dentro de esta estructura de fantasía


"Emprender todas aquellas reformas sociales que han surgido en el curso de los eventos m generales (!), Como correctas (!) En teoría y posibles (!) En la práctica".

Sus intenciones son tan buenas como su estilo es malo, y ese es el destino de los bien intencionados en este mundo malo.

De la seducción del Zeitgeist,
sansculotte alimentado por la Naturaleza
Bailando mal, pero aún teniendo
Buenas intenciones en un pecho áspero;
. . . . . . . . . . . . . .
Vacío de talento, pero un personaje.
[Heine, Atta Troll]

Nuestros artículos llenarán a Herr Heinzen con toda la justa indignación de un indignante filisteo indignado, pero a pesar de todo, no va a renunciar ni a su estilo de escritura ni a su manera de agitación inadmisible e ineficaz. Descubrimos su amenaza de encerrarnos en la farola más cercana cuando el día de acción y decisión resulta más entretenido.

En resumen: los comunistas deben cooperar con los radicales alemanes y desean hacerlo. Pero se reservan el derecho de atacar a cualquier escritor que desacredite a todo el partido. Esta, y ninguna otra, fue nuestra intención al atacar a Heinzen

Bruselas, 3 de octubre de 1847

F. Engels

NB Acabamos de recibir un panfleto escrito por un trabajador [Stephan Born] : Der Heinzen'sche Staat, eine Kritik von Stephan , Bern, Rätzer. Si Herr Heinzen escribió la mitad de bien que este trabajador, podría estar muy satisfecho. A partir de este folleto, Herr Heinzen puede ver con claridad, entre otras cosas, por qué los trabajadores no quieren tener nada que ver con su república campesina. También observamos que este folleto es el primero escrito por un trabajador que no adopta una actitud moral sino que intenta rastrear las luchas políticas del presente hacia la lucha de las diversas clases de la sociedad entre sí.





[124] 
124 Los dos artículos de Engels contra Karl Heinzen fueron escritos en respuesta a los ataques difamatorios de este pequeño burgués demócrata contra los comunistas y el comunismo como una tendencia social. En particular, la columna Polemik del Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 77 del 26 de septiembre de 1847 contenía la declaración de Heinzen en la que, entre otras cosas, acusaba a los comunistas de intentar dividir el movimiento revolucionario alemán. Heinzen utilizó como pretexto una nota editorial en el número 73 de la Deutsche-Brüsseler-Zeitung , del 12 de septiembre de 1847, en la que, al refutar la acusación de un determinado periódico alemán, se publicó el artículo "Der deutsche Hunger und die deutschen Fürsten" en Deutsche-Brüsseler-Zeitung(No. 49, 20 de junio de 1847) era de carácter comunista, los editores señalaron que el autor de dicho artículo era Heinzen, quien "como se sabe ... atacó repetidamente al comunismo". Al publicar la respuesta de Heinzen a esta nota, Adalbert Bornstedt, el editor en jefe del periódico, en lugar de refutar las insinuaciones que contenía, pidió el apaciguamiento entre "varias sombras de revolucionarios alemanes en el exterior"; en particular, escribió en nombre de los editores: "Consideramos que es nuestro deber aconsejar a ambas partes en caso de que surja una polémica en otro lugar para renunciar a ella".

Como se ve en la carta de Engels del 30 de septiembre de 1847 a Marx, el primer artículo con una respuesta a Heinzen fue presentado al Deutsche-Brüsseler-Zeitung el 27 de septiembre. Sin embargo, Bornstedt, a pesar de su acuerdo con Marx y Engels sobre su contribución regular al periódico, no publicó el artículo de Engels en el próximo número (No. 78) con el pretexto de la falta de espacio. Obligado a publicarlo en el número 79 el 3 de octubre de 1847 en la columna de Polemik, repitió una vez más en la nota editorial su llamamiento a ambas partes para evitar acusaciones mutuas.

125 Heinzen visualizó el futuro de Alemania como una federación republicana de tierras autónomas, similar a la Confederación Suiza. Este fue el significado dado por muchos demócratas pequeñoburgueses a la consigna de la unidad alemana, cuyo símbolo era la bandera negra, roja y dorada. Marx y Engels consideraban que tal interpretación del lema era inconsistente con la lucha contra las supervivencias de la reclusión medieval y la desunión política. Para oponerse a esto, presentaron la demanda de una sola república democrática centralizada de Alemania.

126 Engels enumera algunas de las principales rebeliones campesinas de la Edad Media: las rebeliones de Wat Tyler (1381) y Jack Cade (1450) en Inglaterra, la revuelta campesina en Francia en 1358 (Jacqueric) y la guerra campesina en Alemania (1524-25). En años posteriores, como resultado del estudio de la historia de la lucha campesina contra el feudalismo y basándose en la experiencia de las acciones revolucionarias del campesinado durante la revolución de 1848-1849, Engels cambió su estimación del carácter de los movimientos campesinos. En The Peasant War in Germany (1850) y en otras obras mostró el carácter revolucionario de la liberación de las revueltas campesinas y su papel en sacudir los cimientos del feudalismo.

127 Los Illuminati (del latín illuminatus ) - miembros de una sociedad secreta fundada en Baviera en 1776, una variedad de Francmasonería. La sociedad consistía en elementos aposicionables de la burguesía y la nobleza, que estaban insatisfechos con el despotismo principesco. Al mismo tiempo, un rasgo característico de esta sociedad era el miedo al movimiento democrático, reflejado en las reglas, que hacía que los miembros de la base fueran ciegos. herramientas de sus líderes. En 1785, la sociedad fue prohibida por las autoridades bávaras. Sociedades similares existieron también en España y Francia.


En inglés
Obras de Frederick Engels
La guerra campesina en Alemania








En castellano
Friedrich Engels
LA GUERRA DE LOS CAMPESINOS EN ALEMANIA
Primera vez publicado: En los números 5 y 6 de la Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue, dirigida por Karl Marx, en Hamburgo, 1850.  



Segundo artículo
Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 80, 7 de octubre de 1847




Carlos Marx LA CRÍTICA MORALIZANTE O LA MORAL CRÍTICA.
CONTRIBUCION A LA HISTORIA DE LA CIVILIZACION ALEMANA.
CONTRA CARLOS HEINZEN

Escrito: El presente texto fue escrito por Marx a fines de octubre de 1847.
Primera vez publicado: En 1847 en varias ediciones de Deutsche-Brüsseler-Zeitung.  La porción aquí reproducida -las tres últimas partes de cinco en total- se publicó en los nos. 90 (11 de noviembre),  92 (18 de noviembre) y 94 (25 de noviembre).

Traducción al castellano: La traducción fue realizada por Carlos Liacho y publicada en Buenos Aires en 1938 por Editorial Claridad al final de F. Engels & C. Marx, La Sagrada Familia, o Crítica de la crítica crítica.  El presente ha sido tomado de la 2da. ed. de 1971, págs. 239-263.

Transcripción/HTML: Julio Rodríguez/Juan R. Fajardo, 2011.

Esta edición digital: Marxists Internet Archive, 2011.   Corregido el 20 de marzo de 2013, gracias a la gentil ayuda del Sr. Pedro Vivono.

Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 90, noviembre 11, 1847

 ¡Pero dejemos que el buen hombre se deleite cómodamente con su propio valor! Veamos con él los pasajes en que cree ir al fondo de la cuestión. En todos ellos encontraremos el mismo método.

"No es culpa mía que el señor Engels y nuestros comunistas sean demasiado ciegos para comprender que la fuerza domina igualmente a la propiedad y que la injusticia en el estado de propiedad es mantenida únicamente por la fuerza. Loco o malvado, así llamo a cualquiera que ataque a un burgués a causa del dinero que gana y deje tranquilo a un rey a propósito del poder que adquiere".


"La fuerza domina igualmente a la propiedad". En todo caso, también la propiedad es una especie de fuerza o poder. Así, por ejemplo, los economistas llaman al capital "el poder sobre el bien ajeno". Nos hallamos, pues, en presencia de dos especies de poder: por una parte, el poder de la propiedad, es decir, de los propietarios, y, por otra parte, el poder político, el poder del Estado. Decir: "La fuerza domina igualmente a la propiedad", equivale a decir: la propiedad no está en manos del poder político y éste, al contrario, no deja de vejarla, por ejemplo, mediante impuestos arbitrarios, confiscaciones, privilegios, intromisión molesta de la burocracia en la industria, el comercio, etc.

En otros términos: la burguesía aún no está constituida políticamente como clase, y el poder político todavía no es su poder personal. En los países donde la burguesía ya conquistó el poder político, donde la dominación política no es otra cosa que la supremacía, no del burgués aislado sobre sus obreros, sino de la clase burguesa sobre el conjunto de la sociedad, la frase del señor Heinzen ha perdido su significado. Naturalmente, los que nada poseen no son afectados por el poder político, en cuanto éste se refiere directamente a la propiedad. Mientras que el señor Heinzen creía enunciar, pues, una verdad tan eterna como original, ha enunciado simplemente este hecho: La burguesía alemana debe conquistar el poder político. Sólo enuncia patéticamente, como una verdad eterna, la relación pasajera de la burguesía alemana con el poder político alemán, y así muestra cómo se puede hacer un "núcleo sólido" de un "movimiento".

"La injusticia en el estado de la propiedad -continúa el señor Heinzen-es mantenida únicamente por la fuerza". O bien Heinzen sólo entiende "por injusticia en el estado de la propiedad" a la presión, mencionada anteriormente, que aún soporta la burguesía alemana -incluso en sus intereses "más sagrados"-, ejercida por la monarquía absoluta y, en este caso, repite lo que acaba de decir; o bien entiende por "injusticia en el estado de la propiedad", la situación económica de los obreros, y entonces el sentido de su revelación es el siguiente: el actual estado burgués de la sociedad es "mantenido" por el poder del Estado, poder que la burguesía ha organizado para la protección de sus propias condiciones de propiedad. Es necesario, pues, que los proletarios destruyan el poder político en todos los lugares en que ya se encuentra en manos de la burguesía. Es necesario que ellos mismos devengan el poder, el poder revolucionario. Una vez más, Heinzen dice inconscientemente lo que dijo Engels, pero siempre con la ingenua convicción de decir lo contrario. No piensa lo que dice y no dice lo que piensa.


Por lo demás, si la burguesía mantiene políticamente, esto es, por su poder político, "la injusticia en el estado de la propiedad", no es ella quien la crea. "La injusticia en el estado de la propiedad, tal como es condicionada por la moderna división del trabajo, por la forma moderna del cambio, de la concurrencia, de la concentración, etc., para nada tiene su origen en la supremacía política de la burguesía; por el contrario, la supremacía política de la burguesía tiene su origen en esas condiciones modernas de la producción, que los economistas burgueses proclaman leyes necesarias y eternas. Si el proletariado destruye, por lo tanto, la supremacía política de la burguesía, su victoria sólo será pasajera, un simple factor al servicio de la misma revolución burguesa, como lo fue en 1794, mientras que en el curso de la historia, es decir, en su "movimiento", no se encuentren creadas las condiciones materiales que hagan necesarias la derogación del modo de producción burgués y, por consecuencia, la caída definitiva de la supremacía política burguesa. En Francia, el Terror no debía servir, pues, más que para hacer desaparecer como por encantamiento, bajo sus terribles martillazos, las ruinas feudales del territorio francés. Con sus concepciones timoratas y demasiado conciliantes, la burguesía habría necesitado varias decenas de años para terminar esta tarea. En consecuencia, la intervención sangrienta del pueblo no hizo más que prepararle el terreno. Del mismo modo, la caída de la monarquía absoluta sólo sería momentánea, si las condiciones económicas necesarias para la supremacía de la clase burguesa no hubiesen llegado aún a la madurez. Los hombres se construyen un mundo nuevo no con "bienes terrenales" -como lo cree la superstición grosera-, sino con las conquistas históricas de su mundo a punto de naufragar. En el curso de la evolución, necesitan producir ellos mismos las condiciones materiales de una nueva sociedad, y ningún esfuerzo del espíritu y de la voluntad puede substraerlos a este destino.

Toda la rusticidad del "buen sentido" que toma "en plena vida" y no deja atrofiar sus disposiciones naturales ni por estudios filosóficos, ni por otros estudios, puede caracterizarse de la siguiente manera: cuando logra ver la diferencia no ve la unidad, y cuando consigue ver la unidad no ve la diferencia. Cuando establece caracteres distintivos, éstos se petrifican inmediatamente entre sus manos; y considera como la sofística más condenable el hacer arder a esos conceptos informes frotándolos entre sí. Cuando, por ejemplo, dice que el dinero y el poder, la propiedad y el poder, la adquisición del dinero y la adquisición del poder no son la misma cosa, enuncia una tautología ya implícita en los mismos términos; y esta simple distinción de las palabras la considera como un descubrimiento que hace valer -con toda la conciencia de un hombre que ve claro- en contra de los comunistas, bastante ciegos para no detenerse en esta primera constatación pueril.


Si quiere darse cuenta rápidamente de cómo "la adquisición del dinero" se transforma en "adquisición de poder" y la "propiedad" en "poder político", y cómo, por consecuencia, la diferenciación bien neta que el señor Heinzen sanciona como un dogma, es más bien substituida por relaciones de ambos poderes, y esto hasta el momento de su reunión, el señor Heinzen solamente tiene que ver lo que ha pasado: los siervos han comprado su libertad; las comunas han adquirido los derechos municipales; los burgueses han substraído, por una parte, mediante el comercio y la industria, el dinero de los bolsillos de los señores feudales, cuyas propiedades fundiarias, además, han hecho volatilizar en letras de cambio, y por otra parte, ayudaron a la monarquía absoluta a triunfar sobre los grandes señores feudales así minados, y le compraron privilegios, del mismo modo que después explotaron las crisis financieras de la monarquía absoluta, etc., etc.; gracias al sistema de la deuda pública -producto de la industria moderna y del comienzo moderno-, las monarquías más absolutas cayeron bajo la dependencia de los barones de la finanza; en las relaciones internacionales de los pueblos, el monopolio industrial se transforma inmediatamente en supremacía política; y es así cómo los príncipes de la Santa Alianza no fueron más que lansquenetes a sueldo de Inglaterra en la guerra de la independencia alemana, etc.


Pero dedicándose con su testarudez grosera a convertir esas diferencias -tales como las diferencias entre la adquisición del dinero y la adquisición del poder-, en verdades eternas (teniendo, naturalmente, tal o cual expresión), en dogmas inquebrantables, el buen sentido se pone en la ubicación soñada para verter su indignación sobre "la ceguera, la imbecibilidad, la "corrupción" de los adversarios de esos artículos de fe-placer que en sus ardientes expecto-raciones debe, asimismo, dar el caldo donde nadan, pobres y resecas, escasísimas verdades.

El señor Heinzen vivirá lo suficiente para ver, incluso en Prusia, al poder de la propiedad realizando un casamiento forzado con el poder político. Escuchémosle todavía: "Ustedes quieren orientar a nuestra época particularmente hacia las cuestiones sociales, y no se dan cuenta que no existe cuestión social más importante que la cuestión de la realeza o de la república". Recién el señor Heinzen no veía más que la diferencia entre el poder financiero y el poder político, y ahora no ve más que la unidad entre la cuestión política y la cuestión social. Es cierto que, además, ve "la ceguera ridícula" y "la mentalidad cobarde y despreciable" de sus antípodas.


Las relaciones políticas de los hombres son también, naturalmente, relaciones sociales, como todas las relaciones en que los hombres se encuentran frente a otros hombres. Todas las cuestiones que se refieren a las relaciones de los hombres entre sí son, pues, asimismo, cuestiones sociales. Mediante esta concepción -que tiene un lugar apropiado en un catecismo para niños de ocho años-, esta ingenuidad grosera cree haber dicho no sólo algo, sino también haber arrojado un peso en uno de los platillos de la balanza de las colisiones modernas.


Por azar resulta que las "cuestiones sociales" que se "han tratado en nuestra época" aumentan a medida que salimos del dominio de la monarquía absoluta. El socialismo y el comunismo no han nacido en Alemania, sino en Inglaterra, en Francia y en la América del Norte. La primera aparición de un partido comunista realmente actuante se produce en el cuadro de la revolución burguesa, en el momento en que la monarquía constitucional acaba de ser puesta de lado. Los más consecuentes republicanos, los niveladores en Inglaterra, Babeuf, Buonarotti, etc. en Francia, son los primeros que han proclamado esas "cuestiones sociales". La Conspiración de Babeuf -escrita por su amigo y camarada Buonarotti- señala cómo esos republicanos han tomado en el "movimiento" la idea muy clara de que desembarazándose de la cuestión social: Monaquía o República, no se había resuelto aún la menor cuestión social en el sentido del proletariado.


La cuestión de la propiedad, tal como ha sido planteada en nuestra época, aun cuando estuviera formulada como simple cuestión, no se reconoce en la forma que le da Heinzen: "¿Es justo que uno posea todo y otro nada, incluso, es justo que el individuo pueda poseer algo?", o en otras simples cuestiones de conciencia o de derecho. La cuestión de la propiedad varía enorme-mente, de acuerdo al grado de desarrollo general de la industria y al grado de desenvolvimiento particular de los diferentes países.



Para el campesino de Galicia, por ejemplo, la cuestión de la propiedad se reduce a la transformación de las posesiones feudales en pequeña propiedad burguesa. Tiene para él el mismo sentido que para el campesino francés de 1789. Pero el jornalero agrícola inglés no tiene ninguna relación con el terrateniente. Sólo tiene relaciones con el arrendatario, es decir, con el capitalista industrial que trabaja industrialmente la agricultura. Pero, por su lado, este capitalista industrial que paga una renta, se encuentra en relación directa con el terrateniente. Para la burguesía industrial inglesa, la derogación de la propiedad fundiaria constituye, pues, la cuestión más importante de la propiedad, y la lucha contra las leyes cerealistas no tiene otro sentido. Pero, para el jornalero agrícola inglés, como para el obrero de fábrica inglés, la supresión del capital constituye la cuestión de la propiedad.


En el curso de la revolución inglesa, como en el curso de la revolución francesa, se trataba, en la cuestión de la propiedad, de hacer prevalecer la libre concurrencia y suprimir todas las condiciones feudales de la propiedad, tales como el dominio eminente del señor feudal, las corporaciones, los monopolios, etc., que, para la crecida industria de los siglos XVI y XVII, se habían convertido en otras tantas trabas. En "nuestra época", finalmente, la cuestión de la propiedad significa que se trata de la supresión de las colisiones surgidas de la gran industria, de la extensión del mercado y de la libre concurrencia.


Siguiendo el diferente desarrollo de la industria, la cuestión de la propiedad fue siempre la cuestión vital de una clase determinada. En los siglos XVII y XVIII, en los que se trataba de la supresión de las condiciones feudales de la propiedad, la cuestión de la propiedad fue la cuestión vital de la clase burguesa. En el siglo XIX, en el cual se trata de suprimir las condiciones burguesas de la propiedad, la cuestión de la propiedad es una cuestión vital para la clase obrera.


La cuestión de la propiedad, que en nuestra época es una cuestión mundial, no tiene sentido, pues, más que en la sociedad burguesa moderna. Cuanto más desarrollada está esa sociedad, mayor desarrollo ha alcanzado, desde el punto de vista económico, la burguesía de un país y, en consecuencia, de más en más el poder político asume el carácter de una expresión burguesa, y tanto más aguda aparece la cuestión social; es más aguda en Francia que en Alemania, en Inglaterra que en Francia, en una monarquía constitucional que en una monarquía absoluta, en una república que en una monarquía constitucional. Es así, por ejemplo, cómo las colisiones del crédito, de la especulación, etc., en ninguna parte son más agudas que en los Estados Unidos de América. Y en ninguna parte la desigualdad social se afirma más netamente que en los Estados del Este de la América del Norte, porque en ningún lado está menos cubierta por la desigualdad política. Si todavía el pauperismo no se ha desarrollado allí como en Inglaterra, hay que buscar la causa en las condiciones económicas; pero no es este el momento de hablar de ello. No obstante, el pauperismo realiza los más sorprendentes progresos:



"En este país, donde no hay clases privilegiadas, donde todas las clases de la sociedad tienen iguales derechos (pero la dificultad reside en la misma existencia de clases), y donde nuestra población está lejos de pesar sobre los medios de subsistencia, es verdaderamente alarmante el hecho de ver aumentar al pauperismo con tanta rapidez". (Informe del señor Meredith al Congreso de Pensilvania). "Está probado que en Massachusetts el pauperismo ha crecido, en 25 años, en un 60 %". (Notas del americano Niles).


Uno de los economistas políticos más famosos de la América del Norte, miembro del partido radical, Thomas Cooper, propone: 1°, prohibir el matrimonio de los vagabundos; 2°, suprimir el sufragio universal; pues -exclama-, "la sociedad fue establecida para la protección de la propiedad. ¿Cómo es posible que gentes que según leyes económicas eternas, estarán eternamente privadas de propiedad, puedan pretender razonablemente el derecho de legislar sobre la propiedad ajena? ¿Qué finalidad común, qué interés común hay entre esas dos clases de habitantes? O la clase obrera no es revolucionaria y en este caso representa los intereses de los empleadores de quienes depende su existencia. Así, en las últimas elecciones de Nueva Inglaterra, los propietarios de fábricas hicieron imprimir sobre indiana, para asegurarse votos, el nombre del candidato, y cada uno de sus obreros llevaba un trozo de indiana prendido como insignia. O bien la clase obrera se hace revolucionaria a causa de la vida en común. etc., y en este caso el poder político del país caerá tarde o temprano en sus manos y, en ese sistema, ya no habrá propiedad segura". (Lectures on political economy, Columbia, 361, 365).



Del mismo modo que en Inglaterra los obreros constituyen un partido político con el nombre de cartismo, los obreros norteamericanos forman un partido político con el nombre de reformistas nacionales; y su grito de guerra no es absolutamente: monarquía o república, sino dictadura de la clase obrera o dictadura de la clase burguesa.


Mientras que en la sociedad burguesa moderna, con sus formas políticas correspondientes: Estado representativo constitucional o republicano, la cuestión de la propiedad se ha transformado en la cuestión social más importante, el burgués alemán experimenta, en su mentalidad limitada, la necesidad de gritar en las nubes que la cuestión social más importante de nuestra época es la cuestión de la monarquía. De manera absolutamente análoga, en la introducción a su Economía política, el doctor List exhala su ingenua indignación al ver gentes que consideran equivocadamente al pauperismo, y no h las tarifas aduaneras, como la cuestión más importante de nuestra época.


Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 92, noviembre 18, 1847


La distinción entre el dinero y el poder era al mismo tiempo una diferencia personal entre ambos campeones:


El "pequeño" resulta una especie de pickpocket que sólo se interesa por las gentes que tienen "dinero". El hombre fuerte y arriesgado, por el contrario, lucha contra los "poderes" de esta tierra, con "la coraza en la espalda y el casco en la cabeza". (Ariosto: Orlando Furioso: indosso la corazza, e l'elmo in testa). "Vuestra persona -murmura- se encuentra, por lo demás, mejor que la mía".


No obstante, los que mejor se encuentran son los "poderes" de la tierra que respiran visiblemente, mientras que el señor Heinzen sermonea a su discípulo: "Actualmente, como todos los comunistas, ha llegado a ser incapaz de reconocer la conexión que existe entre la política y las condiciones sociales". Acabamos de asistir a una lección de moral en la que el gran hombre, con una simplicidad sorprendente, ha revelado la relación general de la política y de las condiciones sociales. Y helo aquí que, empuñando a los príncipes, da a su alumno una aplicación material de su teoría.


Los príncipes o el principado -explica- son los "autores principales de toda miseria y de toda situación angustiosa". Claro está que una vez suprimidos los príncipes, esta declaración también cae; y el sistema esclavista que condujo a su ruina a las repúblicas antiguas, el sistema esclavista que provocará las más terribles colisiones en los Estados del Sur de la república norteamericana[1], el sistema esclavista puede exclamar como John Falstaff: ¡Pugliese al Cielo que las razones fueran tan baratas como las moras! Pero, ante todo: ¿quién hizo a los príncipes y a su autoridad?


En interés de los asuntos generales, el pueblo tuvo que colocar en cierta época a su frente a los personajes más eminentes. Después, este puesto se transmitió hereditariamente en la misma familia, etc. Y finalmente, la estupidez y la abyección de la humanidad han tolerado este abuso durante siglos. Si se reuniese en un congreso a todos los "charlatanes" de Europa, no podrían dar otra respuesta. Y si se consultase a todas las obras del señor Heinzen, no darían otra respuesta.


El vigoroso sentido común cree explicar el sistema monárquico declarándose su adversario. Pero la dificultad consistiría, para ese buen sentido normal, en explicar cómo ha nacido el adversario del buen sentido y de la dignidad moral humana y cómo ha arrastrado durante siglos su existencia singularmente tenaz. Nada más simple. Muchos siglos carecieron de buen sentido y dignidad moral humanas. En otros términos, la razón y la moral de un cierto número de siglos correspondían al régimen monárquico, en lugar de contradecir-lo. Y precisamente a esta razón y a esta moral de los siglos pasados no las comprende el buen sentido de hoy. Y no sólo no las comprende, sino que, por el contrario, las desprecia. Abandona la historia para refugiarse en la moral, y así puede descargar toda la artillería pesada de su indignación moral.


De igual modo que el buen sentido político se explica aquí el origen y la duración del régimen monárquico como obra de la sinrazón, el buen sentido religioso explica la herejía y la incredulidad como obras del diablo. Y de igual manera el buen sentido irreligioso explica la religión como obra de esos diablos, los curas.


Pero una vez que el señor Heinzen corroboró por medio de lugares comunes morales el origen del régimen monárquico, resulta de ello, naturalmente, "la relación entre el régimen monárquico y las condiciones sociales". Oigámoslo: "Un solo individuo acapara para él solo el Estado, sacrifica más o menos a todo un pueblo -no solamente desde el punto de vista material, sino también desde el punto de vista moral- a su persona y a las gentes que le rodean directamente; gradúa en él al envilecimiento, lo separa en diversas castas, como ha ganado flaco y ha ganado gordo, y únicamente en interés de su propia persona hace oficialmente de cada miembro de la sociedad un enemigo de otro".



El señor Heinzen ve a los príncipes en la cúspide del edificio social de Alemania. Ni siquiera por un instante duda que ellos hayan establecido y establezcan cada día de nuevo su fundamento social. ¡Nada más simple que explicar la relación de la monarquía con las condiciones sociales -de las cuales es la expresión política oficial-, haciendo establecer esa relación por los mismos príncipes! ¿Cuál es la relación entre las cámaras representativas y la sociedad burguesa moderna que representan? ¡Las Cámaras han hecho a la sociedad! El Olimpo político, con todo su aparato y su jerarquía, ha creado de igual modo al mundo profano, del cual es el Santo de los Santos. Y es así, también, cómo el Olimpo religioso habría creado las condiciones profanas que se reflejan en él con aspectos fantásticos y divinizados.

El imbécil que declama con el énfasis conveniente esta sabiduría barata, debe estar, naturalmente, tan asombrado como moralmente indignado contra el adversario que se esfuerza en demostrarle que no es la manzana la que ha producido al manzano.
Los historiadores modernos han demostrado que la monarquía absoluta se presenta en las épocas de transición en que la vieja organización feudal declina y la burguesía medieval evoluciona hacia la clase burguesa moderna, sin que uno de los partidos en lucha haya podido aún liquidar al otro. Los elementos sobre los cuales edifica la monarquía absoluta, no son absolutamente, pues, su producto; más bien forman la condición social, cuyo desarrollo histórico es demasiado conocido para que tengamos necesidad de explicarlo aquí. El hecho de que la monarquía absoluta se haya constituido más tarde en Alemania y dure más tiempo en ella, se explica por la evolución raquítica de la clase burguesa alemana. La solución de esta evolución se encuentra en la historia del comercio y de la industria.


La decadencia de las ciudades libres burguesas alemanas; el aniquilamiento de la caballería; la derrota de los campesinos y, por consiguiente, el poder absoluto de los príncipes; la ruina de la industria y del comercio alemanes -enteramente basados en condiciones medievales-, en el preciso momento en que se abre el mercado mundial moderno y se instala la manufactura; la despoblación y el estado bárbaro, consecuencias de la guerra de los Treinta años; el carácter de las industrias nacionales renacientes, tales como la pequeña industria linera, a las cuales corresponden situaciones y condiciones patriarcales; la naturaleza de los artículos de exportación que pertenecían en su mayor parte a la agricultura y, no hacían, pues, más que aumentar casi exclusivamente las ganancias materiales de los gentilhombres campesinos y acrecentar su poder relativo frente a los burgueses; la situación inferior de Alemania en el mercado mundial en general, gracias a lo cual los subsidios pagados a los príncipes por extranjeros se transformaban en una fuente principal de la renta nacional, encontrándose los burgueses, por consecuencia, dependiendo de la Corte, etc., todas estas condiciones en que se desarrollaron la forma de la sociedad alemana y la organización política correspondiente, se transforman, para el grosero sentido común, en algunas fórmulas sentenciosas cuyo fundamento viene a decir precisamente que "el régimen monárquico alemán" hizo a la "sociedad alemana" y la "rehace" todos los días.

Es fácil explicar la ilusión óptica que le permite al sentido común ver en el régimen monárquico la fuente de la sociedad burguesa, en lugar de ver en la sociedad alemana la fuente del régimen monárquico.


A la primera mirada ve -y estima que su primera mirada es siempre una prueba de sagacidad- que los príncipes alemanes mantienen y conservan el antiguo estado de cosas social cuya vida o muerte es la condición sine qua non de la continuación o desaparición de su existencia política, y reaccionan violentamente contra los elementos disolventes. Y asimismo ve, por otra parte, a los elementos disolventes luchando contra el poder de los príncipes. Los cinco sentidos, pues, demuestran, todos a la vez, que el régimen monárquico es la base de la vieja sociedad, de sus gradaciones, de sus prejuicios y de sus antítesis.

Pero cuando se lo examina de cerca, ese fenómeno no hace más que refutar la opinión simplista de la que ha sido causa inocente.


El papel violentamente reaccionario en que se manifiesta el régimen monárquico, prueba simplemente que se ha formado con lentitud, en los poros de la vieja sociedad, una sociedad nueva que no puede dejar de sentir como una traba contra natura y de querer hacer saltar la caparazón política -la envoltura natural de la vieja sociedad-. Cuanto menos desarrollados están esos nuevos elementos sociales disolventes, tanto más conservadora aparece, incluso, la reacción más violenta del antiguo poder político. Cuanto más desarrollados están los nuevos elementos sociales disolventes, tanto más reaccionaria aparece hasta la menor tentativa conservadora del antiguo poder político. En lugar de probar que ha hecho a la vieja sociedad, la reacción del régimen monárquico prueba, por el contrario, que se le liquida cuando las condiciones materiales de la vieja sociedad resultan anticuadas. La reacción del régimen monárquico es, al mismo tiempo, la reacción de la vieja sociedad que aún es la sociedad oficial y, por consecuencia, todavía se encuentra en posesión oficial del poder, o en posesión del poder oficial.


Cuando las condiciones materiales de vida de la sociedad se han desarrollado suficientemente para hacer de la modificación de su forma política oficial una necesidad vital, toda la fisonomía del viejo poder político se transforma. Es así como la monarquía absoluta, en lugar de centralizar -lo que constituía su verdadera acción civilizadora-, trata entonces de descentralizar. Surgida de la derrota de las castas feudales -en la destrucción de las cuales ella misma toma la parte más activa-, trata de salvaguardar al menos la apariencia de las distinciones feudales. Mientras que anteriormente favorecía al comercio y a la industria, al mismo tiempo que al crecimiento de la clase burguesa, como a otras tantas condiciones necesarias de la potencia nacional y no menos de su propio esplendor, la monarquía absoluta obstaculiza en todas partes al comercio y a la industria, convertidas en armas cada vez más peligrosas entre las manos de una burguesía ya fuerte. De la ciudad, cuna de su elevación, ella lanza una mirada ansiosa y debilitada sobre el campo fertilizado por los cadáveres de sus antiguos y gigantescos adversarios.


Pero el señor Heinzen no entiende, en realidad, por "relación de la política y de las condiciones sociales", más que la relación de los príncipes alemanes con la miseria y la vida angustiosa alemana.


Desde el punto de vista material, la monarquía -como cualquier otra forma de gobierno- sólo existe directamente para la clase obrera en la forma de impuestos. Los impuestos son la expresión económica de la existencia del Estado. Funcionarios y curas, soldados y bailarinas, maestros de escuela y agentes de policía, museos griegos y torres góticas, lista civil y jerarquía social: los impuestos son el embrión común donde dormitan todas esas existencias famosas.

¿Y qué burgués razonador no habría atraído la atención del pueblo muriéndose de hambre sobre los impuestos, sobre la parte de león de los príncipes y sobre la fuente de su miseria? ¡Los príncipes alemanes y la miseria alemana! En otros términos, los impuestos con que se regalan los príncipes y que el pueblo paga sudando sangre. ¡Qué inagotable materia para todos esos charlatantes salvadores de la humanidad!


La monarquía ocasiona muchos gastos. Sin duda alguna. ¡Véase, pues, el presupuesto de los Estados Unidos y compáreselo a lo que pagan nuestras 38 minúsculas patrias para ser administradas y reglamentadas! A las ardientes recriminaciones de esa demagogia pretensiosa, no responden los comunistas, sino los economistas burgueses, tales como Ricardo, Senior, y esto en dos palabras.


Los impuestos constituyen la existencia económica del Estado. El salario es la existencia económica de los trabajadores. Se trata de determinar la relación que media entre los impuestos y el salario.


El salario medio es reducido necesariamente al mínimo por obra de la competencia, esto es, a un salario que permita a los obreros asegurarse bien o mal su subsistencia y la subsistencia de su raza. Los impuestos constituyen una fracción de ese mínimo, pues la tarea política de los obreros consiste precisamente en pagar impuestos. Si se suprimieran radicalmente todos los impuestos que pesan sobre la clase obrera, su consecuencia necesaria seria que el salario disminuiría en todo el monto de los impuestos que entra hoy en él. Y, entonces, de dos cosas una: o el beneficio de los empleadores crecería inmediatamente en la misma medida, o bien no habría más que una simple modificación en la forma de percibir el impuesto. En lugar de adelantar directamente en el salario, como lo hace hoy, los impuestos que el obrero debe pagar, ya no los pagaría al Estado por esta vía indirecta, sino directamente. Si en la América del Norte el salario es más elevado que en Europa, de ninguna manera es debido a que los impuestos sean menos grandes; es debido a la situación territorial, comercial e industrial. La demanda de obreros, en comparación con la oferta, es mucho más grande que en Europa. Y no importa qué principiante conoce esta verdad por la lectura de Adam Smith. Para la burguesía, por el contrario, el modo de repartición y de percepción, tanto como el modo de emplear los impuestos, constituye una cuestión vital por su influencia sobre el comercio y la industria, como porque es el garrote de oro con que se estrangula la monarquía absoluta.

Después de haber hecho observaciones tan profundas sobre la "relación de la política y de las condiciones sociales", así como sobre la "relación de las condiciones sociales con el poder político", el señor Heinzen exclama triunfalmente: "Es cierto que en mi propaganda revolucionaria no me he dejado arrastrar por "el espíritu limitado de los comunistas", que divide simplemente a los hombres en "clases", o los excita a unos contra otros de acuerdo al "oficio", puesto que yo dejo subsistir la "posibilidad" de no clasificar siempre a la "humanidad" según la "clase o la amplitud de su portamonedas" y la oposición de clase en "querella de oficio". ¿La medida de la cartera es una diferencia purameute cuantitativa, por la cual se puede siempre lanzar a uno contra otro, a dos individuos de la misma clase? Todo el mundo sabe que las corporaciones de la Edad Media se oponían unas a otras "de acuerdo al oficio". Y, asimismo, se sabe que la distinción moderna de clases no descansa para nada en el "oficio", sino que la división del trabajo en el seno de la misma clase produce, por el contrario, modos de trabajo muy diferentes, Y a esta "miopía" tomada en plena vida y solicitada al buen sentido más personal, la llama el señor Heinzen "miopía comunista".


Admitamos por un instante que el señor Heinzen sabe de qué habla, y no hablemos, pues, de la "diferencia de amplitud" de las carteras y de las "querellas de oficio". Es muy "posible" que individuos particulares no siempre sean determinados por la clase a la cual pertenecen; pero este hecho es tan poco decisivo para la lucha de clases como lo fue para la revolución francesa el paso de algunos nobles al Tercer Estado. Y, además, esos nobles al menos se unían a una clase, a la clase revolucionaria, a la burguesía. Pero el señor Heinzen hace desaparecer a todas las clases delante de la idea solemne de "la humanidad".


Pero si el señor Heinzen cree que clases enteras, que descansan sobre condiciones económicas independientes de su voluntad, y que están colocadas por esas condiciones en la oposición más hostil, pueden escapar a sus condiciones reales gracias a la propiedad de "humanidad" inherente a todos los hombres, ¡cuán fácil debe ser para un príncipe elevarse, por la humanidad, por encima de su "oficio de príncipe"! ¿Por qué agravia a Engels, acusándole que detrás de sus frases revolucionarias distingue "un buen emperador José"?

Pero si el señor Heinzen borra, por una parte, todas las diferencias, dirigiéndose de una manera imprecisa a la "humanidad" de los alemanes en forma de englobar a los mismos príncipes en sus exortaciones, por otra parte se ve obligado a establecer una distinción entre los hombres alemanes, pues sin diferencia no hay oposición, y sin oposición no hay materia para grandilocuentes tiradas políticas.


Por esto, el señor Heinzen divide a los hombres alemanes en príncipes y sujetos. El hecho de ver y enunciar esta oposición, constituye de su parte una manifestación de fuerza moral, una prueba de osadía individual, de inteligencia política, de sentimiento humano en rebeldía, de perspicacia seria, de bravura estimable. Pero, asimismo, da pruebas de ceguera intelectual, de mentalidad policial, haciéndonos notar que existen sujetos privilegiados y sujetos no privilegiados, que los primeros ven en la jerarquía política no una gradación degradante, sino una línea ascendente que les permite elevarse y que, en fin, entre los sujetos -por quienes la cualidad de sujetos es considerada como un obstáculo- existen diferentes modos de apreciar este obstáculo.


Y he aquí que los comunistas "limitados" no solamente ven la distinción política entre príncipes y sujetos, sino también la diferencia social de las clases. Mientras que la grandeza moral del señor Heinzen consistía recién en ver y expresar la diferencia, esta grandeza actualmente consiste más bien en mirar a otra parte, en no verla más, en ocultarla. Enunciando esta oposición, ya no habla el lenguaje revolucionario, sino el lenguaje reaccionario, y no hace más que excitar malévolamente a unos contra otros, a los hermanos unidos en la "humanidad".


Todo el mundo sabe que poco después de la revolución de julio, la burguesía victoriosa decretó, en las leyes de setiembre, y probablemente por humanidad, "que excitar a diversas clases del pueblo a que luchen entre sí" constituía un gran crimen político, pasible de prisión, de multa, etc. También es sabido que los diarios burgueses de Inglaterra no conocen un medio mejor para denunciar a los jefes y escritores cartistas que reprocharles de excitar a las diferentes clases de la sociedad, a unas contra otras. Incluso se sabe que por haber excitado así a las diferentes clases de la sociedad para que luchen unas contra otras, hay escritores alemanes que gimen en los calabozos de las fortalezas. ¿No habla esta vez el señor Heinzen el lenguaje de las leyes francesas de setiembre, de los diarios burgueses de Inglaterra y del código penal alemán?


Pero no. El señor Heinzen simplemente teme, en su benevolencia, que los comunistas "aseguren a los príncipes escapatorias revolucionarias". De igual modo los liberales belgas afirman que los demócratas se entienden con los legitimistas. Y el liberal Heinzen afirma que los comunistas se entienden con los príncipes.

Alemania -como ya lo expuse en la Deutsch-Franzosische Jahrbucher- tiene una marca germano-cristiana particular. Su burguesía se ha retardado tanto, que comienza su lucha contra la monarquía absoluta y trata de fundar su poder político en el preciso momento en que, en todos los países desarrollados, la burguesía ya está comprometida en la lucha más violenta contra la clase obrera y sus ilusiones políticas pasan ya al último plano de la conciencia europea. En ese país, donde la miseria política de la monarquía absoluta existe aún con toda su secuela de castas y de condiciones semifeudales en descomposición, ya existen, por otra parte, parcialmente, las oposiciones modernas entre la burguesía y la clase obrera, con la lucha que de ellas resulta, consecuencia del desenvolvimiento industrial y de la dependencia de Alemania del mercado mundial. Ejemplos: los motines obreros en Silesia y Bohemia. Por lo tanto, la burguesía alemana ya se encuentra también en oposición con el proletariado, incluso antes de haberse constituido políticamente como clase. La lucha entre los "sujetos" ha estallado incluso antes que los príncipes y la nobleza hayan sido expulsados del país, y esto a pesar de todas las canciones de Hambach.



Esta situación contradictoria, que se refleja naturalmente en la literatura alemana, no puede explicársela el señor Heinzen más que haciendo responsables de ella a sus adversarios y explicándola como consecuencia de los complots contrarrevolucionarios de los comunistas.


Pero los obreros alemanes saben muy bien que la monarquía absoluta, al servicio de la burguesía, no vacilará nunca y no podrá vacilar nunca un instante en recibirlos a cañonazos y latigazos. ¿Por qué, pues, preferirán las vejaciones brutales del gobierno absoluto, con su séquito semifeudal, al poder directo de la burguesía? Los obreros saben muy bien que la burguesía no solamente deberá hacerles, desde el punto de vista político, concesiones más amplias que la monarquía absoluta, sino, también, que, en beneficio de su comercio y de su industria, hace nacer, a pesar de ella, las condiciones más favorables para la unión de la clase obrera; y la unión de los obreros es la primera condición de la victoria de éstos. Los obreros saben que no se puede llegar a suprimir los modos burgueses de la propiedad manteniendo los modos feudales. Saben que el movimiento revolucionario de la burguesía contra las castas feudales y la monarquía absoluta no puede sino acelerar su propio movimiento revolucionario. Saben que su propia lucha contra la burguesía no podrá estallar más que el día en que la burguesía haya logrado triunfar. Y a pesar de esto, no comparten las ilusiones burguesas del señor Heinzen. Pueden y deben aceptar encima a la revolución burguesa como una condición de la revolución obrera. Pero ni por un instante pueden mirarla como el objetivo final.


Los cartistas ingleses han dado un brillante ejemplo de que tal es realmente la actitud de los obreros, en la reciente agitación de la anticornlawleague (liga contra las leyes sobre cereales).


Ni aún por un instante han prestado fe a las mentiras y a las falaces promesas de los radicales; ni siquiera por un instante han dejado de luchar contra ellos; pero ayudaron a sus enemigos a triunfar sobre los tories, con pleno conocimiento de causa; y al día siguiente de la derogación de las leyes sobre los cereales chocaban en el campo de batalla, no ya los tories y los libre-cambistas, sino los librecambistas y los cartistas. Y contra esos radicales burgueses, los obreros conquistaron bancas en el Parlamento.


Así como no comprende a los obreros, el señor Heinzen no comprende a los liberales burgueses, pese a todo el ardor que pone inconscientemente en trabajar al servicio de ellos. Cree necesario retomar alternativamente las viejas fórmulas contra la Gemútlichkeit y la humildad alemanas.


Hombre honesto, toma en serio lo que un Camphausen o un Hansemann derrochan en cuestión de fórmulas serviles. Los señores burgueses sonríen delante de esta ingenuidad. Saben perfectamente dónde les duele la matadura. Saben que, en las revoluciones, el pueblo se hace insolente y se sirve a sí mismo. Por esto, los señores burgueses se esfuerzan en todo lo posible para transformar dulcemente y sin revolución a la monarquía absoluta en monarquía burguesa.


Pero en Prusia, como antaño en Inglaterra y Francia, la monarquía absoluta no se deja transformar sin resistencias en monarquía burguesa. No abdica voluntariamente. Incluso sin hablar de las ventajas personales, los príncipes tienen atadas las manos por toda una burocracia civil, militar y eclesiástica -otras tantas partes de la monarquía absoluta-, que no quiere cambiar en nada su situación de dirigentes por una situación de sirvientes de la burguesía. Además, las clases feudales detienen la marcha hacia adelante; para ellas se trata de una cuestión de vida o muerte, es decir, de propiedad o de expropiación. Pese a todos los homenajes serviles de la burguesía, es evidente que la monarquía absoluta ve su venerable interés del lado de esas castas feudales.


Así como las palabras almibaradas de un Lally Tollendal, de un Monnier, de un Malouet. de un Mirabeu, no pudieron decidir a Luis XVI para que se uniera resueltamente a la burguesía contra el feudalismo y los últimos vestigios de la monarquía absoluta, los cantos de sirena de un Camphausen o de un Hansemann no persuadieron a Federico Guillermo IV.



Pero el señor Heinzen nada tiene de común con la burguesía ni con el proletariado de Alemania. Su partido es el "partido de los hombres", esto es, el partido de los soñadores de corazón honesto y generoso que, con el pretexto de fines "humanos", defienden intereses "burgueses", sin ver claramente la relación que media entre la fraseología idealista y el fondo realista.

Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 94, noviembre 25, 1847


A su partido, al partido de los hombres, o a la "humanidad" que brota en Alemania, el hacedor de Estados, Carlos Heinzen, les ofrece la "mejor república", la mejor república imaginada por él, la "república federativa con instituciones sociales". Rousseau y Mably hicieron antiguamente -el primero para los polacos y el segundo para los corsos-, el esquema del mejor mundo político. El gran ciudadano de Ginebra ha encontrado un sucesor aún más grande.


"Me siento satisfecho -¡qué modestia!- con poder componer una república únicamente de elementos republicanos, lo mismo que una flor no se compone más que de pétalos". Un hombre que sabe componer con pétalos una flor, aunque no fuera más que una margarita, no puede correr el riesgo de un fracaso -piensen como quiera los malvados-, cuando se propone componer la "mejor república".


A despecho de todas las invectivas, el bravo hacedor de Estados toma como ejemplo las constituciones de la República norteamericana. Con su pincel grosero tacha lo que le parece condenable. Y así pone en pie una edición corregida -ad usum delphini- es decir, para uso y en interés del "hombre alemán". Y después de haber esbozado de este modo "la imagen de la república, y de una república determinada", levanta "por sus orejas comunistas" a su "pequeño" alumno irrespetuoso y le aplasta contra el suelo, preguntándole si también puede "hacer" un mundo, "el mejor de los mundos". Y no se cansa en "levantar" por sus "orejas comunistas" al "pequeño", hasta que le ha puesto la "nariz" sobre la imagen gigantesca del mundo "nuevo", sobre la mejor república. La colosal imagen del mundo elaborado por él mismo, la ha colgado, en efecto, con sus propias manos, en la cima más elevada de los Alpes suizos.


Cacatum non est pictum, silba la "pequeña" serpiente, que de ningún modo está dispuesta a hacer enmienda honorable. Y presa del terror, el Ajax republicano deja caer al suelo al Thersitas comunista y de su pecho velludo hace salir estas palabras terribles: "¡Lleva usted el ridículo hasta el colmo, señor Engels!"

¿Y en verdad, señor Engels, no cree usted que "el sistema federativo americano" es "la mejor forma política que ha imaginado hasta hoy la ciencia política?" ¿Sacude usted su pequeña cabeza? ¿Qué? ¿En resumen, niega que "el sistema federativo americano" ha sido imaginado por la "ciencia política"? ¿Y que existan "las mejores formas sociales y políticas" in abstracto? ¡Pero esto es el fin de todo!

Es usted bastante "impúdico y está bastante desprovisto de conciencia" a la vez, para hacernos creer que el bravo alemán que quiere que su querida patria aproveche la constitución norteamericana -embellecida y corregida encima-, se parece a ese comerciante idiota que había copiado los libros de su rico competidor y, en posesión de esa copia, se imaginaba asimismo estar en posesión de su envidiada riqueza.


¿Y usted nos amenaza -con el hacha de verdugo bajo su pequeño brazo-, con la pequeña guillotina que en 1794 se daba como juguete? Usted murmura que Barbaroux y otros hombres bastante crecidos en altura y talla fueron reducidos en toda una cabeza porque, por azar, no tomaban al sistema federativo americano por la mejor forma política, mientras que nosotros jugábamos a la guillotina. Y es ésta la suerte que les espera a todos los Goliath que, en el momento en que estalle una revolución democrática cualquiera en Europa, y particularmente en nuestra Alemania todavía víctima de todas las divisiones feudales, quieran poner en lugar de la república unitaria e indivisible, y de su centralización niveladora, al sistema federativo americano.

¡Pero, Dios mío! ¡Los hombres del Comité de salud pública y los sanguinarios jacobinos que marchaban tras ellos eran monstruos, y la "mejor república" de Heinzen fue "imaginada" por "la vieja ciencia política" como la "mejor forma política" para "hombres", para hombres buenos, para hombres humanos!


¡Verdaderamente! "¡Lleva usted el ridículo hasta el colmo, señor Engels!"

Nuestro Hércules hacedor de Estados no copia, por lo demás, crudamente a la república federativa norteamericana. La adorna con "instituciones sociales"; "reglamentará las condiciones de la propiedad de acuerdo a principios razonables"; y las siete grandes "medidas" por medio de las cuales suprime los "abusos" de la vieja burguesía, por nada del mundo son lamentables y miserables desechos mendigados, aquí y allá, en esos malditos figones modernos comunistas y socialistas! ¡A los "Incas" y a los "cuentos para niños" de Campe les debe el gran Carlos Heinzen esas recetas para la "humanización de la sociedad", lo mismo que debe su última frase, en el sentido profundo, a un peruano envejecido en el estudio de la sabiduría, y no al filósofo y pomeranio Ruge! ¡Y esto es lo que el señor Engels califica de sueños pequeño-burgueses elaborados de modo completamente arbitrario para la regeneración del mundo!


Es cierto que vivimos en una época en que los buenos desaparecen de más en más y en que los mejores ni son comprendidos.

Tomad, por ejemplo, a un buen burgués cualquiera y pedidle os diga, a su saber y entender, de qué sufren las condiciones actuales de la propiedad. Y el buen hombre tocará con el dedo índice la punta de su nariz, respirará profundamente dos veces, devanándose completamente los sesos, y luego os dirá a la buena de dios que es una verguenza que muchas gentes no posean nada, incluso ni lo estrictamente necesario, mientras que otras amasan millones aristocráticamente insolentes, y esto no sólo en perjuicio de los descamisados sin un cobre, sino también de los buenos burgueses. ¡Mediocridad dorada! - tal será el grito del buen miembro de la clase media. ¡Ante todo hay que evitar los extremos! ¿Cuál es la constitución razonable que podría conciliarse con esos extremos, con esos extremos tan condenables?


Y lanzad ahora una mirada sobre la "república federativa" de Heinzen con sus "instituciones sociales" y sus siete medidas aptas para "humanizar a la sociedad". A cada ciudadano se le garantiza un mínimo de fortuna por debajo del cual no puede caer, al mismo tiempo que se le prescribe un máximo de fortuna por encima del cual no puede ascender. ¿No ha resuelto el señor Heinzen todas las dificultades, retomando y realizando en forma de decretos oficiales el piadoso deseo de todos los buenos burgueses, el deseo de no ver a nadie teniendo demasiado ni demasiado poco?


Y de esta misma manera tan simple como grandiosa, el señor Heinzen ha resuelto todos los conflictos económicos. De acuerdo a principios razonables y congruentes con la honesta equidad, ha reglamentado a la propiedad. Y no vayáis a objetarle particularmente que las "reglas razonables" de la propiedad son precisamente las "leyes económicas", cuya fría necesidad hace fracasar todas las "medidas" equitativas, incluso si son recomendadas por los Incas y los cuentos para niños de Campe, y mantenidas al calor por los patriotas más ardientes.


¡Qué injusticia hacer valer consideraciones económicas contra un hombre que no se vanagloria, como tantos otros, de sus "estudios económicos", pero que ha sabido conservar hasta hoy, en sus obras, por modestia, la apariencia virginal de que todavía no ha comenzado sus estudios de economía política! Hay que agradecer precisamente a la formación primitiva de este hombre, el verle citar a su pequeño enemigo comunista -dándose aires de importancia-, todos los temores que, por el canal de la Augsburger Atlgemeine Zeitung, han penetrado, desde 1842, toda la vida alemana, tales como las ideas de la riqueza adquirida, de la libertad personal y de la individualidad, etc. Lo que en verdad denota una gran desmoralización en los escritores comunistas, es el hecho que buscan adversarios que tengan una cultura económica y filosófica, y no honran con una respuesta las elucubraciones superficiales del grosero sentido común, al cual están obligados a darle primero los rudimentos de las condiciones económicas del actual estado de cosas burgués, a fin de poderlos discutir después con él.


Puesto que la propiedad privada, por ejemplo, no es una simple relación y mucho menos un concepto abstracto, un principio, sino que se compone de la totalidad de las condiciones de producción burguesas, no se trata, en efecto, de la propiedad privada subordinada, periclitada, sino de la propiedad privada burguesa existente; -puesto que todas esas condiciones de producción burguesas son relaciones de clase-, como cualquier colegial puede saberlo leyendo a Adam Smith o a Ricardo se reduce naturalmente que la modificación o la supresión de esas condiciones no puede resultar más que de una modificación de esas clases y de sus relaciones recíprocas; pero la modificación en las relaciones de las clases es una modificación histórica, un producto del conjunto de la actividad social, el producto de un movimiento histórico determinado. Un movimiento histórico puede servir perfectamente de órgano al escritor, pero es evidente que éste no podría crearlo.


Para explicar, por ejemplo, la implantación de las condiciones burguesas de la propiedad, los historiadores modernos han debido exponer el movimiento mediante el cual la burguesía se desarrolló hasta el punto en que sus condiciones de existencia se hicieron suficientes para permitirle suprimir todas las castas feudales y su propio modo de existencia feudal y, por consiguente, las condiciones de producción feudales en el cuadro de las cuales esas castas feudales producían. La supresión de las condiciones feudales de la propiedad y el establecimiento de la sociedad burguesa moderna no fueron, pues, de ningún modo, el resultado de una cierta acción que, partiendo de un principio teórico determinado elegido como centro, hubiera sacado de él otras consecuencias. Por el contrario, los principios y las teorías que los escritores de la burguesía establecieron en el curso de su lucha contra el feudalismo, sólo fueron la expresión teórica del movimiento práctico, e incluso se puede constatar paso a paso que esa expresión fue más o menos utópica, dogmática, doctrinaria, según perteneciese a una fase más o menos desarrollada del movimiento real.

Y en este sentido Engels cometió la imprudencia de hablarle a su terrible adversario -al Hércules hacedor de Estados-, del comunismo como teoría, como expresión teórica de un "movimiento".


Mas -exclama nuestro hombre violento con una indignación impresionantes-: "Yo quería sacar las consecuencias prácticas, quería llevar a los "representantes del comunismo a reconocer esas consecuencias", es decir, esas consecuencias insensatas que se refieren necesariamente a la supresión de la propiedad para un hombre que no tenga ideas fantásticas de la propiedad privada burguesa. De este modo quería obligar a Engels "a representar todos los absurdos" que "habría presentado", según el honesto plan del señor Heinzen. Y ese maligno Goupil de Engels ha desilusionado de tal manera a ese bravo Isengrin que ni encuentra en el comunismo "una almendra para partir" y se pregunta, por lo tanto, completamente asombrado, "cómo se prepara ese fenómeno para poder comerlo".


Y en vano el buen hombre trata de tranquilizarse haciéndose el ingenioso, preguntando, por ejemplo, si un movimiento histórico es un "movimiento del espíritu" etcétera, e incluso llama en su ayuda al espíritu del gran Ruge para explicar este enigma de la naturaleza.

"Después de lo que acaba de pasar -exclama nuestro desengañado hombre- escucho en mi corazón aires de Sibéric, olfateo sólo traición y sueño con ardides astutos." (Carlos Heinzen, Steck brief).

Y en realidad todo termina, en última instancia, de la manera siguiente: Engels "reniega su escuela", "inicia una retirada tan cobarde como ridícula", "compromete a todo el género humano para no verse comprometido en su propia persona", "abandona al partido en el momento decisivo". En estos términos exhala Heinzen su furor. En cuanto a las distinciones que hace Engels entre el "verdadero socialismo" y el comunismo, entre los sistemas utópicos y el comunismo crítico, únicamente se trata de traición y astucia. Más aún: no son más que diferenciaciones jesuíticas, hechas fuera de tiempo, porque al parecer hasta hoy nadie le había hablado al señor Heinzen de ellas y ni el mismo huracán de la plena vida se las había aportado.

¡Y con qué espíritu sabe interpretar el señor Heinzen esas oposiciones cuando ellas han encontrado una explicación literaria! "Mire a Weitling, por ejemplo, que es más maligno que usted y que, sin embargo, puede ser ciertamente considerado como comunista". O también: "¿Qué sucedería si el señor Grün resolviera hacerse comunista y excluyera al señor Engels?" Llegado a este punto, claro está que el buen hombre que "no ha podido emanciparse hasta el punto de considerar como superfluas en las gentes razonables la buena fe y la fidelidad, aunque ellas sean completamente anticuadas", nos sirve las mentiras más absurdas y nos afirma que Engels, por ejemplo, había acariciado asimismo el proyecto de escribir "el movimiento social de Inglaterra y Francia", pero que Carlos Grün se le había adelantado. Y entonces Engels "no habría podido encontrar editor para repeticiones aburridas"; y toda una serie de invenciones que el señor Heinzen saca de "un cierto principio como otras tantas consecuencias".

Está en su "naturaleza" el hecho de que la crítica moralizante tenga un fin lamentable y no por esto hay que ver en ello una tara personal del Telémaco Ajax. Pese a todas sus estupideces y a todas sus vulgaridades, nuestro grosero personaje tiene, al menos, la satisfacción de ser estúpido y vulgar por convicción, y por lo tanto, "un buen muchacho de una sola pieza".

Y cualquier cosa que pueda resultar de los "hechos" gue el gran Carlos Heinzen mismo "deja tranquilamente librados a su curso": "En cuanto a mí -exclama golpeando tres veces su honesto pecho-, continúo exhibiendo sin falsa vergüenza mi principio, y no lo oculto si alguien me interroga a su respecto".

Enrique XLII de Reuss-Schleiz-Ebersdorf también cabalga en su principio desde hace cerca de veinte años.

Fin de la Moral Crítica


______________
[1] Véase las memorias de Jefferson, uno de los fundadores de la República Norteamericana y presidente de ella durante varios períodos.




En inglés

Crítica moral y moral crítica [133]

Karl Marx en el Deutsche-Brüsseler Zeitung

Una contribución a la historia cultural alemana
Contra Karl Heinzen

Fuente: MECW Volumen 6, p. 312; 

Escrito: a fines de octubre de 1847; 

Primera publicación: en 
Deutsche-Brüsseler-Zeitung Nos. 86, 87, 90,92 y 94; 28 y 31 de octubre; 11, 18 y 25 de noviembre de 1847.




En inglés


Crítica moral y moral crítica [133]
Karl Marx en el Deutsche-Brüsseler Zeitung
Una contribución a la historia cultural alemana
Contra Karl Heinzen
Fuente: MECW Volumen 6, p. 312;
Escrito: a fines de octubre de 1847;
Primera publicación: en 
Deutsche-Brüsseler-Zeitung Nos. 86, 87, 90,92 y 94; 28 y 31 de octubre; 11, 18 y 25 de noviembre de 1847.

Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 86, 28 de octubre de 1847
Poco antes y durante el período de la Reforma, se desarrolló entre los alemanes un tipo de literatura cuyo nombre es muy llamativo: la literatura grobian. En nuestros días nos acercamos a una era de revolución análoga a la del siglo XVI. No es de extrañar que entre los alemanes la literatura grobian esté emergiendo una vez más. El interés por el desarrollo histórico supera con facilidad la repugnancia estética que este tipo de escritura provoca incluso en una persona de gusto poco refinado y que provocó en los siglos XV y XVI.

Flat, bombástico, fanfarrón, thrasonical, mostrando un gran espectáculo de rudo vigor en el ataque, pero histéricamente sensible a la misma calidad en los demás; blandiendo la espada con una enorme pérdida de energía, elevándola en el aire solo para dejarla caer; predicando constantemente la moralidad y constantemente ofenderla; sentimiento y torpeza más absurdamente unidos; preocupado solo por el punto en cuestión, pero siempre faltando el punto; usando con igual arrogancia la erudición erudita pequeño burguesa contra la sabiduría popular y el llamado "sentido común sano" contra la ciencia; descargándose en una amplitud ingobernable con cierta ligereza complaciente; vestir un mensaje filisteo en una forma plebeya; luchando con el lenguaje literario para darle, por así decirlo, un carácter puramente corpóreo; Señalando de buena gana el cuerpo del escritor en el fondo, que está picando en cada fibra para dar algunas exhibiciones de su fuerza, para mostrar sus hombros anchos y públicamente para estirar sus extremidades; proclamando una mente sana en un cuerpo sano; inconscientemente infectado por las controversias más abstrusas del siglo dieciséis y por la fiebre del cuerpo; esclavo del pensamiento dogmático, estrecho y al mismo tiempo apelando a la práctica mezquina frente a todo pensamiento real; furioso contra la reacción, reaccionando contra el progreso; incapaz de hacer que el oponente parezca ridículo, pero abusando ridículamente de él a través de toda la gama de tonos; Salomón y Marcolph, Don Quijote y Sancho Panza, un visionario y filisteo en una sola persona; una forma grosera de indignación, una forma de indignidad grosera; y suspendido como una nube envolvente sobre todo, de su propia virtud , tal fue la literatura grobian del siglo dieciséis. Si nuestra memoria no nos engaña, la anécdota popular alemana ha creado un monumento lírico en la canción de Heineke, der starke Knecht. A Herr Heinzen pertenece el crédito de ser uno de los re-creadores de la literatura grobian y en este campo una de las golondrinas alemanas que anuncia la llegada de la primavera de las naciones.

El manifiesto de Heinzen contra los comunistas en el número 84 de la Deutsche-Brüsseler-Zeitung ha sido nuestra instigación más inmediata para estudiar esa variedad degenerada de literatura cuyo aspecto históricamente interesante para Alemania hemos indicado. Describiremos la especie literaria representada por Herr Heinzen sobre la base de su manifiesto, exactamente como los historiadores literarios caracterizan a los escritores del siglo XVI a partir de los escritos sobrevivientes del siglo XVI, por ejemplo el "predicador de ganso" [Thomas Murner]

Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 87, 31 de octubre de 1847 *

* Mi razón para responder a Herr Heinzen no es refutar el ataque a Engels. El artículo de Herr Heinzen no necesita una refutación. Estoy respondiendo porque el manifiesto de Heinzen proporciona material entretenido para el análisis. KM [134]

Biron . Esconde tu cabeza, Aquiles: aquí viene Héctor en brazos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Rey . Héctor era solo un Troyan con respecto a esto.
Boyet. ¿Pero es este Hector?
Dumain . Creo que Héctor no estaba tan limpio de madera.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Biron . Esto no puede ser Héctor.
Dumain . Él es un dios o un pintor; porque él hace caras.
[Shakespeare, El trabajo del amor perdido 
[135] ]

Pero que Herr Heinzen es Héctor, de eso no hay duda.

"Durante mucho tiempo fui visitado", nos confiesa, "por la premonición de que iba a caer de la mano de un Aquiles comunista". Ahora que he sido atacado por un Thersites, el peligro así evitado me hace audaz una vez más ", etc.

Solo un Héctor puede tener la premonición de que caerá de la mano de un Aquiles.

¿O acaso Herr Heinzen obtuvo su imagen de Aquiles y Thersites no de Homero, sino de la traducción de Shakespeare hecha por Schlegel?

Si eso es así, se asigna a sí mismo la parte de Ajax.

Echemos un vistazo al Ajax de Shakespeare.

Ajax . Te ganaré en belleza.
Thersites. Antes te haré ingenio; pero tu caballo pronto condenará más que aprendas una oración sin libro. Puedes atacar, ¿puedes? ¡una plaga roja de los trucos de tu jade!
Ajax . Toadstool, aprendeme la proclamación.
. . . . . . . . . . . . . . . . .
Thersites . Tú eres proclamado tonto, creo.
. . . . . . . . . . . .
Ajax . Tu puto cur.
Thersites. Haz, hazlo
Ajax , ¡heces para una bruja!
Thersites. Ay, haz, hazlo ... ¡tú, escorbuto, valiente, culo! tú estás aquí, pero para golpear a los troyanos; y tú eres comprado y vendido entre los ingenuos, como un esclavo bárbaro ... una gran parte de tu ingenio también yace en tus tendones, o bien hay mentirosos.
. . . . . . . . . . . . . . . . .
Thersites. ¡Una maravilla!
Aquiles . ¿Qué?
Thersites. Ajax sube y baja por el campo, preguntándose por sí mismo.
Aquiles. ¿Cómo es eso?
Thersites. Debe luchar individualmente mañana, y está tan proféticamente orgulloso de un desafío heroico que se enardece al no decir nada.
Aquiles. ¿Cómo puede ser?
Thersites. Por qué, él acecha hacia arriba y hacia abajo como un pavo real, una zancada y un soporte; rumia como una anfitriona que no baña aritmética, sino su cerebro para establecer sus cálculos; se muerde el labio con una mirada política. como quién diría: "Hubo ingenio en esta cabeza y un 'doblez'". Prefiero ser un tic en una oveja que una ignorancia tan valiente . *

* Shakespeare, Troilus y Cressida.

Cualquiera que sea la máscara de personaje que Herr Heinzen ahora aparece usando (Héctor o Ajax), apenas ha entrado a la arena cuando proclama a los espectadores con voz poderosa que su adversario no le ha dado el "golpe de gracia”. Con toda la compostura y la amplitud épica de un antiguo héroe homérico, él explica las razones de su escape. "Le debo mi escape", nos dice, "a un error en la naturaleza parte. "" Naturaleza "no me ha" ajustado "para el nivel de mi adversario. Él se eleva sobre él, el más alto por dos cabezas, y es por eso que los dos "golpes oscilantes" de su "pequeño verdugo" no pudieron alcanzar su "cuello literario". Herr Engels, se enfatiza más enfática y repetidamente, Herr Engels es "pequeño", un "pequeño verdugo", una "pequeña persona". Luego dice, con uno de esos giros de la frase, como el que solo encontramos en las antiguas estancias heroicas, o en la obra de marionetas del gigante Goliat y el pequeño David: "Si estuvieras colgando tan alto" -desde una lámpara- post - "nadie volvería a encontrarte". Ese es el humor del gigante, a la vez caprichoso y escalofriante.

No es solo su "cuello", sino toda su "naturaleza", todo su cuerpo, por lo que Herr Heinzen encuentra aplicación "literaria". Él ha puesto a su "pequeño" adversario a su lado para poner en marcha su propia perfección física en el ajuste de contraste. El "enano" deformado lleva un hacha de verdugo debajo de su pequeño brazo, tal vez una de esas pequeñas guillotinas que fueron entregadas a los niños como juguetes en 1794. Él, el terrible guerrero, por otro lado, no empuña ninguna otra arma en su furiosa arrogancia que la "varilla de abedul", de la que, nos informa, ha utilizado durante mucho tiempo para "castigar" la "maldad" de esos malos "muchachos", los comunistas. El gigante se contenta con enfrentarse a su "enemigo del tamaño de un insecto" como un pedagogo, en lugar de aplastar al pequeño compañero impetuoso. Él está contento de hablar con él como el amigo de los niños , para enseñarle una lección de moralidad y reprenderlo con la mayor severidad por malicia perversa, especialmente "mentir", "tonta, mentira pueril", "insolencia", su "tono juvenil", falta de respeto y otras deficiencias de la Juventud. Y si, en el proceso, la vara del maestro de escuela riza cruelmente sobre las orejas del alumno, si de vez en cuando el lenguaje excesivo interrumpe sus oraciones morales e incluso destruye parcialmente su efecto, uno no debe olvidar por un momento que un guerrero no puede impartir moral instrucción de la misma manera que los maestros de escuela normales, por ejemplo un Quintus Fixlein , y esa naturaleza vuelve a entrar por la ventana si uno la persigue por la puerta. Más aún, deberíamos reflejar que lo que nos rechazaría como la obscenidad de la boca de un elfo como Engels, tiene para el oído y el corazón la espléndida resonancia de la naturaleza cuando proviene de la boca de un coloso como Heinzen. ¿Y debemos medir el lenguaje de los héroes según los estándares lingüísticos restringidos del ciudadano común? No más de lo que deberíamos pensar, Homer desciende al nivel de, por ejemplo, la literatura grobian, cuando llama a uno de sus héroes favoritos, Ajax , "tan tieso como un asno".

Las intenciones del gigante fueron honestas cuando mostró a los comunistas su varilla de abedul en el número 77 de la Deutsche-Brüssseler-Zeitung . Y el "pequeño" desgraciado por cuya opinión ni siquiera preguntó, varias veces expresa su asombro como guerrero por la incomprensible audacia del pigmeo, le devolvió tan cruelmente. "No fue pensado como un consejo", se queja. "Herr Engels quiere matarme, quiere asesinarme a mí, el malvado”.

¿Y qué hay de su parte? Como cuando se enfrentó al gobierno prusiano, aquí también había "iniciado con entusiasmo una batalla en la que presentó propuestas de paz, un corazón de reconciliación humana entre las fuerzas opuestas de la época, bajo su escudo guerrero". [Karl Heinzen, Steckbrief .] Pero: "El entusiasmo fue ridiculizado con el agua ácida de la malicia" [Ibid].

Isegrim mostrando su furia y furia, extendió sus patas y se
acercó a él con las fauces abiertas y con poderosos saltos.
Reineke , más ligero que él, escapó de su enfurecido oponente,
y luego se mojó apresuradamente su cepillo de cola de pelo áspero con su
agua ácida y lo arrastró a través del polvo para cargarlo con granos de arena.
Isegrim pensó, ¡ahora lo tenía a raya! Pero astutamente, Reineke lo golpeó
sobre los ojos con su cola, impidiéndole ver y oír.
Había usado una estratagema semejante, muchas criaturas. A
su costa había sentido la fuerza nociva de su agua ácida. [Goethe, Reineke Fuchs ]


Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 90, 11 de noviembre de 1847

"He sido republicano, Herr Engels, siempre y cuando me haya preocupado por la política, y mis convicciones no han cambiado, han sido sin vacilaciones y volubles a diferencia de lo que ha pasado en la cabeza de tantos comunistas. [Manifiesto de Heinzen, Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 84.]

"Es verdad, acabo de convertirme en revolucionario . Es parte de las tácticas comunistas que, conscientes de su propia incorregibilidad , critican a sus adversarios tan pronto como se corrigen " [Ibid].

Herr Heinzen nunca se volvió republicano, ha sido uno desde su nacimiento político. Por su parte, por lo tanto, la inmutabilidad, la inmovilidad de un estado final, la consistencia. Del lado de sus adversarios, vacilante, voluble, dando vueltas. Herr Heinzen no siempre ha sido revolucionario, se ha convertido en uno. Ahora, por supuesto, el cambio está de parte de Herr Heinzen, pero luego el carácter inmoral de dar la vuelta también se ha cambiado; ahora se conoce como "corregir a sí mismos". Por el lado de los comunistas, por otro lado, la inmutabilidad ha perdido su carácter de alta moralidad. ¿Qué ha sido de eso? "Incorregibilidad".


Permanecer constante o darse la vuelta, ambos son morales, ambos son inmorales; moral en el lado del filisteo, inmoral en el lado de su adversario. Pues el arte del filisteo como crítico consiste en llamar a rouge et noir [rojo y negro, como en la mesa de juego, se dio en la errata en el número del 18 de noviembre en lugar del original "wohl und weh" - bueno y malo] en el momento correcto, la palabra correcta en el momento correcto.

La ignorancia generalmente se considera una falla. Estamos acostumbrados a considerarlo como una cantidad negativa. Observemos cómo la varita mágica del filisteo como crítico convierte una cantidad menos de inteligencia en una cantidad más de moralidad.

Herr Heinzen informa, entre otras cosas, que sigue siendo tan ignorante de la filosofía como en 1844. El "lenguaje" de Hegel "ha continuado siendo indigerible”.


Hasta aquí los hechos del asunto. Ahora para el procesamiento moral de ellos.

Como Herr Heinzen siempre ha encontrado que el lenguaje de Hegel es "indigerible", él no, como "Engels y otros", sucumbió a la arrogancia inmoral de enorgullecerse de ese mismo lenguaje hegeliano, más que, según todos los relatos hasta ahora, los campesinos westfalianos "Se enorgullecen" en el idioma sánscrito. Sin embargo, el verdadero comportamiento moral consiste en evitar la motivación para el comportamiento inmoral, y ¿cómo puede uno asegurarse mejor contra el "orgullo mismo" inmoral en un idioma que teniendo cuidado de no entender ese lenguaje?

Herr Heinzen, que no sabe nada de filosofía, tiene por esa razón, como él piensa, tampoco asistió a la "escuela" de filósofos. Su escuela era "sentido común sano" y la "plenitud de la vida".


"Al mismo tiempo", exclama con el modesto orgullo del justo, "esto me ha preservado del peligro de negar mi escuela".


¡No existe un remedio más probado para el peligro moral de negar la escuela que no ir a la escuela!

Cualquier desarrollo, cualquiera que sea su sustancia, se puede representar como una serie de diferentes etapas de desarrollo que están conectadas de tal forma que uno forma la negación del otro. Si, por ejemplo, un pueblo se desarrolla de la monarquía absoluta a la monarquía constitucional, niega su antiguo ser político. En ninguna esfera se puede experimentar un desarrollo sin negar el modo previo de existencia de uno. Negar traducido al lenguaje de la moralidad significa: negar.


¡Negando! Con esta palabra clave, el filisteo como crítico puede condenar cualquier desarrollo sin entenderlo; él puede establecer solemnemente su desarrollo subdesarrollado junto a él como inmaculada moral. Así, la fantasía religiosa de las naciones ha estigmatizado la historia en general, al trasponer la edad de inocencia, la edad de oro, a la prehistoria , al tiempo en que no tuvo lugar ningún desarrollo histórico y, por lo tanto, no negó ni negó. Así, en las ruidosas épocas de la revolución, en tiempos de fuerte negación y negación apasionada, como en el siglo XVIII, surgen hombres honestos y bien intencionados, siervos respetables y bien educados como Gessner, que se oponen al estado no evolutivo de los idilios, a la corrupción de la historia. Sin embargo, se debe tener en cuenta el mérito de estos idílicos poetas, que también fueron críticos moralistas y críticos moralizantes de una especie, que deliberadamente vacilan sobre a quién se debe otorgar la palma de la moral, el pastor o la oveja.


¡Pero dejemos a nuestro digno filisteo en paz con su propia diligencia! Permítanos seguirlo a donde él cree que ataca el "corazón de la cuestión". A lo largo encontraremos el mismo método.

"No puedo evitarlo si Herr Engels y otros comunistas son demasiado ciegos para darse cuenta de que el poder también controla la propiedad y que la injusticia en las relaciones de propiedad solo se mantiene por el poder. - Llamo a cualquier hombre un tonto y un cobarde que tiene la malicia burguesa a causa de su adquisición de dinero y lo deja a un rey por su adquisición de poder”. [Manifiesto de Heinzen, No. 84 de la DBZ .]


"¡El poder también controla la propiedad!"

La propiedad, en cualquier caso, también es un tipo de poder. Los economistas llaman al capital, por ejemplo, "poder sobre el trabajo de otros".


Por lo tanto, nos enfrentamos a dos tipos de poder, por un lado el poder de la propiedad, en otras palabras, de los propietarios, por otro lado el poder político, el poder del estado. "El poder también controla la propiedad" significa: la propiedad no controla el poder político, sino que es acosada por ella, por ejemplo, mediante impuestos arbitrarios, confiscaciones, privilegios, interferencia disruptiva de la burocracia en la industria y el comercio, etc.


En otras palabras: la burguesía aún no ha tomado forma política como clase. El poder del estado todavía no es su propio poder. En países donde la burguesía ya ha conquistado el poder político y el gobierno político no es sino la regla, no del individuo burgués sobre sus trabajadores, sino de la clase burguesa sobre la sociedad en su conjunto, el dicho de Herr Heinzen ha perdido su significado. Los desposeídos, por supuesto, permanecen intocados por el gobierno político en la medida en que afecta directamente a la propiedad.


Mientras tanto, Herr Heinzen creía que estaba expresando una verdad tan eterna como original, solo ha expresado el hecho de que la burguesía alemana debe conquistar el poder político, en otras palabras, dice lo que Engels dice, pero inconscientemente, honestamente pensando que él está diciendo lo contrario. Él solo está expresando, con cierta emoción, una relación transitoria entre la burguesía alemana y el poder estatal alemán, como una verdad eterna, y mostrando así cómo hacer un "núcleo sólido" a partir de un "movimiento".

"La injusticia en las relaciones de propiedad", continúa Herr Heinzen, "solo se mantiene por el poder".

O Herr Heinzen entiende aquí la "injusticia en las relaciones de propiedad" como la presión antes mencionada a la que la monarquía absoluta todavía somete a la burguesía incluso en sus intereses "más sagrados", en cuyo caso solo está repitiendo lo que se acaba de decir, o él entiende "injusticia en las relaciones de propiedad" como las condiciones económicas de los trabajadores, en cuyo caso su pronunciamiento tiene el siguiente significado:

Las actuales relaciones de propiedad burguesas son "mantenidas" por el poder estatal que la burguesía ha organizado para la protección de sus relaciones de propiedad. Por lo tanto, el proletariado debe derrocar al poder político donde ya está en manos de la burguesía. Debe convertirse en un poder, en primer lugar, un poder revolucionario.

Una vez más, Herr Heinzen inconscientemente está diciendo lo mismo que Engels, pero nuevamente con la firme convicción de que está diciendo lo contrario. Lo que dice que no quiere decir, y lo que quiere decir que no dice.

Incidentalmente, si la burguesía es políticamente, es decir, por su poder estatal, "manteniendo la injusticia en las relaciones de propiedad", no la está creando. La "injusticia en las relaciones de propiedad", que está determinada por la división moderna del trabajo, la forma moderna de intercambio, competencia, concentración, etc., de ninguna manera surge del dominio político de la clase burguesa, pero viceversa, la regla política de la clase burguesa surge de estas modernas relaciones de producción que los economistas burgueses proclaman como leyes necesarias y eternas. Si, por lo tanto, el proletariado derroca el gobierno político de la burguesía, su victoria será solo temporal, solo un elemento al servicio de la revolución burguesa, mismo, como en el año 1794, mientras en el curso de la historia, en su "movimiento", las condiciones materiales aún no se han creado, lo que hace necesaria la abolición del modo de producción burgués y, por lo tanto, también el derrocamiento definitivo del gobierno político de la burguesía. El terror en Francia podría así por sus poderosos golpes de martillo solo servir para alejar, como si fuera, las ruinas del feudalismo de suelo francés. La burguesía tímidamente considerada no habría logrado esta tarea en décadas. La sangrienta acción de la gente solo preparó el camino para ello. Del mismo modo, el derrocamiento de la monarquía absoluta sería meramente temporal si las condiciones económicas para el dominio de la clase burguesa aún no hubieran madurado. Los hombres construyen un mundo nuevo para ellos, no de los "tesoros de esta tierra", como imagina la superstición grobian, pero a partir de los logros históricos de su mundo en decadencia. En el curso de su desarrollo, primero tienen que producir las condiciones materiales de una nueva sociedad en sí misma, y ​​ningún esfuerzo de la mente o la voluntad puede liberarlos de este destino.

Es característico de todo el grobianismo del "sano sentido común", que se alimenta de la "plenitud de la vida" y no obstaculiza sus facultades naturales con ningún estudio filosófico o de otro tipo, que cuando logra ver las diferencias, no ve la unidad, y que cuando ve la unidad, no ve diferencias. Si propone determinantes diferenciados, de inmediato se vuelven fosilizados en sus manos, y solo puede ver el sofisma más reprensible cuando estos conceptos de madera se combinan para que se incendien.

Cuando Herr Heinzen, por ejemplo, dice que el dinero y el poder, la propiedad y el gobierno, la adquisición de dinero y la adquisición de poder no son lo mismo, está cometiendo una tautología inherente a las meras palabras, y esta mera diferenciación verbal considera un acto heroico que con todas las facultades de un clarividente pone en juego contra los comunistas, que son tan "ciegos" como para no detenerse en esta primera percepción infantil.



Cómo "adquisición de dinero" se convierte en "adquisición de poder", cómo "propiedad" se convierte en "regla política", en otras palabras, cómo en lugar de la diferencia rígida a la que Herr Heinzen da la fuerza de dogma , hay relaciones bastante efectivas entre las dos fuerzas hasta el punto donde se fusionan, de esto puede convencerse rápidamente al observar cómo los siervos compraron su libertad, cómo las comunas [136] compraron sus derechos municipales, cómo los ciudadanos por un lado, por el comercio y la industria, atrajo el dinero de los bolsillos de los señores feudales y vaporizó su propiedad territorial en letras de cambio, y por otro lado ayudó a la monarquía absoluta a su victoria sobre los magnates feudales así socavados, y compró privilegios de eso; cómo más tarde ellos mismos explotaron las crisis financieras de la monarquía absoluta en sí, etc., etc .; cómo las monarquías más absolutas se vuelven dependientes de los barones bursátiles a través del sistema de deudas estatales, un producto de la industria moderna y el comercio moderno; cómo en las relaciones internacionales entre los pueblos, el monopolio industrial se convierte directamente en un gobierno político, como por ejemplo, los Príncipes de la Santa Alianza en la "guerra de liberación alemana" no fueron más que los mercenarios contratados de Inglaterra, [137] etc.


Sin embargo, este grobianism autoimportante del "sentido común sano", fijando tales distinciones como entre la adquisición de dinero y la adquisición del poder en forma de verdades eternas cuya naturaleza es, reconocida por todos "ser" tal y tal ", en la forma de dogmas inquebrantables , crea para sí la posición deseada para derramar su indignación moral sobre la "ceguera", "necedad" o "maldad" de los oponentes de tales artículos de fe, un acto de autocomplacencia que en su blustering las expectoraciones inevitablemente arrojan un desorden de retórica en el que flotan unas pocas verdades magras y huesudas.


Herr Heinzen vivirá para ver el poder de la propiedad, incluso en Prusia, lograr una fuerza de matrimonio con poder político. Escuchemos lo que dice a continuación:


"Estás tratando de hacer que las cuestiones sociales sean la preocupación central de nuestra época, y no ves que no hay una cuestión social más importante que la de la monarquía o la república”. [Manifiesto de Heinzen, n. 84].


Hace un momento, Herr Heinzen solo veía la distinción entre el poder del dinero y el poder político; ahora solo ve la unidad de la cuestión política y la cuestión social. Por supuesto, continúa viendo la "ceguera ridícula" y la "ignominia cobarde" de sus antagonistas.


Las relaciones políticas de los hombres son, por supuesto, también relaciones sociales, sociales , como todas las relaciones entre hombres y hombres. Todas las preguntas que se refieren a las relaciones de los hombres entre sí son, por lo tanto, también preguntas sociales.


Con esta visión, que pertenece a un catecismo para niños de ocho años, esta ingenuidad grobian cree que no solo ha dicho algo, sino que también ha afectado el equilibrio en los conflictos de los tiempos modernos.


Sucede que las "cuestiones sociales" que han sido "tratadas en nuestros días" aumentan en importancia a medida que dejamos atrás el reino de la monarquía absoluta. El socialismo y el comunismo no emanaron de Alemania, sino de Inglaterra, Francia y América del Norte.


La primera manifestación de un partido comunista verdaderamente activo está contenida dentro de la revolución burguesa, en el momento en que se elimina la monarquía constitucional. Los republicanos más consistentes, en Inglaterra los Levellers , [138] en Francia Babeuf, Buonarroti , etc., fueron los primeros en proclamar estas "cuestiones sociales". La Conspiración Babeuf , del amigo de Bubauf y camarada del partido Buonarroti, muestra cómo estos republicanos derivaron del "movimiento" de la historia la comprensión de que la eliminación de la cuestión social del gobierno por príncipes y república no significaba ni siquiera una sola "cuestión social" "Ha sido resuelto en interés del proletariado".


La cuestión de la propiedad tal como ha sido planteada en " nuestros días" es irreconocible, incluso formulada como una pregunta en la forma que Heinzen le da: "si es justo que un hombre posea todo y otro hombre nada ... si se debe permitir que el individuo posea algo en absoluto "y cuestiones simplistas similares de conciencia y clichés sobre la justicia.


La cuestión de la propiedad asume diferentes formas según los diferentes niveles de desarrollo de la industria en general y de acuerdo con su nivel particular de desarrollo en los diferentes países.


Para el campesino gallego, por ejemplo, la cuestión de la propiedad se reduce a la transformación de la propiedad terrateniente feudal en una pequeña propiedad burguesa de la tierra. Para él tiene el mismo significado que tenía para el campesino francés antes de 1789, el inglés jornalero agrícola, por otro lado, no tiene ninguna relación con el propietario de la tierra en absoluto. Simplemente tiene una relación con el arrendatario, en otras palabras, con el capitalista industrial que practica la agricultura de manera industrial. Este capitalista industrial a su vez, que le paga una renta al terrateniente, tiene, por otra parte, una relación directa con el terrateniente. La abolición de la propiedad de la tierra es, por lo tanto, la cuestión más importante de la propiedad tal como existe para la burguesía industrial inglesa, y su lucha contra las Leyes del Maíz [139] no tenía otro significado. La abolición del capital por otro lado es la cuestión de la propiedad, ya que afecta al jornalero agrícola inglés tanto como el obrero inglés.


Tanto en la revolución inglesa como en la francesa, la cuestión de la propiedad se presentó de tal manera que se trataba de afirmar la libre competencia y de abolir todas las relaciones feudales de propiedad, tales como tierras, gremios, monopolios, etc. se había transformado en grilletes para la industria que se había desarrollado entre el siglo XVI y el siglo XVIII.

En " nuestro propio día", finalmente, la importancia de la cuestión de la propiedad consiste en que se trata de eliminar los conflictos surgidos de la industria en gran escala, el desarrollo del mercado mundial y la libre competencia.

La cuestión de la propiedad, dependiendo de los diferentes niveles de desarrollo de la industria, siempre ha sido la pregunta vital para una clase en particular. En los siglos XVII y XVIII, cuando el punto en cuestión era la abolición de las relaciones de propiedad feudales, la cuestión de la propiedad era la cuestión vital para la clase burguesa. En el siglo XIX, cuando se trata de abolir las relaciones de propiedad burguesas, la cuestión de la propiedad es una cuestión vital para la clase trabajadora.


La cuestión de la propiedad, que en " nuestros días" es una cuestión de importancia histórica mundial, tiene, por lo tanto, un significado solamente en la sociedad burguesa moderna. Cuanto más avanzada está esta sociedad, en otras palabras, cuanto más se ha desarrollado económicamente la burguesía en un país y, por lo tanto, mientras más poder estatal ha asumido un carácter burgués, más claramente se impone la cuestión social, en Francia más evidente que en Alemania, en Inglaterra más deslumbrante que en Francia, en una monarquía constitucional más evidente que en una monarquía absoluta, en una república más evidente que en una monarquía constitucional. Por lo tanto, por ejemplo, los conflictos del sistema de crédito, la especulación, etc., son en ningún lugar más agudos que en América del Norte. En ninguna parte, tampoco, lo hace la desigualdad social se impone con mayor dureza que en los estados del este de América del Norte, porque en ninguna parte está menos disimulada por la desigualdad política. Si el pauperismo aún no se ha desarrollado tanto como en Inglaterra, esto se explica por las circunstancias económicas que no es nuestra tarea dilucidar más aquí. Mientras tanto, el pauperismo está haciendo el progreso más gratificante.



"En este país, donde no hay órdenes privilegiadas, donde todas las clases de la sociedad tienen los mismos derechos" (la dificultad radica en la existencia de clases ) "y donde nuestra población está lejos de ... presionar los medios de subsistencia, de hecho es alarmante ver que el aumento del pauperismo progresa con tanta rapidez ". (Informe del Sr. Meredith al Congreso de Pensilvania. [140] )

"Está demostrado que el pauperismo en Massachusetts ha aumentado en tres quintas partes en 25 años". (Desde Niles ' Register, Niles siendo estadounidense).

Uno de los economistas políticos más famosos de América del Norte, Thomas Cooper , que también es radical, propone:

1. Prohibir que aquellos sin propiedad se casen.
2. Para abolir el sufragio universal,
porque, él exclama:

"La sociedad fue instituida para la protección de la propiedad... ¿Qué reclamo razonable pueden tener, que por las leyes económicas eternas eternamente carecerán de propiedad propia, para legislar sobre la propiedad de los demás? ¿Qué motivo común e interés común existe entre estas dos clases de habitantes?

"O la clase obrera no es revolucionaria, en cuyo caso representa los intereses de los empleadores, de quienes depende su sustento. En las últimas elecciones en Nueva Inglaterra, los maestros fabricantes, para asegurarse los votos, tenían los nombres de los candidatos impresos en calicó, y cada uno de sus trabajadores usaba un pedazo de calicó en sus pantalones.

"O la clase obrera se vuelve revolucionaria, como consecuencia de la convivencia comunitaria, etc., y luego el poder político del país tarde o temprano caerá en sus manos, y ninguna propiedad estará a salvo bajo este sistema" 

[ Thomas Cooper, Lectures on Political Economy , Columbia, pp. 361 y 365.
 [141] ]

Al igual que en Inglaterra los trabajadores forman un partido político bajo el nombre de los cartistas, también lo hacen los trabajadores en América del Norte bajo el nombre de los Reformadores Nacionales [142] y su grito de batalla no es en absoluto regla de los príncipes o la república, pero la regla de la clase obrera o la regla de la clase burguesa.


Por lo tanto, es precisamente en la sociedad burguesa moderna con sus correspondientes formas de estado, el estado representativo constitucional o republicano, que la "cuestión de la propiedad" se ha convertido en la "cuestión social" más importante, es la estrecha necesidad del alemán, burgués que interviene: la cuestión de la monarquía es la "cuestión social más importante de la época". Es de una manera muy similar que el Dr. List, en el prólogo de su Nationalökonomie [F. List, Das nationale System der politischen Oekonomie] expresa su irritación tan ingenua que el pauperismo y las tarifas no proteccionistas deberían haber sido "malinterpretadas" como la cuestión social más importante de nuestro tiempo.


Deutsche-Brüsseler-Zeitung n. ° 92, 18 de noviembre de 1847


La distinción entre dinero y poder era al mismo tiempo una distinción personal entre los dos combatientes.

El "pequeño" aparece como una especie de bolsa cortada que solo ataca a los enemigos que tienen "dinero". El osado hombre musculoso, por el contrario, lucha con los "poderosos" de esta tierra.

Indosso la corazza, e l'elmo in testa .
[Ariost Orlando Furioso: arnés en la espalda y casco en la cabeza]

Y, murmura,

"Y, por cierto, estás mejor que yo".
[Manifiesto de Heinzen, Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 84]

Pero lo mejor de todo es que los "poderosos" de la tierra emiten un suspiro de alivio mientras Herr Heinzen ataca a su alumno:

"Al igual que todos los comunistas, ahora ha perdido la capacidad de reconocer la conexión entre la política y las condiciones sociales”.
[Ibid].

Acabamos de estar presentes en una lección moral, en la que el gran hombre reveló con sorprendente simplicidad la conexión entre la política y las condiciones sociales en general. En la regla de los príncipes, ahora proporciona a su alumno una aplicación tangible.

Los príncipes, o la regla de los príncipes, nos dice, son los "principales autores de toda la pobreza y la angustia". Donde se elimina el gobierno de los príncipes, esta clase de explicación también se elimina, y la economía esclavista, que causó la caída de las repúblicas de la antigüedad, la economía esclavista , que provocará los conflictos más temibles en el sur Estados de la América republicana, [Cf. sobre este tema las memorias de Jefferson, quien fue uno de los fundadores de la República Americana y fue dos veces presidente.] la economía de esclavos puede exclamar, como John Falstaff, "¡si las razones fueran, tan abundantes como las moras!" [Shakespeare , Henry IV]


Y, en primer lugar, ¿quién o qué ha creado los príncipes o la regla de los príncipes?


Érase una vez, la gente tuvo que colocar a las personalidades más eminentes en su cabeza para llevar a cabo asuntos generales. Más tarde, esta posición se volvió hereditaria dentro de las familias, etc. Y, finalmente, la estupidez y la depravación de los hombres toleraron este abuso durante siglos.

Si se convocara un congreso de todos los políticos potenciales más primitivos de Europa, no podrían dar otra respuesta. Y si uno abriera todas las obras de Herr Heinzen, no darían otra respuesta.

Doughty "sonido de sentido común" cree que explica la regla de los príncipes al declararse opuesta a ella. La dificultad, desde el punto de vista de esta norma de sentido común, sin embargo, parece consistir en explicar cómo nació el oponente del sano sentido común y de la dignidad moral del hombre y cómo arrastró su vida notablemente tenaz durante siglos. Nada es más simple. Los siglos pasaron sin el sentido común y la dignidad moral del hombre. En otras palabras, el sentido y la moralidad de los siglos estaban de acuerdo con el gobierno de los príncipes en lugar de contradecirlo. Y es precisamente este sentido y la moralidad de siglos pasados ​​que el "sentido común sano" de hoy en día no comprende. No lo entiende, pero desprecia eso. Se refugia de la historia en la moralidad, y ahora puede dar rienda suelta a toda la armería de su indignación moral.


De la misma manera que el "sentido común" político aquí explica el origen y la existencia continuada del gobierno de los príncipes como el trabajo de la sinrazón, de la misma manera el "sentido común" religioso explica la herejía y la incredulidad como obras del diablo. De la misma manera, el "sentido común sano" irreligioso explica la religión como el trabajo de los demonios, los sacerdotes.

Sin embargo, una vez que Herr Heinzen ha demostrado por medio de tópicos morales el origen del gobierno de los príncipes, la "conexión entre el gobierno de los príncipes y las condiciones sociales" se desprende con bastante naturalidad de esto. Escucha:

"Un hombre individual toma posesión del estado por sí mismo, sacrifica a toda una nación, más o menos, no solo materialmente, sino también moralmente, a su propia persona y su séquito; instituye dentro de ella una escala de humillación por grados, la clasifica diversamente en propiedades como tantas vacas gordas y delgadas, y básicamente solo para el beneficio de la suya, la persona individual hace que cada miembro de la sociedad estatal sea oficialmente el enemigo del otro”. [Heinzen's Manifesto, loc. cit.]


Herr Heinzen ve a los príncipes en la cima de la estructura social en Alemania. Él no duda por un momento de que hayan creado su base social y la vuelvan a crear cada día. ¡Qué explicación más simple podría haber para la conexión entre la monarquía y las condiciones sociales, cuya expresión política oficial es, que hacer que los príncipes creen esta conexión! ¿Cuál es la conexión entre las asambleas representativas y la sociedad burguesa moderna que representan? Ellos lo crearon. La deidad política con sus aparatos y gradaciones ha creado así el mundo secular, cuyo objeto más sagrado es. De la misma manera los religiosos la deidad habrá creado condiciones terrenales, que se reflejan fantásticamente y en forma deificada en él.


El grobianism que vende tal sabiduría casera con el sentimiento apropiado no puede por supuesto fallar igualmente asombrado y moralmente indignado en el opositor que se esfuerza demostrarle que la manzana no creó el manzano.

Las historias modernas han demostrado que la monarquía absoluta aparece en los períodos de transición cuando los antiguos estados feudales están en declive y el estado medieval de los burgueses se está convirtiendo en la clase burguesa moderna, sin que una de las partes contendientes haya finalmente eliminado la otra. Los elementos en los que se basa la monarquía absoluta no son, de ninguna manera, su propio producto; más bien forman su prerrequisito social, cuyos orígenes históricos son demasiado conocidos como para repetirse aquí. El hecho de que la monarquía absoluta se formó más tarde en Alemania y persiste más tiempo, se explica únicamente por el patrón de desarrollo raquítico de la clase burguesa alemana. Las respuestas a los rompecabezas presentados por este patrón de desarrollo se encuentran en la historia del comercio y la industria.

El declive de las ciudades libres filisteas alemanas, la destrucción de la propiedad caballeresca, la derrota de los campesinos [143] - la soberanía territorial resultante de los príncipes - la decadencia de la industria alemana y el comercio alemán, que se fundaron enteramente en condiciones medievales, en el mismo momento en que se abre el mercado mundial moderno y está surgiendo la fabricación a gran escala: la despoblación y las condiciones bárbaras que la Guerra de los Treinta Años [144]había dejado atrás -el carácter de las ramas nacionales de la industria que ahora están volviendo a surgir- a partir de la pequeña industria del lino a la que corresponden las condiciones y relaciones patriarcales, la naturaleza de los bienes exportados que en su mayoría derivan de la agricultura, y que por lo tanto fue casi exclusivamente para aumentar las fuentes materiales de riqueza de la aristocracia rural y por lo tanto su poder relativo con respecto a la gente del pueblo: posición baja de Alemania en el mercado mundial en general, como resultado de lo cual los subsidios pagados por los extranjeros a los príncipes se convirtió en una fuente principal del ingreso nacional, la dependencia de la gente del pueblo en la corte consecuente a esto - etc., etc., todas estas relaciones, dentro de las cuales la estructura de la sociedad alemana y una organización política en consonancia con ella tomaban forma, se convirtieron ,a los ojos de un grobianismo sensato-común-sensitivo, solo unas cuantas declaraciones concisa, cuya médula consiste sin embargo en la declaración de que el "gobierno de los príncipes en Alemania" ha creado la "sociedad alemana" y la está "recreando" cada día.

La ilusión óptica, que permite que el buen sentido común "discierna" el manantial de la sociedad alemana en el gobierno de los príncipes en lugar de ser la fuente del gobierno de los príncipes en la sociedad alemana, se explica fácilmente.

Percibe a primera vista -y siempre considera que su primera mirada es particularmente perceptiva- que los príncipes alemanes preservan y mantienen el control sobre las antiguas condiciones sociales en Alemania con las cuales su existencia política se mantiene y cae, y que reaccionan violentamente contra el elementos de descomposición Igualmente, ve, por otro lado, los elementos de descomposición que luchan contra el poder de los príncipes. Los cinco sentidos sanos dan testimonio unánimemente de que el gobierno de los príncipes es la base de la vieja sociedad, de sus gradaciones, sus prejuicios y sus contradicciones.

Cuando se observa más de cerca, estas apariencias, sin embargo, solo refutan la cruda opinión de que son la ocasión inocente.

El papel violentamente reaccionario desempeñado por la regla de los príncipes solo demuestra que en los poros de la vieja sociedad se ha formado una nueva sociedad, que además no puede sino sentir la concha política, la cobertura natural de la vieja sociedad, como un freno antinatural y volarlo por los aires. Cuanto más primitivos sean estos nuevos elementos de descomposición social, más conservadora aparecerá la reacción más vigorosa del viejo poder político. Cuanto más avanzados estén estos nuevos elementos de descomposición social, más reaccionarios aparecerán incluso los intentos más inofensivos de conservación por parte del antiguo poder político. La reacción del gobierno de los príncipes, en lugar de probar que crea la vieja sociedad, demuestra más bien que su día ha terminado tan pronto como las condiciones materiales de la vieja sociedad se han vuelto obsoletas, posesión oficial de poder o en posesión de poder oficial.


Una vez que las condiciones materiales de existencia de la sociedad se han desarrollado tanto que la transformación de su forma política oficial se ha convertido en una necesidad vital para ella, se transforma toda la fisonomía del viejo poder político. Así, la monarquía absoluta ahora intenta, no centralizar, que era su función progresiva real, sino descentralizar. Nacido de la derrota de los estados feudales y teniendo la participación más activa en su destrucción, ahora busca retener al menos la apariencia de distinciones feudales. Antes fomentando el comercio y la industria y al mismo tiempo el ascenso de la clase burguesa, como condiciones necesarias tanto para la fortaleza nacional como para su propia gloria, la monarquía absoluta ahora obstaculiza el comercio y la industria, que se han convertido en armas cada vez más peligrosas en manos de una burguesía ya poderosa. Desde la ciudad, el lugar de nacimiento de su ascenso al poder, dirige su mirada alarmada y ahora aburrida hacia el campo, que es fértil con los cadáveres de sus viejos oponentes poderosos.


Pero por "la conexión entre la política y las condiciones sociales" Herr Heinzen realmente entiende solo la conexión entre el gobierno de los príncipes en Alemania y la angustia y la miseria en Alemania.


La monarquía, como cualquier otra forma de estado, es una carga directa sobre la clase trabajadora en el lado material solo en forma de impuestos. Los impuestos son la existencia del estado expresado en términos económicos. Funcionarios y sacerdotes, soldados y bailarines de ballet, maestros de escuela y policías, museos griegos y campanarios góticos, lista civil y lista de servicios: la semilla común dentro de la cual todos estos seres fabulosos duermen en embrión son los impuestos.

¿Y qué ciudadano de razonamiento no habría referido a los hambrientos a los impuestos, a las ganancias mal habidas de los príncipes, como la fuente de su miseria?

¡Los príncipes alemanes y la angustia de Alemania! En otras palabras, ¡impuestos sobre los que los príncipes se atiborran y que la gente paga con su sudor y sangre!

¡Qué material inagotable para expresar a los salvadores de la humanidad!

La monarquía es la causa de grandes gastos. Sin duda. ¡solo considere el presupuesto nacional de América del Norte y compare lo que nuestras 38 pequeñas patrias tienen que pagar para ser gobernados y disciplinados! No son los comunistas quienes responden los atronadores estallidos de una demagogia tan importante, no, son los economistas burgueses como Ricardo, Senior, etc., en solo dos palabras.

La existencia económica del estado es impuestos.

La existencia económica del trabajador es el salario.

Para ser comprobado: la relación entre impuestos y salarios.

La competencia necesariamente reduce el salario promedio al mínimo, es decir, a un salario que permite a los trabajadores ganarse la vida penosamente y la vida de su raza. Los impuestos forman parte de este mínimo, porque la vocación política de los trabajadores consiste precisamente en pagar impuestos. Si todos los impuestos que pesan sobre la clase obrera fueran abolidos de raíz y de rama, la consecuencia necesaria sería la reducción de los salarios por la cantidad total de impuestos que hoy les corresponde. O bien la ganancia de los empleadores aumentaría como consecuencia directa en la misma cantidad, o bien no más que una alteración en la forma de recaudación de impuestos habría tenido lugar. En lugar del sistema actual, mediante el cual el capitalista también avanza, como parte del salario, los impuestos que el trabajador tiene que pagar, él [el capitalista] ya no los pagaría de esta manera indirecta, sino directamente al estado.


Si en América del Norte los salarios son más altos que en Europa, esto de ninguna manera es la consecuencia de impuestos más bajos allí. Es la consecuencia de la situación territorial, comercial e industrial allí. La demanda de trabajadores en relación con la oferta de trabajadores es significativamente mayor que en Europa. Y cualquier novato sabe la verdad de esto desde Adam Smith.

Para la burguesía, por otra parte, tanto la forma en que se distribuyen y recaudan los impuestos, como el uso que se les da, son una cuestión vital, tanto por su influencia en el comercio y la industria como porque los impuestos son el cordón dorado con que estrangular a la monarquía absoluta.

Habiendo proporcionado una comprensión tan profunda sobre "la conexión entre la política y las condiciones sociales" y entre las "relaciones de clase" y el poder del estado, Herr Heinzen clama triunfante:


"La 'visión comunista de mente estrecha' que solo trata a las personas en términos de 'clases' y las incita contra las demás según su 'oficio', es algo de lo que debo confesar que he sido inocente en mi propaganda revolucionaria, porque hago concesión para la 'posibilidad' de que 'humanidad' no siempre esté determinada por 'clase' o 'tamaño de la bolsa' ".

El sentido común "grobianista" transforma la distinción entre clases en "distinción entre el tamaño de los bolsos" y las contradicciones de clase en "disputas artesanales". El tamaño de la bolsa es una distinción puramente cuantitativa por la cual dos individuos de la misma clase pueden ser incitados entre sí a voluntad. Que los gremios medievales se oponen entre sí "de acuerdo con su oficio " es de conocimiento común. Pero también es de conocimiento común que las distinciones de clase modernas no se basan de ninguna manera en el "oficio" sino que la división del trabajo genera modos de trabajo muy diferentes dentro de la misma clase.


Y esto, su propia "visión estrecha", derivada completamente de su propia "plenitud de vida" y su propio "sentido común" es lo que Hern Heinzen llama humorísticamente una "visión comunista de mente estrecha".


Pero supongamos por un momento que el señor Heinzen sabe de lo que está hablando, que por lo tanto no está hablando de "la distinción entre el tamaño" de los bolsos y las "disputas artesanales".

Es perfectamente "posible" que lo que las personas individuales hacen no esté "siempre" determinado por la clase a la que pertenecen, aunque esto no es más crucial para la lucha de clases que un aristócrata que pasó a los niveles fue crucial para los franceses Revolución. Y luego estos aristócratas al menos se unieron a una clase específica, la clase revolucionaria, la burguesía. Pero para Herr Heinzen, todas las clases se desvanecen ante el solemne concepto de "humanidad".


Sin embargo, si Herr Heinzen cree que clases enteras que se basan en condiciones económicas independientes de su propia voluntad y son forzadas a la más virulenta contradicción por estas condiciones, pueden por medio de la calidad de "humanidad", que se adhiere a todos los hombres, derramar sus relaciones reales, ¿qué tan fácil debe ser para un príncipe en particular elevarse por el poder de la "humanidad" por encima de su "condición de príncipe", por encima de su "arte principesco"? ¿Por qué entonces se resiente cuando Engels discierne a un "buen emperador José" "Detrás de sus frases revolucionarias?

Pero si, por un lado, Herr Heinzen borra todas las diferencias, dirigiéndose vagamente a la "humanidad" de los alemanes, lo que también lo obligaría a incluir a los príncipes en sus exhortaciones, por otro lado, se ve obligado a reconocer la existencia de una diferencia en medio de la humanidad alemana, porque sin una diferencia no puede haber contradicción y sin una contradicción no puede haber material para la sermoneo político.


Así que Herr Heinzen divide a la humanidad alemana en príncipes y súbditos. La percepción y expresión de esta contradicción es, por su parte, una exhibición de fortaleza moral, una prueba de audacia personal, comprensión política, sentimiento humano indignado, perspicacia seria y valentía loable. Y sería un signo de ceguera intelectual, de la mentalidad de un policía, señalar que hay sujetos privilegiados y desfavorecidos; que el primero de ninguna manera vea gradaciones humillantes en la jerarquía política, sino una línea ascendente y ascendente; que, finalmente, entre los sujetos cuya sujeción se considera un grillete, sin embargo se considera un grillete de maneras muy diferentes.


Ahora vienen los comunistas "de mente estrecha" y ven no solo la diferencia política entre el príncipe y el sujeto, sino también la diferencia social entre las clases.


Mientras que la grandeza moral de Herr Heinzen un momento antes consistía en percibir y expresar la diferencia, su grandeza ahora consiste más bien en pasarlo por alto, desviar la mirada de él y silenciarlo. La expresión de la contradicción deja de ser el lenguaje de la revolución y se convierte en el lenguaje de la reacción y la maliciosa "incitación" de los hermanos, unidos en su humanidad, uno contra el otro.


Es de conocimiento común que poco después de la revolución de julio, la burguesía victoriosa, en las Leyes de septiembre, hizo de la "incitación de las diversas clases de la nación una contra la otra" una ofensa política seria, probablemente por razones de "humanidad" también, con penas de encarcelamiento, multas, etc. [145] También es de conocimiento público que los periódicos burgueses ingleses no conocen mejor manera de denunciar a los líderes cartistas y escritores cartistas que acusarlos de incitar a las diversas clases de la nación en contra de los demás. Incluso es de conocimiento común que los escritores alemanes están mintiendo en mazmorras profundas para esta incitación de las diversas clases de la nación en contra de los demás.



¿Acaso Herr Heinzen no habla el lenguaje de las Leyes francesas de septiembre, de los periódicos burgueses ingleses y del código penal prusiano?

No es un poco de eso. El bien intencionado señor Heinzen teme sólo que los comunistas “estaban buscando a garantizar los príncipes fontanela revolucionaria.” [146]


Así, los liberales belgas nos aseguran que los radicales tienen un entendimiento secreto con los católicos; los liberales franceses nos aseguran que los demócratas tienen un entendimiento con los legitimistas; los comerciantes libres ingleses nos aseguran que los cartistas tienen un entendimiento con los tories. Y el liberal Herr Heinzen nos asegura que los comunistas tienen un entendimiento con los príncipes.


Alemania, como ya dejé claro en el Deutsch-Französische Jahrbücher , [Marx, Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. Introducción] tiene su propia marca de mala suerte cristiano-germánica. Su burguesía se ha retrasado mucho en los momentos en que comienza su lucha contra la monarquía absoluta y busca crear las bases para su propio poder político en el momento en que en todos los países avanzados la burguesía ya está involucrada en la lucha más violenta contra el clase trabajadora y cuando sus ilusiones políticas ya están anticuadas en la mente europea. En este país, donde la miseria política de la monarquía absoluta aún persiste con todo su apéndice de estados y relaciones degradadas y semifeudales, también existe parcialmente, por otro lado, la mano, como consecuencia del desarrollo industrial y de la Alemania.

Dependencia del mercado mundial,[147] Por lo tanto, la burguesía alemana ya se encuentra en conflicto con el proletariado incluso antes de ser constituida políticamente como una clase. La lucha entre los "súbditos" ha estallado incluso antes de que los príncipes y la aristocracia hayan sido expulsados ​​del país, a pesar de todas las canciones cantadas en Hambach [148] .

Herr Heinzen no puede pensar en ninguna otra explicación para estas circunstancias contradictorias, que por supuesto también se reflejan en la literatura alemana, excepto al ponerlas en las conciencias de sus oponentes e interpretarlas como una consecuencia de la actividad contrarrevolucionaria de los comunistas.

Los obreros alemanes, por su parte, saben muy bien que la monarquía absoluta no vacila por un momento, ni puede hacerlo, al saludarlos, al servicio de la burguesía, con balas de cañón y latigazos. ¿Por qué, entonces, preferirían el brutal hostigamiento del gobierno absoluto con su séquito semifeudal para dirigir el gobierno burgués? Los trabajadores saben muy bien que no es solo políticamente que la burguesía tendrá que hacerles más concesiones que la monarquía absoluta, sino que al servir a los intereses de su comercio e industria, creará, quiera o no, las condiciones para la unión de la clase obrera y la unión de los trabajadores es el primer requisito para su victoria. Los trabajadores saben que la abolición del as relaciones de propiedad burguesas no se logran preservando las del feudalismo. Saben que el movimiento revolucionario de la burguesía contra los estados feudales y la monarquía absoluta solo puede acelerar su propio movimiento revolucionario. Saben que su propia lucha contra la burguesía solo puede comenzar con el día en que la burguesía salga victoriosa. A pesar de todo esto, no comparten las ilusiones burguesas de Herr Heinzen. Pueden y deben aceptar la revolución burguesa como una precondición para la revolución obrera. Sin embargo, por un momento no pueden considerarlo como su objetivo final.


El hecho de que los trabajadores realmente reaccionen de esta manera ha sido magníficamente ejemplificado por los cartistas ingleses en el movimiento más reciente de la Anti-Corn Law League. Ni por un momento creyeron en las mentiras y los inventos de los radicales burgueses, ni por un momento abandonaron la lucha en su contra, sino que ayudaron conscientemente a sus enemigos a vencer a los tories, y el día después de la abolición del maíz Las leyes se enfrentaban entre sí, ya no eran conservadores y comerciantes libres, sino comerciantes libres y cartistas. Y ganaron escaños en el parlamento, en oposición a estos radicales burgueses. [149]


No más de lo que Herr Heinzen entiende de los trabajadores, ¿comprende a los liberales burgueses, por todo lo que inconscientemente está trabajando a su servicio? Cree que es necesario repetir, en lo que a ellos respecta, las viejas advertencias contra los "modos fáciles y la sumisión de los alemanes". Él, el filisteo, toma en serio las expresiones obsequiosas que fueron servidas por un Camphausen o un Hansemann. Los caballeros burgueses sonreirían ante tal ingenuidad. Saben mejor dónde pellizca el zapato. Son conscientes de que en las revoluciones la chusma se pone insolente y se da la mano con las cosas. Los señores burgueses, por lo tanto, buscan en la medida de lo posible hacer el cambio de lo absoluto a lo burgués monarquía sin revolución, de manera amistosa.



Pero la monarquía absoluta en Prusia, como antes en Inglaterra y Francia, no se dejará convertir amistosamente en una monarquía burguesa. No abdicará de manera amistosa. Las manos de los príncipes están atadas tanto por sus prejuicios personales como por toda una burocracia de funcionarios, soldados y clérigos, partes integrantes de la monarquía absoluta, que están lejos de querer cambiar su posición de gobierno por una subordinada con respecto a la burguesía. Entonces los estados feudales también se detienen; para ellos es una cuestión de vida o muerte, en otras palabras, de propiedad o expropiación. Está claro que el monarca absoluto, a pesar del homenaje servil de la burguesía, ve su verdadero interés del lado de estas fincas.


Las canciones de sirenas de un Camphausen o un Hansemann no convencerán más a Federico Guillermo IV, por lo tanto, que la melosa lengua de un Lally-Tollendal, un Mounier, un Malouet o un Mirabeau podría hablar de un Luis XVI para participar en su suerte con el burguesía en lugar de con los señores feudales y los restos de la monarquía absoluta.


Pero Herr Heinzen no se preocupa ni de la burguesía ni del proletariado en Alemania. Su partido es la "fiesta de los hombres", en otras palabras, de soñadores dignos y generosos que abogan por los intereses "burgueses" disfrazados de fines "humanos", sin comprender claramente la conexión entre la frase idealista y su sustancia real.


Deutsche-Brüsseler-Zeitung n. ° 94, 25 de noviembre de 1847

Para este partido, el partido de los hombres, o para la humanidad residente en Alemania, el fundador de los estados Karl Heinzen ofrece la "mejor república", la mejor república que él mismo ha incubado, la "república federal con las instituciones sociales". Rousseau una vez diseñó un "mejor" mundo político para los polacos [Rousseau, Considerations sur le gouvernement de Pologne, et sur sa réformation projettée] como lo hizo Mably para los corsos. [150] El gran ciudadano de Ginebra ha encontrado un sucesor aún mayor.

"Estoy contento" - ¡qué modestia! - "reclamar eso como yo puedo armar". una flor solo de pétalos, así también puedo armar una república solo a partir de elementos republicanos ". 

[Heinzen's Manifesto, Deutsche-Brüsseler-Zeitung No. 84]

Un hombre que sabe cómo ensamblar una flor a partir de pétalos, aunque solo sea una margarita, no puede fallar en la construcción de la "mejor república", deje que el mundo perverso piense en ello como quiera.

A pesar de todas las lenguas difamatorias, el valiente fundador de los estados toma como modelo las cartas de la América republicana. Lo que sea que parezca ofensivo para él, lo pinta con su cepillo grobian. Por lo tanto, trae una edición enmendada - en usum delphini , [para el uso del Delfín. - Estas palabras fueron utilizadas en el siglo XVII para marcar la edición de obras latinas destinadas al heredero del trono francés, del cual se había eliminado el material "ofensivo", en otras palabras, para el uso y la edificación del "hombre alemán". Y habiendo así "esbozado las características de la república, es decir, de una república específica", levanta a su "pequeño" alumno irrespetuoso en el aire "por sus oídos comunistas" y lo arrincona con la pregunta de si él también podría " crear "un mundo, y de hecho, un" mejor mundo "? Y él no desiste de izar al" pequeño "al" aire "por sus" orejas comunistas "hasta que haya" golpeado "su" nariz "contra el gigantesco imagen del "nuevo" mundo, la mejor república, ya que con sus propias manos colgó una imagen colosal del mundo, ideado por él mismo, en el pico más alto de los Alpes suizos.

"Cacatum non est pictum ", [Mierda no es pintar] sisea la voz de la impenitente "pequeña" serpiente.

Y horrorizado, el Ajax republicano arroja al suelo a los comunistas de Thesites y saca de sus cabelleras peludas las terribles palabras:

"¡Llevas el absurdo al extremo, Herr Engels!"

¡Y realmente, Herr Engels! ¿No cree "que el sistema federal estadounidense" es la "mejor forma política" "que el arte de la política ha ideado todavía"? ¿Sacude su pequeña cabeza? ¿Qué? Niega absolutamente que el "sistema federal estadounidense" se haya ideado por "el arte de la política"? ¿Y que las "mejores formas políticas de la sociedad" existen en abstracto? ¡Eso está yendo demasiado lejos!

Usted es, al mismo tiempo, "tan desprovisto de vergüenza y conciencia" como para sugerirnos que el honesto alemán que desea que su fiel patria disfrute de los beneficios de la Constitución de América del Norte, embellecida y mejorada, se asemeja a ese idiota comerciante, quien copió las cuentas de su rico competidor y luego imaginó que teniendo posesión de esta copia, ¡también había tomado posesión de la codiciada riqueza!

¿Y nos amenazaron con el "hacha del verdugo" bajo su pequeño brazo, con la guillotina en miniatura que le dieron como juguete en 1794? Barbaroux, murmuras, y otras personas de impresionante estatura y circunferencia, fueron acortados por una cabeza llena en esos días en que solíamos tocar la guillotina porque proclamaban que "el sistema federal estadounidense" era "la mejor forma política". [151] Y así será el destino de todos los otros Goliats, a quienes se produce en cualquier revolución democrática en Europa y especialmente en Alemania, que todavía está bastante feudalmente fragmentada, desear poner el "sistema federal estadounidense" en lugar de una república indivisible y su centralización de nivelación.

¡Pero Dios mío! Los hombres del Comité de salut público [152] y los sabuesos de los jacobinos detrás de ellos eran monstruos, y la "mejor república" de Heinzen ha sido "ideada" por el "arte de gobernar de ahora" como la "mejor forma política" para los "hombres" , para hombres buenos, para humanos humanos!


¡De Verdad! "¡Llevas el absurdo al extremo, Herr Engels!

Y lo que es más, este hercúleo fundador de los estados no copia la "república federal" norteamericana en todos los detalles. Lo adorna con "instituciones sociales", "regulará las relaciones de propiedad según los principios racionales", y las siete grandes "medidas" con las que eliminó los "males" de la vieja sociedad burguesa no son de ninguna manera miserables, basura insustancial suplicaron a las puertas de: abominables cocinas de socorro socialistas y comunistas modernos. Es para los "Incas" y "Campe's Books for Children" [153]que el gran Karl Heinzen debe sus recetas para la "humanización de la sociedad", así como le debe este último eslogan profundo no al filósofo de Pomerania Ruge sino a algunos "peruanos" crecidos en sabiduría. Y Herr Engels describe todo esto, ¡como sueños filisteos arbitrariamente inventados de mejoramiento mundial!


Vivimos, por supuesto, en una época en la que "las personas mejores están desapareciendo cada vez más" y los "mejores" ni siquiera se comprenden.

Tomemos, por ejemplo, a cualquier ciudadano con buenas intenciones y pregúntele a su honesta opinión sobre lo que está mal con las "relaciones de propiedad" actuales. Y el hombre decente se pondrá el dedo índice en la punta de la nariz, respira profundamente dos veces y pensativo y luego exprese su punto de vista "humilde" de que es una vergüenza que mucha gente no tenga "nada", ni siquiera las necesidades más básicas, y que otros, en detrimento no solo de infelices sin propiedades sino también de ciudadanos honestos, están con aristocrática descaro acumulando millones! Aurea mediocritas! ¡Mediocridad dorada! ¡El miembro honesto de la clase media exclamará! ¡Es solo cuestión de evitar los extremos! ¡Qué constitución política racional sería compatible con estos extremos, estos extremos tan abominables!

Y ahora eche un vistazo a la "república federal" de Heinzen con "instituciones sociales" y sus siete medidas para la "humanización de la sociedad". Encontramos que a cada ciudadano se le asegura un "mínimo" de riqueza por debajo del cual no puede caer, y se prescribe un máximo de riqueza que no puede exceder.

¿No ha solucionado Herr Heinzen todas las dificultades, entonces, al reiterar en forma de decretos de estado el deseo piadoso de todos los buenos ciudadanos de que ninguna persona debería tener muy poco y nada, de hecho, demasiado, y simplemente hacerlo así lo hizo realidad?


Y de la misma manera, que es tan simple como espléndida, Herr Heinzen ha resuelto todos los conflictos económicos. Él ha regulado la propiedad de acuerdo con los principios racionales correspondientes a una equidad burguesa honesta. Y por favor no se opongan a que las "reglas racionales" de la propiedad sean precisamente las "leyes económicas" sobre cuya inevitabilidad a sangre fría se fundan necesariamente todas las "medidas" bien intencionadas, aunque son recomendadas por Incas y Campe's Books for Children y apreciadas por los patriotas más fuertes!


Qué injusto es poner en juego las consideraciones económicas contra un hombre que, a diferencia de algunas personas, "no se jacta de estudios en economía política", sino que ha logrado desde modestia hasta ahora en todas sus obras más bien preservar la apariencia virginal de tener todavía delante de él ¡Su primer estudio de economía política! Debe atribuirse al crédito del primitivo nivel de educación del hombre que con semblante solemne sirve a su pequeño comunista por todas las consideraciones que ya en 1842 habían penetrado en la plenitud alemana a través de los canales de la Allgemeine de Augsburgo. Zeitung , [154]tales como los relativos a la propiedad "adquirida", "libertad personal e individualidad" y similares. Realmente muestra cuán bajo han caído los escritores comunistas que buscan oponentes que estén escolarizados en economía y filosofía, pero por otro lado no dan respuesta a las fantasías "no presumidas" de sentido común grobianist, a las cuales tendrían primero enseñar los elementos de las relaciones económicas en la sociedad burguesa existente, para luego poder entrar en debate con ella.



Como privado apropiadamente, por ejemplo, no es una relación simple o incluso un concepto abstracto, un principio, sino que consiste en la totalidad de las relaciones de producción burguesas, ya que no se trata de una cuestión de subordinación o extinción sino de la propiedad privada burguesa existente, ya que todos estos las relaciones burguesas de producción son relaciones de clase, una visión que cualquier novicio debe haber adquirido de su Adam Smith o Ricardo; un cambio en estas relaciones o incluso la abolición de ellas solo puede derivarse de un cambio en estas clases y sus relaciones con cada uno otro, y un cambio en la relación de clases es un cambio histórico, un producto de la actividad social como un todo, en una palabra, el producto de un "movimiento histórico" específico. El escritor puede muy bien servir a un movimiento de la historia como portavoz, pero no puede, por supuesto, crearlo.

Por ejemplo, para explicar la eliminación de las relaciones de propiedad feudal, los historiadores modernos han tenido que describir cómo evolucionó la burguesía, el punto donde había desarrollado sus condiciones de vida lo suficiente como para poder eliminar todas las propiedades feudales y su propio modo feudal de existencia y, por lo tanto, también las relaciones de producción feudal, que constituían el fundamento económico de estas propiedades feudales. La eliminación de las relaciones feudales de propiedad y los cimientos de la sociedad burguesa moderna no fueron de ninguna manera el producto de una doctrina particular basada y elaborada a partir de un principio específico como su núcleo. Fue mucho más el caso de que los principios y teorías planteados por los escritores de la burguesía durante su lucha contra el feudalismo no fueron más que la expresión teórica de una serie de eventos reales; de hecho, uno puede ver que el grado en que esta expresión era más o menos utópica, dogmática o doctrinaria correspondía exactamente al grado de avance de la fase del desarrollo histórico real.


Y a este respecto, Engels fue lo suficientemente temerario como para hablar con su terrible oponente, el fundador hercúleo de estados, sobre el comunismo, en tanto que es teoría, como la expresión teórica de un "movimiento".

Pero, expone al hombre poderoso con sincera indignación: "Mi propósito era instar a las consecuencias prácticas, lograr que los 'representantes' del comunismo reconocieran esas consecuencias", es decir, esas absurdas consecuencias que, para un hombre que tiene solo concepciones fantásticas de la propiedad privada burguesa, están necesariamente vinculados con su abolición. Por lo tanto, quería obligar a Engels a "defender todo el absurdo", que según el esquema digno de Herin Heinzen "habría desenterrado". Y Reineke Engels ha decepcionado tan amargamente al honesto Isegrim que ya no encuentra en el comunismo ni siquiera un "núcleo" para "morder" y así se pregunta con asombro "cómo se va a servir este fenómeno, para que pueda ser comido" "¡!


Y en vano, el hombre honesto busca calmarse con giros ingeniosos, por ejemplo, preguntando si un movimiento histórico es un "movimiento de las emociones", etc., e incluso evoca el espíritu del gran "Ruge" para interpretar este enigma de la naturaleza para él!


"Después de lo que sucedió", exclama el hombre decepcionado, "mi corazón late a la manera de Siberia, después de lo que sucedió, solo huelo la traición y sueño con la malicia”. [Karl Heinzen, Steckbrief ]


Y realmente se explica el asunto para sí mismo diciendo que Engels "niega su escuela", "supera una retirada que es tan cobarde como ridícula", "compromete a toda la raza humana solo para salvar a su propia persona de verse comprometida". "," Niega la fiesta o la abandona en el momento crucial ", y una serie de estallidos moralizadores similares de furia. Del mismo modo, las distinciones de Engels entre el "socialismo verdadero" y el "comunismo", entre los sistemas comunistas utópicos y el comunismo crítico, no son más que "traición y malicia". ¡De hecho, nada más que distinciones jesuíticas de "pensamiento posterior", porque parecen no haber sido puestas al menos hasta ahora para Herr Heinzen, ni haber sido arrastradas por la tempestad de la plenitud de la vida!

¡Y cuán ingeniosamente Herr Heinzen logra interpretar estas contradicciones para sí mismo, en la medida en que han encontrado expresión literaria!

"Luego está Weitling, que es más listo que usted, y sin embargo, ciertamente puede considerarse un comunista".

Si no:

"¿Y si Herr Grün afirmaba ser un comunista y debía expulsar a Herr Engels?"

Llegado a este punto, es evidente que el hombre honesto, que no pudo "emanciparse hasta el punto de considerar la lealtad y la fe, por anticuadas que puedan ser, ser superfluas entre los seres racionales" - sirve las mentiras más absurdas, por ejemplo, que Engels también intentó escribir sobre un "movimiento social en Bélgica y Francia". Pero K Grün lo había "prevenido". Y luego había sido "incapaz de encontrar un editor por su aburrida repetición" y otras fabricaciones similares que Herr Heinzen ha derivado como "conclusiones" de un "cierto principio".

Esa crítica moralizante ha resultado ser tan miserable debido a su "naturaleza" y de ninguna manera debe considerarse como una deficiencia personal del Ajax de Telamonia. A pesar de todas sus estupideces y bajezas, este St. Grobian tiene la satisfacción moral de ser estúpido y estar basado en la convicción y, por lo tanto, ser un tipo con cierto afecto en él.

Lo que los "hechos" pueden hacer, lo que incluso el gran Karl Heinzen permite "seguir su curso" sin impedimentos:


"Yo", proclama, golpeando tres veces su seno honesto, "Yo, mientras tanto, llevo conmigo mi principio de forma inquebrantable y no lo abandono cuando una persona me pregunta sobre ello".


Heinrich LXXII de Reuss-Schleitz-Ebersdorf también ha estado desfilando su "principio" hace unos 20 años.

NB Recomendamos la crítica de Stephan [Born] , Der Heinzen'sche Staat , a los lectores de la Deutsche-Brüssseler-Zeitung. El autor, por supuesto, solo ha utilizado Herr Heinzen como una estaca, bien podría haberse aprovechado de cualquier otra entidad literaria en Alemania para confrontar a los pequeños burgueses con el punto de vista del trabajador realmente revolucionario. Herr Heinzen no conoce otra manera de responder a Stephan que afirmar ante todo que lo que ha escrito es basura; tanto para la crítica objetiva. Como no conoce personalmente a Stephan, recurre simplemente a llamarlo con el nombre de gamin y commis-voyageur .[guttersnipe y viajero comercial] Pero aún no ha ennegrecido a su oponente lo suficiente, finalmente lo convierte en un policía. Uno puede ver, de paso, cuán justa es esta última acusación, ya que la policía francesa, supuestamente en alianza con Herr Heinzen, ha confiscado 100 copias del panfleto de Stephan.

Después de haber dado al trabajador Stephan una lección moral práctica como se describió anteriormente, lo apostrofista en los siguientes términos ingenuos:

"Por mi parte, con mucho gusto aunque hubiera entablado conversaciones con un trabajador, no veo en la insolencia un sustituto adecuado de la competencia".
[Heinzen, "Ein 'Representant' der Kommunisten"]

Los trabajadores alemanes se sentirán eufóricos ante la perspectiva de que el demócrata Karl Heinzen entable discusiones con ellos tan pronto como se acerquen al gran hombre con la debida modestia. Herr Heinzen está tratando de ocultar su incompetencia con respecto a Herr Stephan por la insolencia de su arrebato.

KM

133 El trabajo es una continuación de la polémica con Karl Heinzen. Este último respondió a Engels (ver este volumen, pp. 291-306) con un largo artículo "Ein 'Repräsentant' der Kommunisten" lleno de rudo abuso de su oponente y de la teoría del comunismo científico en general (Marx irónicamente llamó a este artículo "Manifiesto de Heinzen contra los comunistas"). Después de la publicación de este artículo completo en Deutsche-Brüsseler-Zeitung(No. 84, 21 de octubre de 1847) Bornstedt, el editor del periódico, volvió a apelar a las partes contendientes para llevar la polémica a otro lado, ya que el periódico no podía permitirse publicar artículos tan largos. Sin embargo, el consejo editorial tuvo que aceptar publicar la respuesta de Marx a Heinzen en su totalidad. Cuando comenzaron a publicar la respuesta en el número 86 el 28 de octubre de 1847, los editores incluso censuraron a Heinzen en una nota editorial por el tono áspero de sus ataques. El 14 de noviembre, antes de que apareciera todo el artículo de Marx, los editores publicaron una nota especial en respuesta al intento de Heinzen de continuar la polémica: "Rehusamos publicar en el Deutsche-Brüsseler-ZeitungLa carta de Heinzen del 1 de noviembre desde Ginebra en la que ataca al comité editorial de este periódico de una manera infame e intenta involucrar al periódico ya Karl Marx, para su primer artículo en el número 86, sin esperar la continuación, en un vil privado disputa común. Declaramos que esta es la forma en que trataremos las siguientes cartas de Heinzen, a pesar de sus afirmaciones filisteas de que tiene derecho a usar nuestro documento para expresar sus puntos de vista. Responderemos a las posibles acusaciones públicas en el momento y lugar adecuados si lo consideramos necesario”.


El trabajo de Marx fue publicado en la columna de Polemik en varios números. Hubo algunas notas editoriales a la primera parte de la misma (a la expresión "literatura grobian", personajes literarios "Solomon y Marcolph", "predicador de ganso"). Posteriormente, sin embargo, se proporcionaron las notas del autor. Los números 92 y 94 del 18 y 25 de noviembre de 1847 contenían errata. Todas las correcciones, algunas de las cuales son mejoras del autor, se han tenido en cuenta en la presente edición.
Este trabajo fue publicado en inglés abreviado en K. Marx, Selected Essays, Parsons, Londres, 1926.

134 Esta nota (al título de la segunda entrega del artículo) publicada en el Deutsche-Brüsseler-Zeitung n. ° 87, del 31 de octubre de 1847, fue escrita evidentemente por Marx en respuesta al llamamiento editorial de las partes contendientes (véase la Nota 133). ) abstenerse de polémicas privadas.



135 Aquí y abajo, Marx cita a Shakespeare de August Schlegel y la edición de Ludwig Tieck: el dramatismo de Shakespeare, Werke , Th. 1-9), Berlín, 1825-33.

136 comunas - comunidades urbanas autónomas en la Francia medieval e Italia. Para su descripción, véase la nota de Engels a la edición en inglés de 1888 y la edición alemana de 1890 del Manifiesto del Partido Comunista (este volumen, página 486).


137 Por la guerra de liberación alemana se entiende la lucha por la liberación del régimen napoleónico en 1813-14 (para más detalles, véase la Nota 22). En esta guerra, así como en la campaña de 1815, después de la restauración efímera de Napoleón, Los estados alemanes, incluidos Austria y Prusia, que eran miembros de la Santa Alianza (véase la Nota 24), lucharon contra la Francia napoleónica en la 6ª coalición antifrancesa, cuyo principal organizador fue Gran Bretaña.

Nota 22  
22  En sus artículos "El Estado de Alemania" Engels intentó refutar la interpretación nacionalista reaccionaria de la historia alemana y, en particular, la glorificación del papel desempeñado por las clases dominantes alemanas en las guerras de 1813-14 y 1815 contra la Francia napoleónica. Pero dio una apreciación unilateral de la guerra en sí misma. La guerra para liberar a Alemania de la dominación francesa tras la derrota del ejército de Napoleón en Rusia en 1812 fue, de hecho, de naturaleza contradictoria. Su carácter se vio afectado por los objetivos y la política contrarrevolucionaria y expansionista de los círculos gobernantes en los estados monárquicos feudales. Pero especialmente en 1813, cuando la lucha estaba destinada a liberar el territorio alemán de la ocupación francesa, asumió el carácter de una guerra de liberación nacional genuinamente popular contra la opresión extranjera. Luego, El papel de la fuerza en la historia (1888) escribió: "La guerra de los pueblos contra Napoleón fue la reacción del sentimiento nacional de todos los pueblos, que Napoleón pisoteó".

Nota 24
24 La Santa Alianza : una asociación de monarcas europeos fundada el 26 de septiembre de 1815 por iniciativa del zar ruso Alejandro I y el canciller austríaco Metternich para suprimir los movimientos revolucionarios y preservar las monarquías feudales en los países europeos.

138 Marx se refiere a los "verdaderos niveladores" o "cavadores" que se separaron del movimiento republicano nivelador republicano durante la revolución burguesa inglesa de mediados del siglo XVII. Representando a los sectores más pobres de la población y sufriendo de la explotación feudal y capitalista en la ciudad y el campo, los Diggers, en contraste con el resto de los Levellers, que defendían la propiedad privada, realizaron propaganda para la comunidad de propiedad y otras ideas de comunismo igualitario. Intentando establecer la propiedad común de la tierra a través del arado colectivo de la tierra baldía comunal.

139 Sobre la lucha de la burguesía inglesa contra las Leyes del maíz, ver Nota 47.
Nota 47.
47 La referencia es a la Abrogación de las Leyes de Maíz aprobadas en junio de 1846. (En las Leyes de Maíz, véase la Nota 28.) El movimiento para la derogación de las Leyes de Maíz fue liderado por la Anti-Corn Law League fundada en 1838 por el Manchester fabricantes Cobden y Bright. Actuando bajo el lema de libre comercio irrestricto, la Liga luchó por debilitar la posición económica y política de la aristocracia terrateniente y, al mismo tiempo, reducir los salarios de los trabajadores.

Nota 28
28 Las Leyes del Maíz (introducidas por primera vez en el siglo XV) imponían aranceles elevados a las importaciones agrícolas a fin de mantener los altos precios de los productos agrícolas en el mercado interno. Por la Ley de 1815, se prohibieron las importaciones de grano siempre que los precios de los granos en Inglaterra permanecieran por debajo de 80 sh. por cuarto. Más tarde se adoptaron nuevas leyes (1822, 1828 y otros) cambiando los términos para las importaciones de granos.
La lucha entre la burguesía industrial y la aristocracia terrateniente sobre las leyes del maíz terminó en su derogación en junio de 1846.


140 Marx cita el informe de la comisión bajo la presidencia de William Morris Meredith para investigar el funcionamiento de la Ley de pobres. El informe presentado al Congreso de Pennsylvania el 29 de enero de 1825 se publicó en The Register of Pennsylvania el 16 de agosto de 1828.

141 Aparentemente Marx está citando la siguiente edición: Th. Cooper, Lectures on the Elements of Political Economy , Londres, 1831. (La primera edición se publicó en Columbia en 1826). Esto se demuestra por la coincidencia de las páginas mencionadas y los pasajes relevantes en la edición mencionada anteriormente, y también por los extractos copiados por Marx (incluido el pasaje citado) en sus cuadernos preparatorios (ver MEGA, Abt. 1, Bd. 6, Berlín 1932, S. 604).

142 Ver nota 38.
Nota 38
38 joven América- una organización de artesanos y trabajadores estadounidenses; formó el núcleo de la masiva Asociación Nacional de Reforma fundada en 1845. En la segunda mitad de la década de 1840, la Asociación agitó la reforma agraria, proclamando como objetivo la asignación gratuita de una parcela de 160 acres a todo hombre trabajador; salió contra plantadores y propietarios de esclavos. También presentó demandas para una jornada laboral de diez horas, abolición de la esclavitud, del ejército permanente, etc. Muchos artesanos emigrantes alemanes, incluidos los miembros de la Liga de los Justos, participaron en el movimiento encabezado por la Asociación Nacional de Reforma. En 1846, el movimiento entre los trabajadores alemanes comenzó a disminuir. Una de las razones de esto fue la actividad del grupo de Kriege cuyo "verdadero socialismo" desvió a los emigrantes alemanes de la lucha por objetivos democráticos.



143 La referencia es al fracaso de la Guerra Campesina en Alemania (1524-25)


144 Guerra de los Treinta Años, 1618-48 - una guerra europea, en la que el Papa, los Habsburgo de Austria y España y los príncipes católicos alemanes se unieron bajo el estandarte del catolicismo lucharon contra los países protestantes: Bohemia, Dinamarca, Suecia, la República del Países Bajos y una serie de estados alemanes que se habían convertido en protestantes. Los gobernantes de la Francia católica, rivales de los Habsburgo, apoyaron el campamento protestante. Alemania fue el principal escenario de esta lucha, objeto de saqueo y reivindicaciones territoriales. El Tratado de Westfalia concluyó en 1648 escaló el desmembramiento de Alemania

145 Las leyes de septiembre promulgadas por el gobierno francés en septiembre de 1835 restringieron los derechos de los tribunales de jurados e introdujeron medidas severas contra la prensa. Se previó un aumento de los depósitos de dinero para publicaciones periódicas y se introdujo el encarcelamiento y grandes multas por publicar ataques contra la propiedad privada y el sistema político existente. La promulgación de estas leyes en condiciones de la monarquía constitucional de julio que había proclamado formalmente la libertad de prensa, hizo hincapié en la naturaleza antidemocrática del sistema burgués.


146 Fontanel: úlcera artificial practicada en la medicina medieval para la eliminación de tumores dañinos del cuerpo.

147 La referencia es al levantamiento de los tejedores de Silesia del 4 al 6 de junio de 1844, la primera gran batalla de clase entre el proletariado y la burguesía en Alemania, que asumió el mayor alcance en los pueblos de Langenbielau y Peterswaldau, y al levantamiento de los trabajadores de Bohemia en la segunda mitad de junio de 1844. (Véase la Nota 104).

Nota 104
104 La referencia es a un surgimiento espontáneo de trabajadores textiles en Praga en la segunda mitad de junio de 1844. Los acontecimientos en Praga dieron lugar a levantamientos obreros en muchos otros centros industriales de Bohemia. El movimiento de los trabajadores, que estuvo acompañado por la destrucción de fábricas y máquinas, fue reprimido por las tropas gubernamentales.


148 La referencia es a los llamamientos a la unidad de todos los alemanes contra los monarcas alemanes en nombre de las libertades burguesas y las reformas constitucionales, que fueron presentadas por los participantes en el festival de Hambach, un evento político que tuvo lugar cerca del castillo de Hambach en el  Palatinado bávaro el 27 de mayo de 1832.




149 Movimiento para la derogación de las Leyes de Maíz - ver Nota 47. Sobre la elección del líder cartista Feargus O'Connor para el Parlamento - ver Nota 46.

Nota 46
46 La dirección del Comité de Correspondencia Comunista de Bruselas para el líder cartista Feargus O'Connor fue escrita en relación con su victoria en la reunión electoral de Nottingham a principios de julio de 1846, cuando defendió la erección de la Cámara de los Comunes. La votación en tales reuniones (hasta 1872) fue a mano alzada, y todos los presentes tomaron parte en ella. Sin embargo, solo los electores "legítimos" (los que tienen propiedades y otras calificaciones) podrían participar en la votación posterior, en la que, en consecuencia, los candidatos que habían sido votados a mano alzada podrían ser elegidos. A pesar de este sistema antidemocrático, O'Connor fue debidamente elegido para el Parlamento en la votación de agosto de 1847.
La dirección de los comunistas de Bruselas se leyó en una reunión ordinaria de los Demócratas Fraternos celebrada el 20 de julio de 1846 y fue muy bien recibida allí (ver The Northern Star No. 454, 25 de julio de 1846).


150 La referencia a Mably no es exacta: el proyecto de constitución para los corsos fue redactado por Rousseau y no por Mably. (JJ Rousseau, Lettres sur la législation de la Corse , París, 1765). Mably, además de Rousseau, elaboró ​​el proyecto de constitución para los polacos. (G. Mably, " Du gouvernement et des lois de Pologne " en: Collection complète des oeuvres , t. 8, París, 1794 A 1795.)

151 Una alusión a la conducta de los representantes del partido de la gran burguesía -los girondinos- después de haber sido destituidos del gobierno y los jacobinos establecieron su dictadura en Francia tras el levantamiento popular del 31 de mayo al 2 de junio de 1793. En el En verano del mismo año, los girondinos se sublevaron contra el gobierno jacobino para defender los derechos de los departamentos a la autonomía y la federación. Después de que se reprimió la revuelta, muchos líderes girondinos (entre ellos, Barbaroux) fueron condenados por el tribunal revolucionario y ejecutados.



152 El Comité de seguridad pública (El Comité de Seguridad Pública) establecido por la Convención el 6 de abril de 1793 durante la dictadura jacobina (2 de junio de 1793 - 27 de julio de 1794) fue el principal organismo gubernamental revolucionario en Francia. Duró hasta el 26 de octubre de 1795.



153 La referencia es a las historias para niños escritas por el pedagogo alemán JH Campe, en particular su libro Die Entdeckung von Amerika , una sección dedicada a los incas peruanos y la conquista española del Perú.



154 Una alusión a los artículos que aparecieron en el Allgemeine Zeitung , distorsionando las ideas del comunismo utópico y el socialismo e intentando atribuir puntos de vista comunistas a los órganos radicales de la prensa alemana. Marx expuso este intento en su artículo "Communism and the Augsburg Allgemeine Zeitung " publicado en el Rheinische Zeitung del 16 de octubre de 1842 (véase la presente edición, Vol. 1).