martes, 27 de junio de 2017

Andreu Nin y Joaquín Maurín: vidas paralelas, por Wilebaldo Solano





                                              Andreu Nin  (1892 – 1937)




                                             Joaquín Maurín (1896-1973)






Índice

1. Del sindicalismo revolucionario al comunismo

El viaje a Moscú

La lucha contra la dictadura de Primo de Rivera

El exilio de Maurín en París

2. La lucha por la independencia política

Dos personalidades de relieve

Una ruptura lamentable

3. De la Alianza Obrera al POUM

El reencuentro de Nin y Maurín en la Alianza Obrera

Hacia la creación del POUM

Una unificación firme y sincera

Maurín y Trotsky

4.   1936-1937: Nin sin Maurín

La ausencia de Maurín

Las responsabilidades de Nin





[Conocemos a Wilebaldo Solano como el último líder del POUM, el militante precoz que nunca abandonó sus ideales y su vinculación organizativa, mantenida hasta el último momento. Un tiempo que sobrepasa los ochenta años de acción, y que tuvieron su “guinda” en la secuencia de una presencia (extrañamente animosa considerando el estado de su enfermedad), a principios de mayo de este mismo año, y con motivo de la inauguración de la Biblioteca Andreu Nin en Barcelona, justo donde estaba el Hotel Colom que fue la sede central del POUM en tiempos de revolución. Pero seguramente lo conocemos menos como periodista político, animador de periódicos y revistas poumistas que lo fueron La Batalla en los largos años del exilio, y Tribuna Socialista en la que publicaron, entre otros, amigos como Michael Löwy. Esa obra está estructurada muy parcialmente en su libro El POUM en la historia, que editó a finales del siglo pasado en Libros de la Catarata, y del que todavía queda n resto disponible. Este trabajo forma parte de este libro, y se centra en las dos figuras mayores del POUM, y por extensión del marxismo por estos lares. Dentro del POUM, los orígenes “bloquistas” o “trotskistas”, marcaron mucho, y fueron pocos los que superaron esta dicotomía. Su identificación con el POUM fue más allá de las diferencias de formación, y se proyectó con una conexión mucho más activa con la izquierda radical francesa, dentro de la cual Solano fue uno de los rostros más distinguido del exilio español. P. G-A].


1. Del sindicalismo revolucionario al comunismo

En diciembre de 1919 se celebró en Madrid el II congreso de la Confederación Nacional del Trabajo en España (CNT), en el que estuvieron representados cerca de 600.000 obreros organizados. Fue un acontecimiento de una enorme trascendencia, ya que el sindicalismo revolucionario era una de las fuerzas más importantes del país. En dicho congreso estuvieron presentes Andreu Nin y Joaquín Maurín, cada uno en su lugar. Nin era uno de los delegados de Cataluña y tomó una parte muy activa en los debates. Maurín, simple observador, fue una de las sorpresas porque asistió vestido de soldado. Estaba cumpliendo el servicio militar en un regimiento de El Pardo. La simpatía hacia la revolución rusa era avasalladora en todo el movimiento obrero. Esto explica que el congreso, bajo la impulsión de militantes como Andreu Nin y David Rey, decidiera adherirse "provisionalmente a la III Internacional por los principios revolucionarios que la informan".


Nin, nacido en El Vendrell en 1892, tenía 27 años. Maurín, nacido en Bonansa (Huesca) en 1897, sólo contaba 22. Unos meses después, en 1920, Maurín, libre ya del servicio militar, fue nombrado secretario provincial de la CNT de Lérida y director del semanario Lucha Social. Ambos eran maestros y tenían ya su pequeña historia de militantes y de periodistas. Nin había militado en el republicanismo nacionalista y en el PSOE y había ejercido el periodismo en El Poble catalá, La Publicitat y la Agencia Fabra. Maurín había fundado en Huesca, a los 17 años, el periódico El Talión, que le procuró sinsabores y persecuciones, y había sido miembro del comité de la Juventud Republicana de Lérida.


En torno a Lucha Social se agruparon los militantes cenetistas que simpatizaban con la revolución rusa. La influencia del periódico rebasó pronto el marco leridano y se hizo sentir en toda Cataluña, en Asturias y en Valencia. Según Maurín, "para la CNT era de gran importancia extender y fortificar la organización en Lérida y su provincia" donde se encontraban "las grandes centrales hidroeléctricas que abastecían de energía a Barcelona" (1). En el verano y el otoño de 1920 se efectuó un intensísimo trabajo de propaganda y organización con la ayuda de Andreu Nin y José Viadiu, enviados por el comité de Cataluña de la CNT. Era la época del terrorismo patronal. La burguesía de Barcelona logró que Martínez Anido y Arlegui fueran designados para dirigir la represión contra un movimiento obrero cada vez más pujante y combativo. Pronto cayeron los dirigentes sindicalistas más destacados, que fueron encarcelados en la Modelo de Barcelona y en el castillo de La Mola (Menorca), al propio tiempo que los pistoleros del llamado "Sindicato Libre" ejercían el terror. Como la represión era menos intensa en las provincias, se reconstituyeron los comités con representantes en Lérida, Gerona y Tarragona. Andreu Nin reemplazó a Evelio Boal en la secretaría del Comité Nacional y se nombró un comité de Cataluña reducido, con Joaquín Maurín (Lérida), Francisco Isgleas (Gerona) y Felipe Alaiz (Tarragona). Por consiguiente, Nin y Maurín afrontaron juntos una situación muy delicada.


El viaje a Moscú


El 28 de abril de 1921 se celebró clandestinamente en Barcelona un Pleno nacional de la CNT, convocado por Nin como secretario general. El debate fundamental se centró en la represión contra la CNT y el terrorismo. Sólo la delegación de Aragón preconizó contestar al terror con el terror. Prevaleció, por tanto, el punto de vista del comité nacional y del regional de Cataluña, opuestos al terrorismo como sistema. Triunfaron las tesis de Nin y de Maurín. Seguidamente se comunicó una invitación a la CNT para que enviara una delegación al III congreso de la Internacional Comunista y al congreso de fundación de la Internacional Sindical Roja. Se aceptó la invitación y se nombró una delegación formada por Nin, Maurín, Jesús Ibáñez e Hilario Arlandis, a la que se añadió Gastón Leval (2) en representación de los grupos anarquistas. Maurín y Nin hicieron el viaje juntos y sin pasaporte. El viaje fue complicado, con etapas en París y Berlín, Stetin y Reval, y lo explicó muy bien Maurín en su ensayo "Sobre el comunismo en España" (3)


La llegada de la delegación española a Moscú fue un acontecimiento que ha sido descrito excelentemente por personalidades como Alfred Rosmer y Víctor Serge. En primer lugar era una delegación que representaba a una organización potente y prestigiosa, la CNT. "Dos hombres - escribió Víctor Serge me impresionaron en seguida: Maurín, con su alta silueta un poco dura, su rostro alargado, su gravedad sonriente, y Andrés Nin con su mirada dorada. La confianza se estableció en seguida. Yo les hablé de las veladas pasadas con Salvador Seguí, durante la preparación del movimiento de 1917, en la modesta vivienda de la calle de las Egipciacas. Ellos me interrogaron sobre todo con una avidez sin límites" (4). Los delegados asistieron al III congreso de la Internacional Comunista (Serge los vio atentos y serenos en la gran sala dorada del Kremlin, escuchando un debate presidido por Grigori Zinoviev al lado de Alfred Rosmer, Giacinto Serrati, Paul Levi y León Trotsky, con Lenin sentado en la escalerilla que conducía a la tribuna). Y luego al congreso de la Internacional Sindical Roja, donde, según Maurín, Nin se destacó como uno de los líderes y formó parte de las comisiones más importantes.


La delegación solicitó a Dzerzhinsky la liberación de los anarquistas detenidos en Rusia y tuvo entrevistas con Lenin, Trotsky, Zinoviev, Radek, Bujarin, Rikov y otros dirigentes soviéticos. Maurín y Nin suscribieron los documentos del congreso de la ISR. Maurín, Arlandis e Ibáñez regresaron en seguida a España. Lozovski retuvo a Nin en Moscú por asuntos de la ISR. Nin salió para España en septiembre, pero fue detenido en Berlín a petición del gobierno de Madrid, que quería involucrarle en la causa que se seguía por el asesinato de Dato. La demanda de extradición fue denegada por el gobierno alemán. Nin recobró la libertad en enero de 1922 y se trasladó a Moscú para consagrarse a sus tareas en la ISR.


Andreu Nin iba a vivir en Moscú hasta 1930, cerca de diez años. Durante ese período, tanto cuando ocupó cargos importantes en la ISR, la Internacional Comunista y el gobierno soviético como cuando fue apartado de tales funciones por haber manifestado su solidaridad con Trotsky y la Oposición de Izquierda, trató de no perder el contacto con Joaquín Maurín, su camarada y amigo. En un pleno de la CNT celebrado en octubre de 1921 en Lérida, Maurín informó sobre la gestión de la delegación de la CNT en Moscú y especialmente sobre el congreso de la ISR. Su informe fue aprobado por unanimidad. Más las cosas cambiaron pronto. La CNT estaba dividida entre los partidarios y los adversarios de la ISR, aunque el comité nacional, con Maurín en funciones de secretario provisional, defendía los acuerdos del pleno de Lérida. En febrero de 1922, Maurín fue detenido y en junio se celebró una conferencia de la CNT, en la que se decidió romper con la Internacional Comunista. Los sindicalistas partidarios de la Internacional Sindical Roja, influidos por Lucha Social, se reunieron en Bilbao a fines de 1922 y acordaron agruparse en los Comités Sindicalistas Revolucionarios.


Poco después apareció en Barcelona el semanario La Batalla, como portavoz de dichos Comités. Nin siguió todo este proceso desde Moscú. Era el delegado de los CSR y del grupo de La Batalla en el Profintern. Por lo demás, Nin colaboró con frecuencia en Lucha Social y La Batalla, aportó informaciones importantes sobre el movimiento sindical internacional e introdujo en ambas publicaciones las firmas de Trotsky, Zinoviev, Radek, Lozovsky, Bujarin, Serge,etc. pues la colaboración de Nin con Maurín fue en aquellos momentos de un valor inestimable (5).


La lucha contra la dictadura de Primo de Rivera


En septiembre de 1923, el golpe de estado del general Primo de Rivera modificó substancialmente la situación. Las tareas de los CSR, que habían hecho grandes progresos en Barcelona, en Valencia y en Asturias, quedaron gravemente comprometidas. En diciembre de 1923, Maurín tuvo la audacia de publicar durante un mes el diario Lucha Obrera, que se presentó como "diario sindicalista-comunista" y que se realizó con la colaboración abierta de los redactores de Solidaridad Obrera (Felipe Alaiz, José Viadiu), interrumpido en su publicación por una "imposición de los grupos anarquistas", según Maurín. La Batalla siguió publicándose, sometida a censura previa, hasta comienzos de 1925, cuando fueron detenidos Bonet, Maurín y casi todos los compañeros de los CSR. Fue suspendida por orden directa de Martínez Anido.

Maurín tuvo ocasión aún, en el verano de 1924, de hacer un viaje a Moscú para asistir a un congreso de la ISR y de encontrarse con Nin, con el que tuvo un intercambio de informaciones y de ideas que resultó muy fructífero para ambos. Según escribió muchos años después, "el clima político y moral era muy distinto del que prevalecía en 1921" (6). En esa ocasión precisó también: "El grupo de La Batalla, con Andrés Nin, representante suyo en el Profintern, había tenido simpatías ideológicas con Lenin y Trotsky, pero jamás con Stalin" (7).


En un pleno de noviembre de 1924, el comité ejecutivo del Partido Comunista presentó la dimisión, "pasando, de este hecho, la responsabilidad de la dirección a la Federación catalana" (Maurín), que sacó un periódico ilegal titulado Vanguardia. En sustitución de La Batalla salió nuevamente Lucha Social, que tuvo una vida muy efímera. La dictadura, que era tan tolerante con los socialistas, fue implacable con los anarcosindicalistas y los comunistas. El núcleo de La Batalla fue diezmado por la represión. Desde la cárcel de Barcelona, Maurín y Bonet enviaron mensajes a Nin y a la dirección de la Internacional Comunista informando sobre la difícil situación en que se encontraba el movimiento sindicalista-comunista. En Moscú se celebró una reunión internacional para estudiar la situación española y del PC con André Marty, Antonio Gramsci, Andreu Nin, Jules Humbert-Droz y Lozovski, en donde se decidió encomendar la reorganización del Partido Comunista a José Bullejos. Poco después, Nin fue enviado a París para trabajar en el mismo sentido, pero fue detenido, condenado a un mes de prisión y expulsado de Francia.


Maurín fue detenido el 12 de enero de 1925 cuando salía del Ateneo barcelonés. Pasó tres años en la Cárcel Modelo y en la fortaleza de Montjuich. Pero incluso desde esas prisiones trató de no perder la relación con Nin y con Víctor Serge. El escritor revolucionario ruso evocó esta detención en 1937: "Pasó tres años en la misma celda que Ferrer i Guardia. Me escribió varias veces. Estaba enamorado, solo, privado de su vida, de la acción, amenazado. Ni siquiera la prisión era una garantía. Evelio Boal, secretario de la CNT, y tres camaradas suyos, habían sido liberados una noche para ser asesinados por los pistoleros a unos pasos de una comisaría de policía. Maurín intentó evadirse, pero se rompió una pierna y fue encerrado en un calabozo durante unos meses. Sus cartas eran las de un hombre sólido, estudioso. Pedía libros, aprendía lenguas extranjeras, el inglés, el alemán. El Socorro Rojo Internacional, dirigido por burócratas, no le asistía, sin duda porque conocía su independencia de criterio. Liberado el 4 de octubre de 1928, Maurín se trasladó a París y pudo, al fin, casarse. Las luchas y las prisiones habían prolongado su noviazgo con Jeanne, hermana del escritor Boris Souvarine, cerca de seis años" (8).


El exilio de Maurín en París


Maurín pasó en París poco más de dos años. Fue un periodo de tregua y de calma relativa en su agitada vida. Sin embargo, trabajó intensamente y pudo completar su formación intelectual. Siguió colaborando con la Internacional de la Enseñanza, por la que siempre se había interesado, fue corresponsal de la Agencia Tass y director de las Ediciones Europa y América, creadas para difundir la literatura política revolucionaria en los países de lengua española. Y, como era lógico, reanudó la relación con su amigo Nin, que se encontraba en Moscú en una situación difícil. Era de la Oposición de Izquierda y vivía en libertad vigilada en el Hotel Lux. Lozovski y Tomski le consultaban cuando necesitaban su concurso en relación con la vida de la ISR. Pero Nin daba por terminada su vida en la URSS y quería ir a otro país, con la perspectiva de volver a España. Pensó en seguida en Francia y en Bélgica y sondeó a sus amigos de la Oposición de esos países. Mas no era fácil salir de la URSS ni trasladarse a Francia, de donde había sido expulsado en 1925. La estancia de Maurín en París fue un gran consuelo para Nin. Se estableció entre ellos una relación epistolar y un intercambio de informaciones y documentos de enorme utilidad. Diversas personas que viajaban entonces entre Moscú y París -entre ellos Angelo Tasca y Palmiro Togliatti [fundadores del PCI junto a Antonio Gramsci]- sirvieron de intermediarias cuando se trataba de cartas y documentos políticos. No disponemos de todo ese material, que, sin duda, nos permitiría aclarar muchas cosas. Pero tenemos una parte de esa correspondencia, publicada por la revista catalana L'Avenç en sus números de junio y agosto -septiembre de 1982- con un prefacio y notas explicativas de Pelai Pagés. Y también una de las cartas políticas más importantes de Nin, fechada en Moscú el 17 de enero de 1929, que ha sido publicada al fin por L'Avenç, en su número de enero de 1983, acompañada asimismo de notas de Pelai Pagés, profesor de la Universidad de Barcelona.


Estas cartas tienen un doble valor. En primer lugar confirman la amistad personal y política entre Nin y Maurín, que se mantenía intacta pese a una larga separación y a la distancia que había mediado entre sus actividades respectivas, en Moscú y en Barcelona. En segundo lugar ofrecen una visión bastante clara de la personalidad de ambos, de sus inquietudes, de sus trabajos y de sus esperanzas. Dicho esto, conviene subrayar que Maurín, siempre altruista, buscó en seguida la colaboración de Nin para las Ediciones Europa y América, tomando las precauciones que imponía el hecho de que Nin hubiera sido expulsado del PCUS y que perteneciera a la Oposición de Izquierda, y que, además, junto con Víctor Serge, se ocupara especialmente de la ayuda a los deportados trotskistas y se escribiera con Trotsky. Gracias a esta correspondencia, sabemos que Nin tradujo para las Ediciones Europa y América obras fundamentales de Lenin como El Estado y la Revolución, El imperialismo, fase superior del capitalismo, dos volúmenes de Páginas Escogidas; de Plejanov, Anarquismo y socialismo, y otros libros. Una parte de las cartas abordan los problemas de traducción y de presentación de los libros, siempre con naturalidad y cordialidad, y otra se refiere al deseo de salir de la URSS lo antes posible para trabajar y luchar con mayor libertad y en mejores condiciones. Pero, en realidad, todos sus problemas los consulta con Maurín, a quien explica incluso sus enfermedades y sus operaciones. El fallo en esta correspondencia reside en que sólo hay dos cartas de Maurín a Nin.


Hasta la fecha no se han podido encontrar las restantes.


La única carta extensa y escrita con entera libertad, sin pensar en interferencias o censuras, es la enviada por mensajero el 1 de enero de 1929. En esta extensa misiva, redactada en catalán sin duda para que resulte más confidencial, Nin afirma que escribe claramente. Y así es: hace un análisis de la crisis del PCUS y de la lucha rusa de tendencias, explica la represión contra los oposicionistas y el propósito de Stalin de expulsar a Trotsky al extranjero al objeto de eliminarlo físicamente y la resistencia de los obreros a la política burocrática de Stalin y anuncia otra carta más extensa "por este mismo conducto"(9). Por consiguiente, hay que deducir de esto que la correspondencia entre Nin y Maurín fue mucho más rica aun de lo que se infiere por las cartas que han llegado hasta ahora a los historiadores.


No sabemos si Maurín contestó a esta carta. Según Víctor Serge, "la prisión y el exilio impidieron a Maurín intervenir en la cuestión rusa. Su presencia en la IC, ya domesticada por el estalinismo, era en 1930 una anomalía". En realidad, Maurín estaba mucho mejor informado de lo que Víctor Serge suponía, tanto por Nin como por hombres como Boris Souvarine (su cuñado) (10), que era de la Oposición de Izquierda, Rosmer o el patriarca sindicalista Monatte. Y esto explica su ruptura con el PC y la Internacional Comunista en 1930.


2. La lucha por la independencia política


Casi todo el mundo reconoce hoy en los medios políticos e intelectuales que Joaquín Maurín y Andreu Nin figuran entre las personalidades políticas más destacadas del movimiento obrero de los años 20 y 30. Hubo en aquella época un desfase muy grande entre la fuerza y la combatividad de los trabajadores organizados de la ciudad y del campo y el nivel intelectual y político de sus dirigentes. Los animadores del socialismo, que realizaron un trabajo tenaz en el terreno de la organización y de la propaganda, menospreciaban la teoría. Al parecer, les bastaba con el Manifiesto Comunista, y lo decían. Los anarquistas, que eran formidables propagandistas, se limitaban a reproducir los textos de Kropotkin, de Bakunin y Malatesta, aunque no descuidaban la labor educativa de base, por primitiva que fuera, y mantenían la prensa obrera más importante de España. El comunismo oficial, que al principio contó con elementos valiosos y que se presentó como una esperanza, no tardó en caer en lo que primero se llamó la bolchevización y luego resultó que era la avanzadilla de la insoportable subcultura estalinista. En tales condiciones, las tareas de formación marxista fueron asumidas por algunos comunistas disidentes, los que lanzaron editoriales como Cenit, Oriente y Hoy, o revistas como Comunismo y La Nueva Era. Pero era ya en el ocaso de la dictadura de Primo de Rivera.


Con la caída de la monarquía de Alfonso XIII y el triunfo de la República se abrió una nueva etapa de las luchas políticas y sociales en España. Se produjo una extraordinaria explosión de fuerzas en el movimiento obrero renaciente, en la intelectualidad radical y en la juventud obrera y universitaria. Fue la etapa en la que iban a dar de sí todo lo que valían quienes se habían formado en las luchas de los años veinte y estaban en plena madurez. Entre ellos se encontraban Andreu Nin y Joaquín Maurín


Dos personalidades de relieve


Maurín tenía 35 años y Nin 38. Eran camaradas y amigos desde 1920. Habían coincidido entonces en el sindicalismo revolucionario de la CNT y habían participado juntos en el III congreso de la Internacional Comunista y en el congreso de fundación de la Internacional Sindical Roja. Les unía la esperanza en la Revolución de Octubre. En 1921 habían podido conversar en Moscú con Lenin, Trotsky, Zinoviev, Bujarin y otros dirigentes rusos.

Nin volvía de la URSS tras cerca de diez años de labor incansable: primero como secretario adjunto de la ISR, diputado del Soviet de Moscú y consejero del gobierno soviético, y luego como dirigente de la Oposición de Izquierda. Maurín volvía de París, donde había vivido exiliado tras su largo encarcelamiento en el castillo de Montjuich. Nin apareció en la república de las letras con Las dictaduras de nuestro tiempo, réplica a Las Dictaduras, obra de Cambó, líder de la burguesía catalana. Maurín hizo lo mismo con Los hombres de la dictadura, libro implacable con aquellos que hicieron posible el régimen de Primo de Rivera. Aunque los dos tenían problemas con el Partido Comunista y con la III Internacional, aparecieron ante la opinión como los dirigentes comunistas más prestigiosos. Todo permitía prever que iban a trabajar juntos nuevamente. Pero las circunstancias pesaron más que la amistad y el afán mutuo de colaboración.


Andreu Nin era un dirigente de la Oposición de Izquierda que había mantenido una actividad intensa en Moscú y no había perdido el contacto con Trotsky, exiliado entonces en Prinkipo (Turquía). En sus primeras cartas a Trotsky, en octubre-noviembre de 1930 , Nin le informaba sobre la situación del movimiento comunista, al que presentaba dividido en cuatro tendencias: el PC oficial, al que consideraba sin fuerza ni autoridad; las Federaciones de Cataluña y Valencia, que habían sido excluidas del partido; el Partit Comunista Catalá (Arquer, Farré) y la Oposición de Izquierda, "que en Cataluña no tiene ninguna fuerza". Nin manifestaba su preferencia por la Federación catalana y hacía elogios de Maurín, "un camarada muy inteligente y sobre todo muy honesto", y no le ocultaba que estaba trabajando con él (11). La realidad era que Maurín y Nin mantenían excelentes relaciones, que se afianzaron en el tiempo que pasaron juntos en la cárcel Modelo de Barcelona tras la insurrección de Jaca, tiempo que les facilitó la confrontación de experiencias y de ideas, cosa que ambos reconocieron años después en diversas circunstancias.


Maurín había sido corresponsal de la Agencia Tass y director de las Ediciones Europa y América en 1928-29, durante su exilio parisiense, pero había operado siempre con bastante independencia. En Francia mantuvo relaciones con oposicionistas como Boris Souvarine, Lucien Laurat y Alfred Rosmer, cosa que no debió de gustar en la dirección de la Internacional Comunista. Para postre, en Barcelona afirmó la autonomía de la Federación Catalano-balear y en Los hombres de la dictadura sostuvo posiciones originales reñidas con los clichés y la logomaquia del Partido Comunista. El caso es que después de la Conferencia de Pamplona (que se reunió en Bilbao), el comité ejecutivo del Partido Comunista envió una carta fechada el 25 de junio de 1930 en la que le pedía nada menos que una "declaración pública reconociendo todas las faltas políticas cometidas por ti en el pasado". Semejante declaración tenía que incluir: "aceptar públicamente y sin reservas la línea política de la Internacional Comunista y del PC de España", el "rompimiento de toda relación con los elementos oposicionistas" y el envío, "para su publicación en la prensa del Partido, de uno o dos artículos combatiendo el trotskismo como contrarrevolucionario" (12). Inútil decir que la respuesta de Maurín al singular documento no se hizo esperar mucho: fue la fusión de la Federación catalana del PC con el Partit Comunista Catalá y la creación del Bloque Obrero y Campesino como organización de masas. El congreso del BOC previsto en principio para diciembre de 1930, se celebró el 1 de marzo de 1931 en la ciudad de Tarrasa.


Una ruptura lamentable


La creación del BOC planteó nuevos problemas a Nin. Eso se refleja muy bien en sus cartas a Trotsky, en las que a veces exagera su propio papel, quizás para convencerle de que su posición con respecto a Maurín y a la Federación Catalana es justa. En su carta del 29 de junio de 1931, Nin escribía: "Mis relaciones con los dirigentes de la Federación Catalana han pasado por diferentes etapas: colaboración, ruptura, nueva colaboración, nueva ruptura. Ahora nos encontramos en este último caso..." (13). ¿Qué había pasado en los últimos meses? Pues que el 9 de junio, Nin había pronunciado una conferencia en el Ateneo de Madrid y había empleado una parte de su tiempo en criticar las ideas que Maurín había defendido la víspera en el mismo lugar y las posiciones del BOC. Cierto, Maurín había propuesto que el Ateneo se convirtiera en Convención y había hablado del separatismo catalán en términos equívocos y sorprendentes. Pero, en el fondo, lo de Madrid podía ser un simple pretexto. Lo más grave era que Nin, que seguía colaborando en L'Hora, el semanario catalán animado por militantes del BOC y que había solicitado el ingreso en la Federación y el Bloque, inspirado sin duda por Trotsky y sus amigos de la Oposición española, pretendía obtener un derecho de fracción en dichas organizaciones.


El hecho es que Nin, a su regreso de Madrid, se encontró con una carta del CE de la Federación que le produjo "una extraordinaria sorpresa". Nin respondió de esta manera: "Vuestra respuesta evasiva demuestra que mis sinceros deseos de contribuir a la indispensable unificación de las fuerzas comunistas no han encontrado en vosotros el eco que merecían". Así se terminó una etapa en las relaciones entre Maurín y Nin. Supongo que ambos lamentaron lo que sucedió, pues en realidad la ruptura retrasó lo fundamental: la creación de una fuerza marxista revolucionaria independiente, que es lo que se intentó tres años más tarde al crearse el clima que hizo posible la constitución de la Alianza Obrera y del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).


3. De la Alianza Obrera al POUM


"El nacimiento de la Alianza Obrera en enero de 1934 abrió una nueva fase en la vida de Andrés Nin", escribí yo en el primer ensayo biográfico del dirigente marxista que se publicó (14). Fue en 1970, treinta y tres años después de su asesinato por los estalinistas soviéticos y españoles. Ahora, con mayor perspectiva y con mejores informaciones, podemos confirmar aquella afirmación. Hasta entonces, Nin, sin descuidar sus tareas de traductor y de escritor, había militado en la Izquierda Comunista, que era una pequeña organización que no podía ofrecerle grandes posibilidades de acción. Pues bien, todo iba a cambiar rápidamente.


La Alianza Obrera, que había tenido una gestación laboriosa durante el año 1933, año de la victoria electoral de las derechas de Gil Robles y de la toma del poder por Hitler en Alemania, se había constituido como un bloque compacto de todas las organizaciones obreras de Cataluña, con la sola excepción de la CNT. En ese bloque figuraban la UGT (Vila Cuenca), Unió Socialista de Catalunya (Martínez Cuenca), Izquierda Comunista (Andreu Nin), Bloque Obrero y Campesino (Joaquín Maurín), Partido Socialista Obrero Español (Rafael Vidiella), Sindicatos de Oposición de la CNT (Angel Pestaña), Federación de Sindicatos excluidos de la CNT (Pedro Bonet) y Unió de Rabassaires (J.Calvet). La Alianza se presentó a los trabajadores de Cataluña en un gran mitin celebrado en el Palacio de Artes Decorativas de Montjuich en el que hablaron Angel Pestaña, Juan López, Jordi Arquer, Rafael Vidiella, Jaume Miravitlles y Andreu Nin.


El reencuentro de Nin y Maurín en la Alianza Obrera


Dos cosas merecen ser destacadas: el reencuentro de Joaquín Maurín y de Andreu Nin tras la ruptura de 1931 y el sentido profundo de la Alianza Obrera. Veamos: la Izquierda Comunista y el Bloque Obrero y Campesino se habían opuesto severamente a la política de Stalin y de la Internacional Comunista que consistía entonces en proclamar que la socialdemocracia y el fascismo eran "hermanos gemelos" y que las izquierdas socialistas eran "los peores enemigos", al propio tiempo que rechazaban el frente único obrero. Como se sabe, esa política incalificable había conducido al triunfo de Hitler en Alemania y había modificado la relación de fuerzas entre los movimientos reaccionarios y las organizaciones revolucionarias en Europa. El resultado en España no podía ser más catastrófico. Así las cosas, se imponía hacer frente al peligro fascista, agravado tras la victoria de la coalición Lerroux-Gil Robles, que constituía una grave amenaza para la propia República y para el movimiento obrero.


La Alianza Obrera, iniciativa del Bloque Obrero y Campesino, teorizada especialmente por Maurín, se impuso en seguida en Cataluña, se extendió a Asturias y a Valencia y acabó, gracias a Largo Caballero y a las Juventudes Socialistas, por establecerse en Madrid, aunque no llegó nunca a una coordinación a la escala peninsular. El Socialista de Madrid llegó a publicar un famoso editorial titulado "Cataluña a la cabeza" en el que se elogiaba el papel de la Alianza Obrera, pero el impulso unitario que tenía que dar Madrid no estuvo a la altura de las circunstancias. De ahí el fracaso de la revolución de Octubre, pese a la gesta de los mineros de Asturias y el esfuerzo de movilización de la Alianza Obrera de Cataluña. A este respecto, es el momento de recordar que la Alianza Obrera catalana declaró y mantuvo la huelga general y no pudo ir más lejos a causa de la capitulación de la Generalitat y de la neutralidad de la CNT.


De todos modos, la lucha de Octubre, en la que Maurín y Nin aparecieron como los principales dirigentes en la histórica asamblea de las organizaciones de la Alianza Obrera de Cataluña celebrada el día 4 en el Centro de Dependientes de Barcelona, condujo a una reflexión general sobre el frente único y a la necesidad de reunir en un solo partido a los marxistas revolucionarios. Se abrió muy pronto un interesante proceso de unificación. Los estalinistas quisieron eliminar en seguida a los trotskistas - las órdenes de Moscú habían llegado y se imponían de un modo imperativo- e iniciaron la táctica de absorber a las organizaciones más débiles, es decir, la Unió Socialista de Catalunya, la Federación catalana del PSOE y el pequeño Partit Catalá Proletari, cosa que lograron tras algunas dificultades. Así nació el PSUC, que no tardó en adherirse a la Internacional Comunista, error que descubrió la maniobra absorcionista, que, por cierto, había prevalecido ya en Madrid cuando Carrillo y sus amigos entregaron las Juventudes Socialistas al Partido Comunista y a Moscú.


Hacia la creación del POUM


El trabajo en el seno de la Alianza Obrera y las dificultades surgidas en el proceso de unificación marxista afianzaron las relaciones entre el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista y, personalmente, entre Maurín y Nin. Divergencias importantes separaban a los trotskistas españoles de Trotsky y de la organización internacional que éste animaba desde hacia dos años. Por otra parte, Nin, Andrade y sus amigos, que desde hacia tiempo se sentían incómodos como Oposición al PC y a la Internacional Comunista, no aceptaron lo que se llamó el viraje francés, es decir, la táctica de ingresar en los partidos socialistas con el fin de radicalizarlos o de crear en su seno fracciones revolucionarias. Y lo dijeron muy claro en su revista Comunismo: "De ninguna manera, por un utilitarismo circunstancial, podemos fundirnos en un conglomerado amorfo, llamado a romperse al primer contacto con la realidad"(15). Para ellos, había que orientarse hacia la creación de un partido revolucionario independiente.


Esta posición coincidía con las preocupaciones de Nin y de Maurín. Por una parte, Nin creía que se había perdido demasiado tiempo en el trabajo de "oposición" y, por otra, Maurín luchaba desde hacía tiempo por lo que en el BOC se llamó la "expansión peninsular" y consideraba que después de los abandonos de Arlandis y Sesé, de Jaume Miravitlles y del grupo Colomer, Ferrer, Estartús y Estivill (que hicieron luego experiencias catastróficas en el PSUC), el núcleo dirigente del BOC se había reducido peligrosamente. Maurín tenía mucha personalidad y mucha ambición. Quería estar al frente de un gran partido y jugar un papel histórico, (Eso se veía en sus libros y se sentía en ciertos momentos hablando con él), pero no pertenecía a ese tipo de hombres que prefieren rodearse de mediocres para destacar mejor como jefe.


En los años de su exilio en Nueva York fue entrevistado por diversos escritores interesados por el proceso revolucionario español. A los que le preguntaron sobre la formación del POUM no les dijo siempre lo mismo. Pero en más de una ocasión dio una versión parcial de su criterio en 1935. Al historiador Pierre Broué le contestó que "la fusión se hizo para reconquistar a Nin". Y también: "que quería recuperar a Nin, con quien había luchado desde 1921 a 1931" (16). Cosas parecidas le dijo también a Víctor Alba. A Maurín, como a muchos de nosotros, le conmovía el drama de Nin, que fue uno de sus mejores amigos durante largos años. Pero quiero dejar constancia de algo más. En el período comprendido entre enero-julio de 1936, tuve una relación bastante frecuente con Maurín a causa del problema de la reestructuración de la Juventud Comunista Ibérica después de la fusión y del proyecto de publicación de un periódico juvenil que el comité ejecutivo del POUM me había confiado. Había entonces compañeros que pensaban que no era indispensable una organización de jóvenes. Maurín y yo no compartíamos este criterio y queríamos una JCI fuerte y eficaz. De ahí, las múltiples conversaciones, que recuerdo bastante bien.


Una unificación firme y sincera

En aquella época, Maurín era diputado a Cortes, elegido el 16 de febrero en la candidatura del Frente de Izquierdas de Barcelona. Eso hizo que viajara mucho más a Madrid y fuera de Cataluña. En Madrid se ganó en seguida la simpatía de los militantes del POUM de la capital, que en su mayoría proceden de la Izquierda Comunista. Y lo mismo sucedió en Asturias, en Salamanca y en Galicia. Recuerdo que un día coincidí en su casa con José Comabella, destacado militante de Lérida. Maurín volvía entusiasmado de Galicia y nos abrumó explicándonos que el equipo de Luis Rastrollo (fusilado por los franquistas en 1936) era excelente y que se habían constituido secciones en Santiago, La Coruña y varias ciudades de las cuatro provincias. El POUM se desarrollaba rápidamente. Hablando en términos más generales, nos manifestó su satisfacción porque en Asturias se habían vuelto a encontrar en el POUM algunos de los fundadores del PC y dirigentes del Sindicato Minero. Por lo demás, ponía grandes esperanzas en la aportación de hombres como Juan Andrade, Loredo Aparicio o García Palacios. No recuerdo quién, en una reunión del comité central del BOC en la que se criticó bastante a Maurín, salió en su defensa subrayando el optimismo creador del secretario general. Ese optimismo todos lo veíamos, y Comabella y yo lo vimos aquella mañana en su casa de Barcelona. El proceso de unificación del POUM duró cerca de un año y se realizó sobre la base de un trabajo en común.


Después de la represión de Octubre, en cuanto pudo salir de nuevo La Batalla, primero en Valencia y luego en Barcelona, el periódico se convirtió en un poderoso elemento de unificación. En los números que aparecieron hasta el 19 de julio alternaban las firmas de Maurín y de Nin, de Juan Andrade y de Jordi Arquer, de José Luis Arenillas y Aquilino Moral, de Julián Gorkin y de Luis Portela, de Gironella y García Palacios, la de Ignacio Iglesias y la mía... Era un nuevo periódico, más rico y más denso, que reflejaba la fisonomía del nuevo partido. La unificación culminó en la reunión de Barcelona de septiembre de 1935, la publicación de las tesis elaboradas por Nin y Maurín y del folleto Qué es y qué quiere el POUM, que se editó en castellano y en catalán y tuvo una amplia difusión en toda la península (17).
Todo el mundo estimó natural que Maurín fuera el secretario general del POUM. Y, en primer lugar, el propio Nin. No sólo porque Maurín había sido el creador y el secretario general del Bloque, la organización más importante, sino también porque su nombre aseguraba mejor la continuidad de la tradición que partía del sindicalismo revolucionario y la revolución de Octubre y el comunismo. Nin había vivido cerca de diez años en la URSS y su nombre comportaba otro tipo de aportación: el internacionalismo militante y la experiencia de la URSS y del estalinismo. Los historiadores que han atribuido a Nin un lugar secundario se equivocan. Nin fue una especie de vicesecretario general, se le confió la dirección de La Nueva Era, revista que transformó en una tribuna teórica de alto valor. Más tarde, el ex-dirigente de la Internacional Sindical Roja pasó a ocupar la secretaría general de la Federación Obrera de Unidad Sindical (FOUS), que agrupaba a los sindicatos expulsados de la CNT por estar dirigidos por políticos, y estuvo siempre en el cuadro de oradores más solicitados del partido. Los que pudimos ver a Nin y Maurín trabajando juntos en el comité ejecutivo del POUM podemos asegurar que no hubo entre ellos divergencias esenciales y que su colaboración fue beneficiosa para todos, comenzando por ellos mismos. No hubo divergencias ni siquiera ante el problema de la participación en el Frente de Izquierdas de Cataluña, que triunfó en las elecciones del 16 de febrero de 1936, ni en la actitud ante la posición de Trotsky, que pasó de inclinarse ante la creación del POUM (18) a un ataque absurdo al conocer la formación del bloque electoral obrero-republicano con la intervención del POUM.

Maurín y Trotsky


Como era la época de la preparación psicológica de los procesos de Moscú, los estalinistas españoles iniciaron una campaña contra León Trotsky y contra el POUM. Fue Maurín el primero que les contestó en un artículo publicado el 1 de mayo de 1936 en La Batalla. En ese artículo, titulado "No soy trotskista, pero...", Maurín escribía: "Yo no soy trotskista. Trotsky me ha atacado más de una vez. Se puede adquirir actualmente un folleto de Trotsky sobre la revolución española en el que me ataca duramente. No estoy de acuerdo con la manera que ha utilizado Trotsky para plantear ciertos problemas, sobre todo en materia de organización. Pero estas divergencias con Trotsky no han oscurecido mi inteligencia -y yo soy inteligente- hasta el punto de hacerme negar lo que es la pura verdad y que voy a explicar... Trotsky ha sido, y es todavía, uno de los cerebros mejor organizados que ha producido el movimiento socialista. No solamente Trotsky no es un contrarrevolucionario, sino que ha sido y es aún uno de los revolucionarios más grandes que ha producido nunca el proletariado" (19). A decir verdad, Trotsky no fue tan generoso con el líder del POUM, aunque cuando se enteró de su desaparición, en agosto de 1936, manifestara su pesar y sus inquietudes (20). No ignoraba lo que Maurín representaba.


Los militantes del POUM procedentes del BOC acogieron muy bien a Nin, pese a que muchos de ellos ignoraran el papel que había desempeñado en la URSS en los tiempos de Lenin y Trotsky. Por lo demás, Nin no era un hombre vanidoso, no presumía de nada; era simplemente sencillo y cordial y había que arrancarle casi confidencias sobre lo que había sido y había vivido en sus años militantes en la Unión Soviética y en el movimiento obrero internacional.


En una carta a Víctor Alba fechada el 20 de noviembre de 1971, Joaquín Maurín recordaba aquel período y decía: "Nin era bueno y sincero. Su adhesión fue leal, noble... Creo que los diez meses que trabajamos juntos, se sintió políticamente feliz. Era eso lo que buscaba" (21). Desgraciadamente, ese período, aunque importante y rico en acontecimientos, fue muy breve. Pero no puede impedirnos establecer una conclusión. Franz Mehring, en su espléndida biografía de Karl Marx, describe brillantemente la "amistad sin igual" que unía a Marx y Engels en estos términos: "Cuando más se entretejían sus ideas y sus obras, más resaltaba la personalidad propia de cada uno de ellos" (22). Algo de eso pasó entre Maurín y Nin, tanto en los tiempos de colaboración fecunda (1920-1931 y 1934-1936), como en el breve período de ruptura (1931-1934). Maurín había previsto que 1936 sería el año crucial del proceso revolucionario. No se equivocó. Pero un viaje a Galicia le dejó en la zona franquista y supuso diez años de encarcelamiento y el fin de su vida militante. Andreu Nin tuvo que reemplazarle al frente del POUM en plena revolución y en plena guerra civil. Nin no había imaginado semejante situación. La ausencia de Maurín iba a imponerle tareas, responsabilidades y conflictos de todo tipo.


4.1936-1937: Nin sin Maurín

El 18 de julio de 1936, el comité ejecutivo del POUM organizó la resistencia a la insurrección militar-fascista desde el piso que tenía David Rey en el distrito V de Barcelona. Maurín estaba en Santiago de Compostela para asistir al pleno que iba a celebrar la organización gallega del POUM. En seguida se manifestaron algunas inquietudes al respecto y se discutió la oportunidad de su viaje. Los militantes se movilizaron e hicieron frente a los militares sublevados. Las luchas victoriosas de Barcelona determinaron el fracaso de todas las tentativas reaccionarias en Cataluña. La llama de la revolución surgió y se propagó como un reguero de pólvora. Antes mismo de que fuera constituido el Comité Central de Milicias, centenares de comités de todo tipo asumieron responsabilidades de poder en las ciudades y en los pueblos, las empresas y los propios cuarteles. Se inició sin espera la organización de milicias y la marcha hacia Zaragoza y Huesca, primeros objetivos de la lucha. El fracaso de los militares en Madrid, Valencia, Bilbao, Málaga y otras ciudades importantes y su victoria en Sevilla, Zaragoza, Córdoba, Oviedo, Valladolid, Salamanca y demás crearon las condiciones de una guerra civil revolucionaria.


Nadie estaba mejor preparado políticamente para una situación de esa naturaleza que el POUM. Ahora bien, hacia fines de julio, al hacer el balance de la situación y de la relación de fuerzas en España y en el movimiento obrero en plena ofensiva, no quedaba otro remedio que registrar dos hechos: el POUM, partido de reciente formación y con problemas de integración en su seno, era relativamente importante en Cataluña y en Valencia, pero pesaba poco en Madrid y en muchos otros lugares de la península. Para colmo de males, el levantamiento militar se había impuesto en Galicia, Extremadura, Sevilla, Salamanca, Pamplona, lugares en donde el POUM se estaba desarrollando y poseía cuadros valiosos. Por otra parte, el carácter democrático del partido y la excesiva autonomía de algunas de sus secciones locales hacía sumamente difícil evitar que los militantes marcharan desordenadamente al frente y lograr una reestructuración y una mejor distribución de los medios materiales y de los hombres.


La ausencia de Maurín



La ausencia de Maurín resultó desastrosa para el POUM y para el propio Nin. Algunos militantes reaccionaron diciendo "ahora se va a ver que hay un gran partido", como afirmó Jordi Arquer en una ocasión. Pese a ello, cuando hubo que afrontar situaciones graves, como durante las Jornadas de Mayo de 1937 o la represión estalinista contra el POUM, muchos pensaron que si Maurín hubiera estado presente, las cosas podían haberse desarrollado de un modo distinto. En cambio, Maurín, para quien su odisea fue una terrible frustración, pensaba que su presencia en Barcelona al frente del partido no hubiera permitido que las cosas siguiesen un curso diferente. Por lo menos, eso es lo que nos dijo en varias ocasiones, en Madrid a comienzos de 1947 (23), poco después de su liberación, y en París algunos meses después. Pero, de todos modos, no hay que olvidar que no le gustaba hacer críticas de las duras luchas que habían tenido que librar sus compañeros en los años 1936-39.


No se trata ahora de entrar en un análisis de la política del POUM durante la revolución y la guerra civil, puesto que el tema que tratamos es la relación Maurín-Nin en los años en que trabajaron juntos o mantuvieron una relación política y personal a distancia. Ni tampoco de entregarnos al juego fácil y fútil de las comparaciones entre Nin y Maurín, como lo han hecho algunos en diversas circunstancias. Como todo el mundo, Nin y Maurín tenían sus cualidades y sus defectos. Los dos eran buenos oradores y excelentes conferenciantes. Los dos fueron periodistas brillantes. Los dos escribieron libros diferentes: Nin se consagró especialmente a la información y a la divulgación sobre el marxismo y el movimiento obrero internacional, sin duda porque le marcó bastante su estancia en la URSS y su trabajo en la ISR. Maurín, a causa quizás de sus años de encarcelamiento y su corto exilio en París, se preocupó mucho más por la historia económica y social de España y por la estrategia política del movimiento obrero de nuestro país. Pero ambos fueron militantes profundamente internacionalistas, dieron pruebas de una abnegación sin límites y aportaron valores importantes al acervo común del socialismo en España. Y dicho esto, es preciso añadir que en el período de la Alianza Obrera y del POUM, Nin y Maurín mostraron que se complementaban y que juntos aparecían revalorizados. Esa fue la impresión que tuvimos al menos muchos de los que pudimos trabajar con ellos.


Creo que, en el fondo, quien más sintió la ausencia de Maurín fue el propio Nin. El fue el que un día propuso que en el mitin que se iba a celebrar el 6 de septiembre en el Gran Price, se enviara un saludo público a Maurín, allí "donde se encuentre". Y ese saludo bien sentido lo pronunció él mismo (24). Fue también Nin uno de los que se sintió más abatido el día en que Jeanne Maurín nos comunicó que había recibido una tarjeta de su marido, enviada a Francia desde La Coruña, que tenía el acento de un mensaje de despedida. Por suerte, Maurín vivía e intentaba llegar a nuestra zona. Su aventura no le condujo a Francia y a Barcelona, sino a convertirse en preso de Estado en la cárcel de Salamanca, donde le protegió una acción internacional importante. Al igual que otros, no pudo ser canjeado por presos franquistas en nuestro campo porque los estalinistas se opusieron a ello. Fue una parte de su lucha contra el POUM.


Cuando se confirmó la ausencia de Maurín, Nin fue nombrado secretario político (no secretario general, por consideración a Maurín, pero también porque el secretario general tenía que ser elegido en un congreso). Luego, el CE cooptó a Julián Gorkin y a Juan Andrade, que normalmente residían en Valencia y Madrid respectivamente. Ambos eran miembros del comité central. Pero la ausencia de Maurín y las primeras dificultades del Partido (entrada y salida de Nin del Consejo de la Generalitat, el fracaso de la incorporación de la FOUS a la UGT, la ofensiva estalinista contra la sección de Madrid y el comienzo de la campaña de calumnias por parte de los dirigentes del PSUC y del PCE) minaron la confianza en el equipo dirigente y facilitaron la mitificación de Maurín. Las críticas, tanto las de Trotsky y sus amigos como las de los militantes del POUM, confluyeron sobre Nin. Había que tener mucho coraje entonces para denunciar los procesos de Moscú y la política de sus agentes en España. Un militante tan inteligente y experimentado como Luis Portela protestaba desde El Comunista de Valencia porque se atacaba a la URSS en La Batalla. Claro, era más cómodo callarse ante el chantaje de la ayuda soviética, como lo hacían los socialistas o los anarquistas. Aunque esto no les sirvió de nada.


A partir de un cierto momento, la adaptación a la política que iban imponiendo los estalinistas en función de la estrategia de Moscú desnaturalizaba la revolución y comprometía la victoria sobre Franco. El POUM no podía prestarse a eso. Tenía otra concepción de la revolución y de la guerra, del movimiento obrero y del partido, de la democracia socialista y del socialismo. Como escribió después Juan Andrade, "la actuación y la influencia del POUM minaba las fuerzas del estalinismo no sólo en España, sino en el movimiento obrero mundial, daba esperanzas internacionalmente a las tendencias revolucionarias antiestalinistas y fomentaba la creación y el desarrollo de nuevas corrientes de revalorización del pensamiento socialista después de la práctica rusa" (25).

Por eso mismo, Stalin y su aparato se propusieron destruir al POUM y emplearon los métodos más infames para lograrlo. En el film Operación Nikolai, el alto funcionario del KGB que presenta los "papeles de Nin" dice que lo del POUM fue "un caso único en aquella época". Y eso es lo que piensan también algunos de los jóvenes historiadores soviéticos que han realizado estudios sobre la intervención de Stalin en España.


Las responsabilidades de Nin

En ausencia de Maurín, Nin tuvo que asumir responsabilidades que quizás no deseaba. Se hubiera sentido mejor con Maurín. Mas hay que reconocer que las asumió hasta el fin y que algunos de sus camaradas no fueron justos con él. Entre otras razones porque no comprendieron que en el proceso revolucionario español había un factor que lo complicaba todo: el fenómeno del estalinismo. En julio y agosto de 1936, Trotsky y Víctor Serge, pensando en los esquemas y errores rusos, insistieron en que el POUM tenía que prestar una atención especial al movimiento anarquista y colaborar con él. En cambio, ellos mismos, con toda su experiencia del estalinismo, no se dieron cuenta de que la intervención de Stalin y la política impuesta al Partido Comunista desde Moscú introducía un factor nuevo, que no se había producido en la revolución de Octubre: la presencia de un Estado y de unas fuerzas que tenían por objeto desviar el proceso revolucionario, subordinarlo a la estrategia de Moscú e imponer su hegemonía en España, eliminando o destruyendo a los que se oponían a sus designios. Era el ensayo de la democracia popular, que después de la segunda guerra mundial iba a imponerse en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Alemania del Este,etc. con las consecuencias que todos conocemos hoy.




Naturalmente, todo esto se comprende mejor ahora, a la luz de la experiencia global del estalinismo, del naufragio de la URSS y del fin de las democracias populares del Este de Europa. Y se verá todavía más claro cuando los archivos secretos de Moscú nos aporten todos los elementos para el análisis completo de la intervención de Stalin en la revolución y en la guerra civil españolas, de las terribles represiones que destruyeron el partido de Lenin, del pacto germano-soviético y de tantas otras cosas todavía oscuras.


La revalorización del POUM y de Andreu Nin es ahora algo evidente en medio de la grave crisis en que se debate el movimiento obrero internacional y todas las fuerzas que no han renunciado a los valores y a las esperanzas del socialismo. Mas es preciso que se efectúe en condiciones sanas, sin prejuicios y sin mitificaciones. Años atrás, por razones políticas mediocres o para aparecer como originales o inconformistas, algunos pretendieron "desmitificar a Nin". Tarea absurda, puesto que no ha habido nunca ningún mito, sino una gran tragedia -más terrible que las de Rosa Luxemburgo (26) y Giacomo Matteoti (27) -que ha sido al fin desvelada. Nin no era ni "un alto funcionario", ni "un intelectual frustrado", ni mucho menos un "burócrata". Es triste que se haya podido decir todo eso. Era un periodista, un escritor y un militante revolucionario. Su vida y su obra -que se terminaron cuando sólo tenía 45 años pueden ser discutidas, pero imponen consideración y respeto y excluyen la frivolidad y la perfidia. Su resistencia ante los verdugos que le torturaron y asesinaron -y hoy los conocemos a casi todos- fue un acto político y moral. Quiso salvar el honor revolucionario del POUM y de los compañeros de Lenin destruidos por Stalin y demostrar que el socialismo era radicalmente incompatible con la mentira, la violencia que degrada la condición humana y el terror.


Notas de la Fundación Andreu Nin
(1) Joaquín Maurín, "Hombres e Historia: la derrota", en España Libre, Nueva York, 3 de junio de 1960.
Juaquin Maurin  Hombres e historia (2) La CNT y la III Internacional


 (2) Gastón Leval (1895-1978): antimilitarista y anarquista francés, durante la primera guerra mundial se refugió en España, entrando en contacto con grupos libertarios y colaborando en Tierra y Libertad. En 1921 formó parte de la delegación de la CNT en el congreso constituyente de la ISR, mostrándose muy crítico con el régimen bolchevique. Vivió en Argentina a partir de 1924, aunque regresó a España durante la revolución y guerra civil. Al regresar a Francia en 1937 fue condenado como prófugo, aunque consiguió huir durante la invasión alemana. Desde 1955 hasta su muerte animó la publicación de los Cuadernos del Socialismo Libertario.
 (3) Ensayo incluido como apéndice en el libro de Joaquín Maurín Revolución y contrarrevolución en España, París, Ruedo Ibérico, 1966, p.256.
(4)Víctor Serge, prefacio de Révolution et contre-révolution en Espagne, de Joaquín Maurín, Paris, Editions Rieder, 1937.
(5) Ver La Batalla de los años 1922-1924.
 (6) Joaquín Maurín, o.c., p.266.
(7) Joaquín Maurín, o.c., p.267.
(8) Víctor Serge, prefacio a Révolution et contre-révolution en Espagne, o.c.

Prefacio a la revolución y la revolución contra España J. Maurin
Victor Serge



(9) Carta publicada por Pierre Broué en Cahiers León Trotsky y reproducida por L'Avenç en febrero de 1993.

(10) Boris Souvarine (1893-1984): escritor ruso afincado en Francia desde joven. Fue uno de los fundadores del PCF y el único delegado extranjero que en el XIII congreso del PC ruso (1924) defendió a Trotsky, por lo que fue expulsado del PCF. Animó la publicación Bulletin Communiste defensora de las ideas de la Oposición de Izquierda hasta su ruptura con Trotsky en 1929. Fue uno de los primeros biografos críticos de Stalin. Posteriormente participó en la creación de diversos grupos políticos (Círculo Marx-Lenin y, finalmente en ruptura con el leninismo, el Círculo Comunista Democrático). Publicó importantes trabajos sobre la URSS.
(11) "Extraits de la correspondance entre Trotsky et Nin" (1930-1932), La Révolution espagnole, suplemento de Études Marxistés nº 7-8, París, 1969.
 (12) Fondo Wilebaldo Solano. Centre d'Estudis Historics Internacionals de la Universidad de Barcelona.
 (13) Carta de Nin a Trotsky, La Révolution Espagnole, o.c., p.82.
 (14) Se trata del ensayo biográfico "Vida, obra y muerte de Andreu Nin", incluido en el libro El POUM en la historia.
 (15) Comunismo, revista teórica de la Izquierda Comunista, septiembre de 1934.
(16) Carta de Joaquín Maurín a Pierre Broué, 18 de mayo de 1972.
 (17) Se empezó a distribuir en marzo de 1936 por La Batalla. Se reeditó como suplemento, también de La Batalla, en 1972 (está incluido en la recopilación de Víctor Alba La revolución española en la práctica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, pp.29 y ss.)

Víctor Alba. La revolución española en la práctica. Documentos del POUM



Qué es y qué quiere el Partido Obrero de Unificación Marxista




(18) En una carta a Jean Rous, miembro del Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda, Leon Trotsky escribía, según la versión de Rous: "El nuevo partido ha sido proclamado. Tomamos acta. En la medida en que esto pueda depender del factor internacional, debemos hacer todo lo posible para hacer ganar autoridad y poderío a este partido. Esto no es posible más que por medio del marxismo consecuente e intransigente. Yo estoy dispuesto a seguir este camino y estoy seguro de la colaboración de todos los camaradas del Secretariado Internacional en todo lo que se nos pida" (informe elaborado por Jean Rous sobre la fusión del BOC y de la ICE, incluido en L.Trotsky, La revolución española, volumen 2, Barcelona, Editorial Fontanella, 1977, p.370).

(19) Joaquín Maurín, "No soy trotskysta pero..." (incluido en L. Trotsky, La revolución española, volumen 2, o.c., p.491-494).

(20) Carta de León Trotsky a Jean Rous, 16 de agosto de 1936, incluida en L.Trotsky, o.c., p.65. Esta carta fue interceptada por la policía de Mussolini y no la llegó a leer Nin. Fue descubierta muchos años después. Se incluye en el apéndice documental del libro. También se incluye una carta de 3 de octubre de 1936 de León Trotsky a Andreu Nin sobre la supuesta muerte de Maurín.
(21) Víctor Alba, carta incluida en Andreu Nin, Barcelona, Editorial Portic, 1974.
(22) Franz Mehring, Carlos Marx, Barcelona, Grijalbo, 1971, 4ª ed., p.241.
(23) Conversaciones de J. Maurín con W. Solano, enero de 1947 en Madrid.
(24) Intervención de A.Nin en el Gran Price de Barcelona el 6 de septiembre de 1936, publicada inicialmente en La Batalla del día 8 y posteriormente editada como folleto por Editorial Marxista en septiembre de 1936 (la versión publicada en La Batalla se puede consultar en la antología de Nin Por la unificación marxista, Madrid, Castellote editor, 1977, p.525).


 (25) Juan Andrade en su prefacio al libro Los problemas de la Revolución Española, de Andrés Nin. París, Ruedo Ibérico,1971, p.10.
(26) Rosa Luxemburgo (1870-1919), la gran dirigente revolucionaria y gran figura teórica del socialismo alemán, se opuso al voto de los créditos de guerra por parte de la socialdemocracia alemana en 1914 y, junto a Karl Liebknecht, fundó la Liga Espartaquista, partido adversario de la guerra mundial, calificada de imperialista. En 1918 participó en la creación del KPD (Partido Comunista de Alemania), que organizó la insurrección armada de Berlín en 1919. Pese a no estar de acuerdo con la insurrección, Rosa Luxemburgo se unió a ella. Arrestada por los cuerpos libres que dependían de autoridades socialdemócratas, fue asesinada.
(27) Giacomo Mateotti (1885-1924), dirigente socialista italiano, que denunció en el parlamento las coacciones de los fascistas en las elecciones de abril de 1924. El 10 de junio de 1924 fue asesinado por una escuadra de camisas negras. Este crimen político, que implicó a altos responsables del gobierno de Mussolini, causo un hondo impacto, y fue la señal del inicio de la persecución sistemática de los opositores políticos en la Italia fascista y de la consolidación de un sistema totalitario.





Andreu Nin y Joaquín Maurín


El 16 de junio se cumple el 75 aniversario del secuestro de Andreu Nin en Barcelona y su posterior asesinato por agentes estalinistas. Con este motivo, la Fundación que lleva su nombre ha organizado una serie de actos el 9 de junio ante el Palau de la Virreina de Barcelona y el 16 de junio en Tabacalera y el Ateneo de Madrid (www.fundanin.org), en un homenaje al que queremos sumarnos con este texto del que fue su compañero Wilebaldo Solano (1916-2010) sobre los dos principales dirigentes del POUM, que corresponde a la ponencia presentada con motivo de la celebración del centenario de Andreu Nin en la Universidad de Barcelona en octubre de 1993.



España, primer ensayo de democracia popular



La Nueva Era. Antología de una revista revolucionaria. 1930-36
Sumario





Polémica Joaquín Maurín y Santiago Carrillo: Problemas de la unificación marxista revolucionaria 1933-1935




Verdades elementales. Andreu Nin Por la unificación marxista



Polémica Joaquín Maurín y Santiago Carrillo: Problemas de la unificación marxista revolucionaria 1933-1935




SANTIAGO CARRILLO Y JOAQUÍN MAURÍN: POLÉMICA SOBRE LA UNIFICACIÓN MARXISTA



HACIA LA UNIFICACIÓN MARXISTA
Andrew Durgan



LEON TROTSKY.  LA TRAICIÓN DEL "PARTIDO OBRERO DE UNIFICACIÓN MARXISTA" ESPAÑOL[1]  (22 enero 1936)


León Trotsky.  LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA  (1930-1939)





Escritos de  LEON TROTSKY



Juan Andrade El marxismo y los problemas de la revolución española. Lenin y el Leninismo




Escritos de Andreu Nin y Joaquín Maurín durante la II República. ¿Revolución democrático-burguesa o revolución democrático-socialista?






EL POUM EN LA HISTORIA


LA SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA DEL POUM
WILEBALDO SOLANO





Andreu Nin  1892 - 1937


En inglés

Andrés Nin 1892-1937




Joaquín Maurín. Hacia la segunda revolución

Primera vez publicado: Barcelona, Gráficas Alfa, 1935.

Revisado por el autor para la reedición de 1966, con el título 
Revolución y contrarrevolución en España (Paris, Ruedo Ibérico).


Archivo de obras de Joaquín Maurín (1896-1973)


1919 fecha histórica de las conquistas de la lucha de la clase obrera en España. La jornada de 8 horas y el Retiro Obrero. Las contrarreformas laborales durante el gobierno de Adolfo Suárez González, los gobiernos de Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy Brey




Adreu Nin Un revolucionario en el recuerdo



A cerca de Andrés Nin (correspondencia y discusiones, 1930-37)


Correspondencia con la Oposición de Izquierda



Victor Serge 1890 - 1947



Víctor Serge



Victor Serge 1890-1947



VICTOR SERGE (1890-1947)







Archivo para la 'revolución española' Categoría



Documentos (todos los idiomas)



Cuadernos Léon Trotsky
El Cahiers Léon Trotsky se publicaron desde 1979 hasta 2003 por Léon Trotsky Instituto, fundado en 1977 por Pierre Broué