sábado, 25 de enero de 2014

1934-2014...UHP, habrá otros octubres



22/1/2014
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80 aniversario este año del octubre de Asturias. En nuestra Euskal Herria los sueños y las intenciones de una buena parte de la clase obrera vasca no eran diferentes.

*A la memoria de Sebastián Álvarez García de diecisiete años, que un día de Octubre de 1934 partió fusil en mano a buscar y defender sus sueños. Al igual que tantos otros nunca volvió".

Sebastián, a cuya memoria va dedicado este artículo, murió defendiendo las posiciones obreras situadas en La Corredoria, en Oviedo, frente a las tropas comandadas por el general López Ochoa que por orden del Gobierno de la II República habían sido enviadas a acabar con la insurrección que había estallado en Asturias el día 4 del mismo mes. Al igual que él miles de hombres y mujeres decidieron intentar aquel mes de Octubre de hace 80 años tomar el cielo por asalto bajo la consigna UHP, ¡Unios, Hermanos Proletarios!.

No está de más recordar desde la memoria histórica democrática y antifascista, donde la memoria de clase tiene un espacio más que relevante, la razón de dicha decisión. Aquel 4 de Octubre de 1934 tuvo lugar en el estado español una huelga general para responder a la entrada de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) en el gobierno de la República, algo que por la creciente fascistización y voluntad golpista demostrada incluso públicamente por dicho partido era visto por los partidos y sindicatos de izquierdas como un ataque a la propia esencia del régimen republicano que en su constitución se declaraba como "una República de trabajadores de toda clase" y un claro intento de involución del propio régimen político. En la mayor parte de la península la huelga es derrotada por diferentes motivos, logrando en el mejor de los casos como en diferentes zonas de Euskal Herria lanzar conatos insurreccionales o hacerse con el poder por unas horas o incluso varios días. En el caso de Asturias sin embargo UHP fue mucho más que una mera consigna al lograr la clase obrera asturiana demostrando su incontestable madurez, dar cuerpo a la llamada Alianza Obrera, donde se agruparon la práctica de la totalidad de partidos y sindicatos obreros -PSOE, PCE, BOC, UGT, CNT...- siendo además capaz de dotarse de una estrategia política, social y militar que permitió que la insurrección triunfase y se mantuviese. Esa misma madurez ideológica, política y organizativa será la que propicie en Asturias un evidente salto de calidad que fue capaz de convertir la insurrección en revolución social, en toma de poder por la clase obrera real y efectiva, afirmando claramente los insurrectos asturianos que su acción no tenía otro objetivo que: "...frente a la situación económico-política del régimen burgués, se impone la acción mancomunada de todos los sectores obreros con el exclusivo objeto de promover y llevar a cabo la revolución social" constituyéndose así en lo que ha sido hasta el día de hoy la última experiencia europea de insurrección, toma de poder e intento de construcción de una sociedad sin clases por parte de la clase obrera.

En nuestra Euskal Herria los sueños y las intenciones de una buena parte de la clase obrera vasca no eran muy diferentes y más allá de la pronta derrota de ellos, de su preparación y determinación para conseguirlos nos hablan las barricadas instaladas en Portugalete y los casi doscientos encausados de ese pueblo, los más de 400 detenidos en Bilbao, los hechos de Arrasate y Eibar, los enfrentamientos en Erandio y Lamiako, los ininterrumpidos hallazgos durante los meses posteriores a la derrota de depósitos de dinamita, de armas de fuego, de propaganda, de emisoras, las voladuras de los puentes en la zona minera, los bombardeos de Galdames... Todos esos deseos de emancipación derrotados pero absolutamente vigentes los encontraremos posteriormente reflejados en la determinación ante los pelotones de ejecución de miles de fusilados por el franquismo, en las causas dictadas contra decenas de miles por ese régimen, en el mito del Octubre Rojo asturiano alentando la resistencia en el monte y la clandestinidad... La insurrección de Octubre, "la del 34", tal y como hemos escuchado referirse a ella con el cariño y la familiaridad de un sueño tantas veces acariciado a tantos viejos militantes obreros y antifascistas, marca un hito y una esperanza en la clase obrera asturiana y de todo el estado y es la luz roja que dicta a las clases dominantes la necesidad de arrancar de cuajo ambos -mito y esperanza- y anular la memoria de la realidad que fueron, lo que intentarán hacer llegando hasta el genocidio a partir del 18 de Julio de 1936.

En el atardecer del 18 de octubre de 1934 el dirigente minero asturiano Belarmino Tomás, cabeza visible del Tercer Comité Revolucionario Provincial, era el encargado de leer el comunicado que anunciaba el fin del movimiento revolucionario en Asturias. Lo hizo desde el balcón del Ayuntamiento de Langreo, sede del Comité, ante una multitud de obreros que abarrotaba la plaza y las calles próximas y que en gran parte se mostraba contrario al cese de las hostilidades, multitud entre la que según reflejan diferentes testimonios «las mujeres provocaban a los hombres para que éstos no aceptasen ninguna clase de acuerdo con el ejército de la República». En su discurso, Belarmino Tomás se dirigía así a las personas allí congregadas y por extensión a todos los insurrectos asturianos:

"La lucha no se ha planteado como las necesidades exigían. Existía y existe el temor de coger las armas, y este temor, por no llamarlo traición, es el que ha determinado precisamente el fracaso de nuestro movimiento, tan valientemente y con tanto heroísmo sostenido aquí por espacio de quince días pero ante esta situación no es posible seguir luchando por más tiempo con las armas en la mano. Sin embargo declaramos que la lucha entre el Capital y el Trabajo no ha terminado ni podrá terminar en tanto que los obreros y campesinos no sean dueños absolutos del Poder. El hecho de organizar la paz con nuestros enemigos no quiere decir que reneguemos de la lucha de clases. No. Lo que hoy hacemos es simplemente un alto en el camino, en el cual subsanaremos nuestros errores para no volver a caer en los mismos, procurando al mismo tiempo organizar nuestra segunda y próxima batalla, que debe culminar en el triunfo total de los explotados."

Tras la deposición de las armas por parte de los insurgentes la represión sería lanzada con toda su crudeza sobre la clase obrera asturiana, al igual que ya se venía abatiendo desde principios de ese mismo mes sobre la vasca, la catalana y la de los otros pueblos de la península, culpables de haber querido hacer realidad su sueño de emancipación y de justicia social, culpables de haber hecho que "El Estado y la Revolución" de Lenin hubiese sido uno de los libros más vendidos en el año 1933... Torturas indiscriminadas, ejecuciones en masa, violaciones, miles de detenidos y encarcelados, habilitación de barcos-prisión o de lugares como el Fuerte de Ezkaba para el encierro masivo de prisioneros...

Hoy 80 años después de aquellos hechos desde Ahaztuak 1936-1977 queremos hacernos también eco de aquella sangre de Octubre, de una memoria que muy pocos -ni siquiera los que se dicen herederos de las siglas que encuadraban a aquellos que los protagonizaron- mencionan hoy en día y mucho menos reivindican. La memoria de Sebastián Álvarez o de Celestino Uriarte por mencionar a algunos. La memoria que fue en gran medida la impulsora de la victoria del Frente Popular el 16 de Febrero de 1936 tras la bandera de la amnistía para los miles de presos políticos encarcelados tras aquella insurrección, la memoria que alentaria al combate a miles de antifascistas tras el golpe del 18 de Julio de 1936.

Una memoria que como parte de la memoria histórica de la clase obrera vasca, como parte de la Memoria Histórica Democrática y Antifascista de Euskal Herria y de los pueblos y clases populares de todo el estado muchos prefieren ignorar y hacer que se ignore. Una Memoria que nos muestra que una vez la clase obrera fue capaz de tomar el poder. Que nos muestra que una vez la clase obrera fue capaz de ser poder. Una Memoria que nos dice que eso no es imposible si se alcanza la madurez ideológica, política, organizativa y estratégica necesaria para ello.

Y en ello la memoria de clase, la memoria histórica democrática y antifascista, juega un importante por no decir determinante papel.

AHAZTUAK 1936-1977

(Este artículo fue escrito y publicado en el año 2009 con motivo de la conmemoración del 75. Aniversario de la Revolución de Octubre. Hoy lo recuperamos para que sirva de presentación de la dinámica que desde Ahaztuak 1936-1977 llevaremos a cabo durante el presente año 2014, al cumplirse el 80 aniversario de los mismos hechos históricos)


1934-2014. UHP!! HABRÁ OTROS OCTUBRES...


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