lunes, 15 de julio de 2013

El españolismo una trampa mortal para la izquierda (artículos relacionados y los marxistas y la cuestión nacional)





Sábado, 19 de Enero de 2013 02:00

Harto y cansado acaba uno de los discursos seudoizquierdistas que pretenden revestir de crítica al nacionalismo lo que en esencia no es más que una defensa a ultranza de la única nación que reconocen como válida y con derecho a decidir: España.

Son dogmáticos, antimarxistas, antidialécticos. Se quedaron en el siglo XIX y de ahí no pasan. Abordan sus análisis de la cuestión nacional con una sobradez y unas ganas de dar lecciones que desafía toda lógica discursiva. Abusan de su concepción preconcebida del nacionalismo y la convierten en una verdad de validez universal. Pero no nos engañan.

De entrada, cometen exactamente el mismo error que dicen criticar. Asumen una visión única de la realidad y canalizan a través de ella todo su discurso. No admiten luchas entre contrarios ni análisis de lo concreto. Simplemente equiparan en un mismo marco de actuación, de pensamiento y de acción a todo aquello cuanto huela a nacionalismo. En su delirio, equiparan el patriotismo del obrero con consciencia nacional y de clase con el patriotismo de la burguesía. A Chávez con Capriles, a Fidel con Gloria Estefan. Al nacionalismo del PNV con el de la Izquierda abertzale, al de CiU con el de las CUP, al del Partido Andalucista con el del SAT. Para ellos, todos son lo mismo.

Dicen no entender que se quieran construir nuevos estados, pero acaban remitiendo al estado español como marco de acción para la lucha revolucionaria, como único ámbito posible para poder entender la lucha del obrero, organizado, como lucha de clases dentro del estado español. Federalistas, se dicen.

Las luchas de liberación nacional son para ellos válidas en Argelia, Palestina o el Congo, pero se convierten en nacionalismo burgués si se mueven dentro de los ámbitos del estado español. Si Cuba o Venezuela abrazan su bandera nacional para defenderse del imperialismo, para combatir al capitalismo internacional, son ejemplo para la izquierda, pero si se hace desde Catalunya, Euskal Herria, Galiza, Canarias o Andalucía pasa automáticamente a ser todo lo contrario: ejemplo de lo que no debe ser la izquierda. Porque ellos lo valen.

Tejen complejos discursos sobre la naturaleza humana y remiten al internacionalismo proletario como justificador de todos sus planteamientos. Como si el internacionalismo, aquello de la unidad de todos los proletarios del mundo, anulara el hecho de poder tomar un determinado territorio nacional, aunque no estuviese reconocido como estado, como marco de lucha. Como si por sentirse miembro de una determinada nación le impidiese a uno luchar, dentro de ella, contra las imposiciones de la burguesía, nacional e internacional, en dicho territorio. Como si no se pudiese a una misma vez levantar la bandera nacional y atacar con ella a la burguesía patria.

Sus análisis son genéricos, todo lo contrario de lo que debe ser un correcto análisis marxista, que debe ir, antes que nada, a lo concreto, sin asumir prejuicios previos que puedan condicionar la forma de acercar el materialismo dialéctico a la realidad concreta de una determinado pueblo y su lucha por la liberación nacional, con la consecuente lucha de clases que, también a nivel interno, ello implica. Otorgan, porque sí, el liderazgo de tales procesos a la burguesía y arrebatan a la clases trabajadoras toda capacidad de liderar y hacer suyo el movimiento, sin más justificación que sus propios prejuicios antinacionalistas, su propio españolismo.

Dicen reconocer el derecho a decidir de los pueblos, pero se oponen a que tales pueblos puedan ejercer, de facto, tal derecho, no solo mediante las urnas, sino en el día a día de la lucha de clases, en las movilizaciones populares y los conflictos sociales y políticos del momento. Abordan la cuestión nacional, en definitiva, sobre sus propios marcos mentales y no sobre la realidad social.

Los obreros del mundo deben caminar todos juntos de la mano, defender un mismo proyecto de sociedad y un mismo modelo de mundo. Pero eso no será posible hasta que cada pueblo, cada nación, tenga capacidad para decidir libremente su futuro. Nunca será posible unir donde lo que se pretende es otorgar a unos pueblos más derechos que a otros. Donde lo que se quiere es anular los movimientos populares que alzan banderas nacionalistas mediante la imposición de una bandera estatal en nombre de una supuesta lucha de clases colectiva que ni es igual ni se da de la misma manera en cada territorio. No por casualidad hoy en día las filas de la izquierda nacionalista en Catalunya o Euskal Herria está repleta de hijos de emigrantes de otras partes del estado, ni la burguesía andaluza es principalmente de ascendencia no andaluza. Pero ellos no lo entienden.

Si la unidad proletaria es eso: que yo tenga que renunciar a luchar por defender los derechos nacionales de Andalucía, bajo un proyecto socialista y revolucionario, en nombre de una supuesta unidad de la clase trabajadora en el marco global del estado español, conmigo que no cuenten. En lo concreto, España es el rostro que para Andalucía asume el imperialismo y el capitalismo. Nunca renunciaré a levantar mi bandera blanca y verde en contra de esa España. Porque sin salir de ella, Andalucía no tiene futuro y aquí solo gana la burguesía. Si quieren unidad, que respeten nuestros derechos a sentirnos parte de la tierra que nos vio nacer y a defenderla desde lo concreto de la realidad de nuestra tierra. Si no lo aceptan, no son nuestros aliados de clase, son nuestros enemigos.

Aliados de clase son quienes no miran qué bandera levantas, sino el proyecto de sociedad que defiendes, la ideología que te acompaña y, sobre todo, los enemigos a los que, con tu nacionalismo, combates. Y con la nuestra estamos hartos de darle en la cabeza a la Duquesa de Alba, esa española. Como a la burguesía andaluza y a todo lo que huela a capitalismo en Andalucía, empezando, claro, por las diversas formas de España, monárquicas o republicanas, que nos ha tocado sufrir durante estos últimos cinco siglos de historia. A la de la conquista de Granada y a la de Casas Viejas. A la de los Reyes Católicos y a la de Azaña. Nunca ninguna quiso liberar a Andalucía del capitalismo. Todo lo contrario. Todas ellas nos condenaron, en sus proyectos estatales, a ser colonia del imperialismo.

Nuestros aliados de clase están en la ocupación de Somonte, como lo estaban en las ocupaciones de tierras en la República, se hicieran o no se hicieran con una bandera andaluza. Nuestros aliados de clases marchan por las carreteras reivindicando soberanía y acabar con la explotación del hombre por el hombre, incluso cuando, aceptando que alcemos nuestras banderas, llevan su bandera republicana o su roja y negra anarquista. Esos son nuestros aliados de clase. Los que pretenden decirnos cómo debemos sentirnos, qué banderas debemos o no debemos alzar, los que se atreven a darnos lecciones y nos tratan como si solo ellos conocieran la verdad, esos, por supuesto, no son nuestros aliados de clase, son cómplices del españolismo, son, por ende, nuestros enemigos.

Dejen ya de revestir su españolismo de marxismo, que ya los tenemos muy calados.

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Fuente:


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Los marxistas y la cuestión nacional

K. Marx & F. Engels    Manifiesto del Partido Comunista  (1848)

                               BURGUESES Y PROLETARIOS

Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional.  Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía.

                                                                  II
                                       PROLETARIOS Y COMUNISTAS


Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales.

El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer.  La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación.  En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras.

Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí.


Lenin en  artículo Sobre el folleto de Junius (octubre 1.916)

Cita: Texto Junius (pág. 78 y 79)

“Socialismo reconoce a cada pueblo el derecho a la independencia y a la libertad a disponer libremente de su destino”; el “socialismo Internacional reconoce el derecho de las naciones libres, independientes e iguales; pero sólo él puede crear esas naciones, solo él puede llevar a la practica el derecho de las naciones a la autodeterminación


Contradice lo que criticaba Lenin a Rosa Luxemburgo en su obra

El derecho de las naciones a la autodeterminación V. I. Lenin

Esta obra critica la posición de los anarquistas, los reformistas y fundamentalmente a  Rosa Luxemburgo   como representante del partico comunista de Alemania, el llama  Liga Espartaquista y algo  no en concreto a  Antón Pannekoek como representante del partido comunista de Holanda.

Lo más importante que aporta la obra de Lenin, es saber diferenciar entre nacionalidad opresora y nacionalidad oprimida.


Andreu Nin  Las organizaciones obreras internacionales

                                                  Capítulo primero

           LOS ORÍGENES DE LA ORGANIZACIÓN OBRERA INTERNACIONAL      

El movimiento obrero y el internacionalismo

 

    En la etapa actual de evolución del capitalismo, la economía sobrepasa las fronteras nacionales y forma un todo único mundial. La existencia de una economía nacional aislada, sin ninguna relación de dependencia con las demás, bastándose a sí misma, es hoy absolutamente inconcebible, tanto si se trata de un país capitalista como de un en que la clase obrera haya tomado el Poder y construya los cimientos de una sociedad socialista, como es el caso la U.R.S.S.

El capitalismo es internacional, pero la burguesía no es internacionalista, pues el régimen económico en que se apoya se basa no la solidaridad, sino en el antagonismo de los intereses; no en el bien social, sino en el beneficio particular; no en el afán de satisfacer las necesidades de la sociedad, sino en la concurrencia.

El movimiento obrero, por el contrario, es profunda y esencialmente internacionalista. El proletariado está sujeto a un mismo sistema de explotación inicua en todos los países. Sus intereses no son antagónico, sino solidarios. ^^^ Las condiciones de existencia de la vida sociedad- decía el Manifiesto Comunista- aparecen destruidas en las condiciones de existencia del proletariado. El proletariado no tiene propiedades; sus relaciones de familia no tienen nada de común con las de la familia burguesa. El trabajo industrial moderno, que implica la sumisión del obrero por el capital, tanto en Francia como en Inglaterra, en América como en Alemania, quita al proletariado todo carácter nacional. ^^

^^ Los obreros no tiene patria- afirma el histórico documento- . Nadie puede quitarle lo que no poseen. Como el proletariado de cada país ha de conquistar, en primer lugar, el poder político, erigirse en clase directora de la nación, constituir él mismo la nación, es todavía “nacional” en este sentido, aunque de ningún modo lo sea en el sentido burgués de la palabra. Las divisiones y los antagonismos nacionales de los pueblos van desapareciendo ya cada día más con el desarrollo de la burguesía, la libertad de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción industrial y de las condiciones de existencia que le corresponden. El predominio del proletariado hará desaparecer estas diferencias aún más rápidamente. La acción común de los proletariados de los distintos países, al menos en los civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación. Abolid la explotación  del hombre por el hombre y aboliréis la explotación de una nación por otra^^

Han transcurrido ya más de ochenta años desde que Marx y Engels escribieran el Manifiesto. Desde entonces, el proceso de desarrollo mundial del capitalismo ha ido avanzando a pasos gigantesco en el sentido indicado por los fundadores del Socialismo científico hasta llegar a la etapa monopolista actual, la última de su evolución. El capitalismo destruye las barreras nacionales, pero en vez de derivar, como lo pretenden los reformistas a lo Kaustsky, en una especie de ^^ Superinimperialismo^^ que  tienda a destruir la concurrencia y a menguar las posibilidades de crisis, se caracteriza por exacerbación inaudita de las condiciones y de los antagonismo internos, por la aparición de crisis, cada vez más frecuentes, frecuentes, profundas y generales, y por una violencia cada día mayor de la lucha de clases.

 Con el desarrollo del capitalismo, se ha ido desarrollando paralelamente la conciencia de clase del proletariado, y con ella,  el sentimiento de solidaridad internacional. El tóxico nacionalista, administrado tenazmente por la burguesía con los medios podemos que le proporciona su posición económica privilegiada (la Prensa, el cine, la radio, la escuela, etc.) y la preciosa colaboración de la burocracia reformista, envenena todavía a una parte de la clase obrera; pero es indudable que, en comparación con la época en que apareció el Manifiesto Comunista, el sentimiento internacionalista del proletariado es infinitamente más intenso. En éste, como en otros aspectos, la clase obrera se ha ido emancipando de los prejuicios del pasado a costa de sacrificios inmensos, de una experiencia sangrienta y dolorosa, que culminó en la abominable matanza de 1.914-1.918.

  El grado de tensión extrema a que llegado los antagonismos imperialistas y que amenazan con provocar una hecatombe todavía más monstruosa que la de 1.914, colocarán nuevamente al proletariado ante una situación de inmensa responsabilidad histórica. Los hechos no tardarán en evidenciar si la clase ha superado ya definitivamente sus prejuicios nacionales, derribando el sistema capitalista antes de que la burguesía provoque una nueva carnicería mundial, o si será precisa otra trágica experiencia.

En todo caso, se puede afirmar rotundamente que el prejuicio nacional ejerce una influencia cada vez más atenuada sobre el proletariado, y que el sentimiento de la solidaridad de clase que une a los trabajadores de todo el mundo va arraigando firmemente en la conciencia de los explotados.

J. Stalin  EL MARXISMO Y LA CUESTIÓN NACIONAL

Esta obra de Stalin casi todos los marxistas lo tienen como mejor obra sobre la cuestión nacional, considero demasiado estricta y dogmática, según Stalin la nación  que no cumpla las 5 rasgos  de la cuestión nacional (basta con que falte aunque sólo sea uno de estos rasgos, para que la nación deje de serlo  Por esta regla de tres Andalucía no tiene derecho a ser Nación ni las naciones latinoamericanas y muchas otras

Citas del texto:

¿Qué es una nación?

Una nación es, ante todo, una comunidad, una determinada comunidad de hombres.

1º la comunidad de idioma como uno de los rasgos característicos de la nación

2º la comunidad de territorio como uno de los rasgos característicos de la nación.

3º la comunidad de vida económica, la ligazón económica como una de las particularidades características de la nación.

4º la comunidad de psicología, reflejada en la comunidad de cultura, como uno de los rasgos característicos de la nación.

Con esto, hemos señalado todos los rasgos distintivos de una nación.

Nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura.

Es necesario subrayar que ninguno de los rasgos indicados, tomado aisladamente, es suficiente para definir la nación. Más aún: basta con que falte aunque sólo sea uno de estos rasgos, para que la nación deje de serlo.http://www.marxists.org/espanol/stalin/1910s/vie1913.htm

Andreu Nin  Los movimientos de emancipación nacional






El problema de las nacionalidades en Euzkadi José Luis Arenillas  Artículo publicado en la revista Comunismo, nº 38, septiembre de 1934.




 


George Haupt. Los marxistas frente a la cuestión nacional del problema. Libro de 73 páginas


Georges Haupt  Rosa Luxemburgo y la cuestión nacional

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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